La violencia en las redes sociales se está convirtiendo en una suerte de "masa ocupante" tumoral y maligna que genera fascinación y adhesión en millones de personas. Y ¿saben qué? esa violencia se está ritualizando. Y los rituales culturales negativos son difíciles de extirpar hasta para el mejor cirujano. La violencia directa, tal cual se practicaba y exhibía en otras épocas de la historia de la humanidad, se ha transformado en una suerte de sustancia invisible, aparentemente menos letal, pero no.
Antes, la crueldad y la violencia, se mostraban: los linchamientos se hacían a la vista de todos. Los gladiadores y los verdugos mataban y morían públicamente. En la actualidad la violencia directa, si bien existe, claro, quedó relegada solo a grupos de fanáticos en diferentes ámbitos. Ahora la violencia es predominantemente virtual, más invisible y anónima. A tal punto "no se ve" que creemos que no es tan grave.
El Magma incandescente de violencia
Estamos frente un magma incandescente que arrasa con las mejores virtudes humanas. La agresión, la violencia, atraen, producen un enorme magnetismo. La crueldad convoca: para muchas personas representa un campo de disfrute erótico consumir o sembrar la denigración del otro, la descalificación, el maltrato. Ustedes fíjense por ejemplo en Twitter: lo que más hace traccionar esa red son las contiendas entre personajes, los insultos o cualquier cosa en donde haya una dosis de crueldad y desprecio o ciberbullying hacia algún otro.
Lo traumático
Señores: los psicólogos tenemos que ponernos a escribir sobre lo que yo llamo "los traumatizados virtuales". Es que la fuerza traumática de lo VIRTUAL genera efectos REALES en la autoestima y en la vida de decenas de miles de personas.
En ese particular mundo, el virtual, en donde todos tenemos un "representante", cualquier situación puede gatillar la violencia más insólita y comenzar a reproducirse y a avanzar hasta niveles que rozan lo absurdo: se encienden las mechas y arranca el contagio irrefrenable e irracional entre esa masa virtual. Masa sin conducción, sin líder, caótica.
Es claro que algunos ataques virtuales están organizados, pero no son los casos predominantes. El magma de odio que corre por la ladera del volcán es el caos, es la anarquía, es la falta de ley. El asunto es que hay millones de personas detrás de sus dispositivos tecnológicos, llenos de odio, o simplemente personas con muchas frustraciones o agresividad retenida. Y las redes son un lugar de descarga directa, inmediata y fácil para descargar esa violencia ansiógena encapsulada. O simplemente personas que no puede resolver la agresión constitutiva que todo ser humano tiene dentro de sí.
El contagio del odio
El punto es que la violencia se empieza a contagiar y derramar, y se trasforma en esa lava incandescente que se sale de control. Y más…y más: y todos quieren aportar su grano de crueldad, su acto de envidia, de odio, de desprecio, sobre la nueva víctima. Y comienzan a desaparecer todas las formas de regulación que aporta el famoso "contrato social" del que tanto nos hablaba el amigo Jean Jacques Rousseau, entre otros.
Allí, en lo virtual, en la euforia erótica del maltrato colectivo…vale todo, ese contrato no está, y como ya es -insisto- casi un ritual, eso complejiza más el asunto.
El anonimato, o los millones de sujetos escondidos desde sus "álter ego", la inexistencia del otro real, da piedra libre para la búsqueda de la destrucción, porque, en las fantasías de cada agresor el fin es la eliminación de ese otro, de ese enemigo: sólo la muerte alivia el "alma" de la persona tomada por el odio (siempre proyectivo) pues eliminando a ese enemigo, es que me exorcizo de mis miserias colocadas en ese otro. Vía ese mecanismo proyectivo, eliminando al otro, me alivio de mis miserias. Lo virtual ES nosotros. Allí lo mejor y peor de nuestra especie.
Lastimar: una pasión
El odio, aún más la envida (que son dos pasiones) son los sentimientos de los cuales más se alimenta esa "masa ocupante tumoral" que está copando la parada en el mundo virtual. La envidia es el sentimiento más oscuro y parasitario (vampírico) que puede experimentar el ser humano. Nos consume hermosa energía psíquica, y no nos aporta…de nada. Bueno, me corrijo: aportan cierta satisfacción destructiva, cierto "alivio" cuando se descargan, pero a costa en empobrecernos como seres humanos. Destruir, atacar al otro, descalificar, da placer: ese es el punto. Por eso es tan difícil "extirpar" ese tumor de las redes…y del mundo real también.
Si la crueldad no diera algún tipo de placer a los seres humanos, el mundo sería un lugar sin violencia. Podemos tener diferencias con mucha gente, incluso tener un profundo rechazo por ciertos personajes. Pero el asunto es la cobardía de elegir el mundo virtual para expresar esas diferencias y, por supuesto, el modo en como uno las expresa, y muchas veces de manera anónima, peor aún.
¿Qué hacer?
Como cualquiera de ustedes, cierta vez respondí a alguna agresión, no lo cuestiono si es algo aislado y si uno no está "tomado" por el enojo (no podemos enojarnos de verdad con los agresores anónimos) pero no recomiendo hacerlo. Quien escribe, bloquea directamente, y jamás volví a responder un misil anónimo. Es gastar "pólvora en chimangos"…como dicen por ahí.
Lo importante es que no nos tomemos realmente en serio todo lo que allí pasa, y que intentemos, cada día, aportar algo positivo a las redes: la mejor manera de hacer la paz y combatir la violencia, es usar las redes para generar contenido que aporte: reflexiones, ideas, homenajes, etc.
El mundo está complicado con el tema de la crueldad; negarlo es entrar en un optimismo ridículo, baldosa en la cual, al menos yo, no me puedo parar. Pero se puede ser alguien que critica y que construye, y no que reproduce la locura. Entre todos, cada día, podemos hacer un mundo mejor. Con acciones, con ayuda a otros, tratando bien, comprometiéndonos con la paz, con las buenas formas. Ese es el mejor de todos los caminos, y las redes, lo virtual, son ese nuevo universo en donde podemos aportar algo bueno.
Por Gervasio Díaz Castelli
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