Los ojos amarillos, el abdomen inflamado y el aumento rápido de talla pueden advertir un daño avanzado por hígado graso, una enfermedad que suele avanzar sin dolor ni cambios físicos visibles durante años.
La acumulación de grasa puede pasar de una fase inicial silenciosa a fibrosis y cirrosis, con líquido en el vientre e insuficiencia hepática. Este cuadro cobra atención tras las versiones sobre la salud de Aldo Rendón, quien ha hablado de antecedentes de consumo excesivo de alcohol y problemas en el hígado.
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La ictericia, que da una tonalidad amarilla a la piel y a la parte blanca de los ojos, requiere valoración médica. No confirma por sí sola hígado graso ni permite establecer un diagnóstico a distancia, pero puede aparecer cuando el hígado tiene dificultades para procesar la bilirrubina.
El estilista Aldo Rendón ha relatado que enfrentó una hospitalización alrededor de 2010 tras un periodo de consumo excesivo de alcohol. También ha hablado de anemia, queratocono, gota y sordera congénita en el oído izquierdo. Días antes de abandonar un reality, compañeros habrían notado una coloración amarilla en sus ojos y piel.
El hígado graso inicia sin inflamación visible en el abdomen
La primera etapa es la esteatosis hepática, conocida de forma común como hígado graso. Ocurre cuando se acumula grasa en las células del hígado. En este periodo, el abdomen suele lucir normal: no hay hinchazón, dolor localizado ni cambios en el tamaño de la cintura atribuibles al órgano.
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Especialistas del IMSS y del INCMNSZ señalan que muchas personas descubren el padecimiento durante un ultrasonido solicitado por otra causa. El hallazgo no suele surgir porque el paciente detecte una alteración en el abdomen.
En algunos casos aparece una sensación vaga de pesadez en la parte superior derecha del vientre. Es una molestia poco específica que puede confundirse con indigestión, gases u otros trastornos digestivos.
Durante esta fase, el abdomen suele ser blando y no presenta dolor a la palpación. La falta de señales externas puede retrasar los estudios médicos, en especial entre personas con obesidad, diabetes, alteraciones de colesterol o triglicéridos y consumo frecuente de alcohol.
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La esteatohepatitis puede causar plenitud y molestias después de comer
La segunda etapa ocurre cuando la grasa acumulada se asocia con inflamación y lesión de las células hepáticas. Este proceso se conoce como esteatohepatitis y puede tener relación con alcohol o con factores metabólicos, como exceso de peso y resistencia a la insulina.
El abdomen todavía puede no mostrar una alteración evidente. Algunas personas presentan sensación de llenura después de comer, incomodidad difusa o una distensión leve. Estos síntomas tampoco permiten confirmar que exista una enfermedad hepática.
El INCMNSZ advierte que la evolución puede mantenerse silenciosa. Una persona puede atribuir los cambios a la alimentación y posponer una consulta, aunque el hígado ya presente inflamación.
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Los estudios de sangre, el ultrasonido y otros métodos de imagen ayudan a detectar alteraciones. El seguimiento médico permite identificar si hay acumulación de grasa, inflamación o señales de daño que requieran cambios en la alimentación, peso corporal, consumo de alcohol y control de enfermedades metabólicas.
La fibrosis endurece el hígado sin que el abdomen siempre lo revele
La tercera etapa es la fibrosis. Aparece cuando el hígado forma tejido cicatricial como respuesta a una lesión mantenida. El órgano puede perder parte de su elasticidad y capacidad de cumplir sus funciones.
Una persona con fibrosis puede seguir sin tener un abdomen inflamado. La apariencia física del vientre no basta para saber si el daño avanzó. Por esa razón, los especialistas recomiendan vigilancia en quienes viven con diabetes, obesidad, hipertensión, colesterol elevado o antecedentes de consumo excesivo de alcohol.
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La fibrosis puede avanzar durante años sin síntomas claros. El cansancio, la debilidad o el malestar abdominal son señales inespecíficas. La ausencia de dolor no descarta que exista un problema hepático.
Los médicos pueden solicitar pruebas para valorar la función del órgano y determinar si ya hay cicatrización. Detectar esta fase permite intervenir antes de que el daño progrese a cirrosis y se presenten complicaciones visibles.
La cirrosis causa ascitis, abdomen globoso y ojos amarillos
La cuarta etapa es la cirrosis, cuando el tejido cicatricial altera de forma extensa la estructura y la función del hígado. En este momento pueden presentarse cambios físicos que no aparecieron durante las fases previas.
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El dato abdominal más notorio es la ascitis: acumulación de líquido dentro de la cavidad abdominal. El vientre aumenta de tamaño, la piel puede tensarse y adquirir una apariencia brillante. El ombligo puede sobresalir por la presión interna.
El IMSS explica que, en cuadros graves, aparecen venas dilatadas sobre la piel del abdomen. Este cambio se relaciona con hipertensión portal, un aumento de presión en los vasos que llevan sangre al hígado.
La ascitis puede provocar una sensación intensa de pesadez, dificultad para respirar y un crecimiento rápido del perímetro abdominal. La ropa comienza a apretar en la cintura y la hinchazón no desaparece con reposo.
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La Sociedad Americana para el Estudio de las Enfermedades del Hígado señala que el abdomen con líquido puede acompañarse de ictericia, picazón, moretones frecuentes, pérdida de masa muscular y debilidad general. También pueden surgir arañas vasculares en la piel y enrojecimiento de las palmas.
IMSS e INCMNSZ piden atender cambios repentinos en el vientre
Un abdomen inflamado no siempre se debe a hígado graso. Puede relacionarse con trastornos digestivos, retención de líquidos, infecciones, problemas cardiacos, renales o enfermedades de otros órganos. La valoración clínica permite distinguir la causa.
La atención médica debe ser inmediata si el aumento del abdomen es rápido o se acompaña de ojos amarillos, piel amarilla, falta de aire, confusión, sangrado, vómito con sangre, heces negras, fiebre o dolor intenso.
Las personas con obesidad, diabetes, consumo de alcohol o antecedentes de enfermedad hepática deben consultar ante cualquier cambio sin explicación en el tamaño o forma del abdomen. El ultrasonido y los análisis médicos permiten detectar el hígado graso antes de que aparezcan los signos de daño avanzado.
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