Las células T reguladoras —conocidas como Treg— son el freno natural del sistema inmune: un subgrupo de linfocitos, es decir, de los glóbulos blancos que defienden al organismo de infecciones, capaz de evitar que el cuerpo se ataque a sí mismo.
Un artículo publicado en Ciencia UNAM documenta cómo estas células podrían usarse para tratar el lupus eritematoso, la leucemia linfoblástica aguda y el rechazo de trasplantes.
En 2023, su aplicación en niños con leucemia redujo la necesidad de inmunosupresores, según sus autoras Miriam Alejandra Bravo Martínez y Laura Virginia Adalid Peralta.
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Las células Treg equilibran el sistema inmune y frenan la inflamación con señales químicas
Las células Treg son un tipo especializado de glóbulos blancos cuya tarea es mantener el equilibrio del sistema inmune. Sin ellas, la respuesta inflamatoria puede volverse excesiva y dañar tejidos sanos.
También ayudan al organismo a distinguir sus propias células de agentes extraños, como virus, bacterias o tejidos trasplantados.
Lo hacen en parte a través de citocinas, proteínas que funcionan como mensajeros entre las células del sistema inmune.
Las células Treg liberan tres tipos: IL-10, IL-35 y TGF-β, todas con capacidad de reducir la inflamación. Esta última cumple además una función extra: convierte otras células del sistema inmune en nuevas Treg, lo que refuerza la capacidad del organismo para controlarse.
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Las células Treg eliminan y privan de recursos a las células que inflaman
La liberación de proteínas de las células Treg perfora la membrana de las células T efectoras, las responsables de generar la inflamación.
Una vez dañada su membrana, esas células mueren. Mientras menos células T efectoras circulen en el organismo, menor es la respuesta inflamatoria.
Las células Treg también disputan con las células T efectoras una proteína indispensable para su multiplicación: la IL-2.
Por tener mayor afinidad por esa molécula, las Treg la consumen antes y privan a sus rivales de su sustento. Sin esa proteína, las células T efectoras dejan de multiplicarse y eventualmente mueren.
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Las células Treg además les transfieren una molécula llamada AMPc que bloquea su capacidad de generar más inflamación.
Las células Treg interrumpen la señal que activa al sistema inmune
Para que el sistema inmune ataque, necesita que unas células llamadas dendríticas le muestren al enemigo. Las células Treg se interponen: se unen a las células dendríticas antes que sus rivales y reducen esa presentación.
Esa unión además activa una enzima que degrada el triptófano, un aminoácido que las células T efectoras necesitan para funcionar. Sin él, su ciclo celular se detiene y esto se convierte en otra razón por la que mueren.
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Treinta años de investigación hasta llegar a los pacientes
Los primeros estudios que demostraron la importancia de las células Treg para frenar enfermedades en las que el sistema inmune ataca al propio organismo datan de 1995.
Trece años después, en 2008, investigadores probaron que es posible producir estas células en laboratorio, lo que abrió la posibilidad de usarlas como tratamiento médico.
De los laboratorios a los pacientes con lupus, leucemia y trasplantes
En 2009, un grupo de investigadores propuso por primera vez que introducir células Treg en un paciente podría evitar que su cuerpo rechace un órgano trasplantado.
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Diez años después, en 2019, un estudio reportó su uso en pacientes con lupus eritematoso generalizado.
El avance más reciente llegó en 2023, cuando la investigadora italiana M. S. Massei y su equipo aplicaron la terapia en niños con leucemia sometidos a trasplante de células madre.
El tratamiento no solo protegió contra el rechazo: también redujo la necesidad de inmunosupresores en esos pacientes pediátricos.
Las autoras de la publicación de la UNAM advierten que aún se requiere mayor investigación para generar un producto de uso clínico que iguale la eficacia observada en los estudios preclínicos.
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