¿Has notado cambios en el lugar en el que vives? Quizá ahora hay más centros comerciales, oficinas y menos vegetación. Esa sensación de pérdida tiene nombre: solostalgia, el malestar emocional que surge cuando el entorno se transforma de manera negativa sin que la persona tenga que abandonarlo. El concepto lo retoma José Ángel Gutiérrez Piña, psicoterapeuta de la Universidad Iberoamericana, en el marco del Día Internacional contra el Cambio Climático, que se conmemora este 24 de octubre.
A diferencia de la nostalgia tradicional —que aparece cuando alguien extraña un sitio que dejó atrás—, la solastalgia se presenta mientras la persona continúa habitando un espacio que ya no reconoce como antes. Las altas temperaturas, los cambios en el paisaje y la escasez de agua detonan sensaciones de pérdida, incertidumbre y falta de control sobre el futuro.
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El calor extremo afecta el descanso y la concentración
Gutiérrez Piña explicó al medio universitario que los efectos del cambio climático no se limitan al plano emocional. El calor extremo también incide en el descanso, incrementa el cansancio y dificulta procesos como la concentración y la toma de decisiones.
Entre los síntomas asociados a este padecimiento destacan:
- Estrés e irritabilidad ante fenómenos como inundaciones o incendios.
- Miedo y tristeza derivados de la exposición a desastres climáticos.
- Incertidumbre constante sobre el futuro del entorno habitado.
- Sensación de impotencia o culpa por contribuir, incluso sin intención, a la contaminación.
Las juventudes no son “generación de cristal”, según el especialista
El psicoterapeuta de la IBERO cuestiona la idea de que las personas que pertenecen a las nuevas generaciones nombradas como “Generación Z” son demasiado sensibles. Sostiene que, en realidad, enfrentan condiciones que antes no existían con la misma intensidad, y que el acceso a la información les permite identificar problemas ambientales y buscar maneras concretas de participar.
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“Creo que también los jóvenes ven la forma en la cual alzar la voz o ver la manera de mejorar ese futuro que se les avecina”, señala Gutiérrez Piña.
Para el especialista, reducir estas inquietudes a la etiqueta de “generación de cristal” ignora que responden a transformaciones reales del entorno. En algunos casos, agrega, la ansiedad climática funciona como motor para la acción colectiva, no solo como fuente de malestar.
Un ejemplo de esta situación y que se encuentra relacionado con otros aspectos políticos y socioculturales que enfrenta México son las megamarchas convocadas en Guadalajara, donde personas de distintas edades protestaron para exigirle al gobierno solucionar la falta de agua potable. A esta movilización se suman muchos otros ejemplos relacionados con la preocupación de que aumenten proyectos de urbanización y se ponga en peligro a la población y al medio ambiente.
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La ansiedad climática también impulsa la organización juvenil
La preocupación por el planeta no siempre conduce a la resignación. Gutiérrez Piña destaca que también puede llevar a jóvenes a informarse, sumarse a causas colectivas y exigir mejores condiciones para su futuro.
El experto advierte, además, que la solastalgia no es el único factor de incertidumbre para esta generación. Las condiciones económicas y sociales actuales —como las dificultades para adquirir una vivienda o formar una familia— se suman a la preocupación ambiental como fuentes de presión psicológica.
Las comunidades vulnerables enfrentan mayor riesgo climático
Los efectos del cambio climático no se distribuyen de forma uniforme. Las comunidades con menos recursos, las personas que dependen de la agricultura y quienes habitan zonas de riesgo enfrentan más dificultades para recuperarse de los fenómenos climáticos extremos.
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Gutiérrez Piña insiste en que una clave para abordar la solastalgia es evitar minimizar o ridiculizar las emociones de las juventudes. Propone construir espacios de diálogo donde la experiencia de generaciones mayores se combine con las nuevas formas de informarse y actuar de los jóvenes.
Validar estas emociones, reconocer sus causas y escuchar las preocupaciones juveniles, son, según el especialista de la Universidad Iberoamericana, pasos necesarios para enfrentar la incertidumbre que acompaña a la crisis ambiental.
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