La trampa del exceso de confianza

La física de los cuerpos en caída libre no atiende a fervores futbolísticos, la gravedad reclama su lugar. Evitar la réplica de estos juegos de alto impacto constituye un acto de elemental madurez cívica

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El Dr. Salvador Guerrero Chiprés es el Coordinador General del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano.

El futbol posee la capacidad única de hermanar multitudes, transformar la calle en ilusiones compartidas y orgullo nacional. Esta fiesta representa la oportunidad idónea para proyectar ante calidez, alegría y madurez de una sociedad apasionada.

Esa emoción suele caminar junto a un optimismo ciego, un fenómeno visible incluso más allá de nuestras fronteras. Liam Gallagher, el vocalista de Oasis, encendió los ánimos globales al pronosticar un triunfo británico de cinco goles por cero.

Semejante despliegue de seguridad, propio del folclore futbolístico del músico, halla un eco peculiar en la hinchada local, propensa a contagiarse de una aparente invencibilidad colectiva durante las concentraciones.

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Ese exceso de confianza exhibido guarda analogía con la conducta de ciertos aficionados. Lanzarse al aire bajo el influjo de la adrenalina colectiva emula ese pronóstico temerario de Gallagher: una apuesta absoluta basada en la fe, carente de certezas reales. La física de los cuerpos en caída libre no atiende a fervores futbolísticos, transformando el juego en un peligro latente cuando la gravedad reclama su lugar frente a una recepción improvisada.

Este video documenta celebraciones de aficionados que incluyen la práctica conocida como 'Quiere Volar', donde personas saltan desde estructuras elevadas hacia una multitud. Las imágenes muestran a seguidores en camisetas de fútbol congregados en un entorno urbano y cerca de un monumento. Un funcionario del C5, identificado como Salvador Guerrero, emite una advertencia pública sobre los riesgos de estas acciones, con varias pantallas de monitoreo visibles detrás de él. El C5 busca concienciar sobre la seguridad durante eventos masivos.

Aquella riesgosa práctica popularizada bajo la consigna de “quiere volar” exige una reflexión seria, así como subir al techo de los parabuses, a las estructuras de puentes peatonales o manipular el mobiliario urbano implica someter a dichos elementos a tensiones ajenas a su diseño arquitectónico. El entusiasmo del grupo jamás garantizará una recepción segura ni controlada.

Evitar la réplica de estos juegos de alto impacto constituye un acto de elemental madurez cívica. El autocuidado es filtro indispensable para discernir entre la sana diversión y la exposición innecesaria. La prevención adquiere un sentido profundo cuando se analiza la vulnerabilidad humana ante dinámicas de fuerza mal calculadas.

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Un grupo de personas levanta a una joven en el aire en medio de una multitud. La persona cae al suelo, y varias personas con camisetas verdes y otros atuendos se congregan alrededor. Algunos se inclinan sobre la joven, que permanece en el suelo. El incidente ocurre en un entorno exterior con muchos espectadores, algunos sosteniendo bebidas y teléfonos móviles. Las personas observan la situación.

Bajo esta premisa de corresponsabilidad, el pronunciamiento de la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, adquiere supera las formalidades gubernamentales. Su llamado convoca a la edificación de una cultura de protección mutua.

Festejar con civismo implica acatar los despliegues de la policía y atender de las sugerencias emitidas por personal de protección civil. Estas corporaciones operan como facilitadoras del orden, destinadas a asegurar el flujo pacífico de la marea humana.

Tras el triunfo de la Selección Mexicana sobre Ecuador en el Mundial 2026, cuatro aficionados murieron en los festejos del Ángel de la Independencia. (Claudia Rosel / AFP)

El silbatazo final debe marcar el inicio de un retorno feliz, sin caer en la trampa del exceso de confianza.

Salvador Guerrero Chiprés

@guerrerochipres