Un medicamento ampliamente utilizado para tratar la obesidad comienza a mostrar efectos en el hígado a nivel internacional.
La expansión mundial de la obesidad y sus repercusiones en la salud ha modificado profundamente el enfoque médico frente a este desafío sanitario.
La clasificación de la obesidad como una enfermedad crónica y progresiva por parte de instituciones internacionales ha impulsado la investigación clínica y el desarrollo farmacológico.
PUBLICIDAD
La enfermedad hepática asociada a disfunción metabólica (MASLD), también conocida como hígado graso no alcohólico, emerge como una de las complicaciones más graves y silenciosas vinculadas a la obesidad.
Mientras la prevalencia de MASLD se sitúa en torno a un tercio de la población adulta mundial, el riesgo se incrementa notablemente en personas con obesidad y diabetes tipo 2.
Entre las formas progresivas de daño hepático, la esteatohepatitis metabólica (MASH) destaca por su potencial evolutivo hacia la cirrosis y el carcinoma hepatocelular, lo que la convierte en una causa frecuente de trasplante hepático y un determinante de la mortalidad cardiovascular.
PUBLICIDAD
Avances en terapias para la MASH
El tratamiento tradicional de la MASH estuvo limitado durante años a la modificación del estilo de vida y, en casos seleccionados, a la cirugía bariátrica, sin alternativas farmacológicas con respaldo robusto.
La llegada de los agonistas del receptor GLP-1 y duales GIP/GLP-1 ha representado un cambio en el paradigma clínico, ofreciendo una nueva esperanza para pacientes con daño hepático vinculado a la obesidad.
En ese grupo se encuentra Ozempic, medicamento cuyo principio activo es la semaglutida. Si bien Ozempic fue aprobado inicialmente para el control de la diabetes tipo 2, su uso ha crecido de forma exponencial en el tratamiento de la obesidad y ahora también se estudian sus efectos en el manejo de enfermedades hepáticas como la MASH.
PUBLICIDAD
Los datos disponibles muestran que Ozempic tiene la capacidad de inducir pérdida de peso, mejorar el control glucémico y revertir alteraciones histológicas propias de la esteatohepatitis, como la inflamación y la fibrosis hepática en ciertos pacientes.
La evidencia clínica sugiere que este fármaco actúa de manera indirecta: reduce la adiposidad visceral y mejora la resistencia a la insulina, lo que beneficia la función hepática sin una acción directa sobre las células del hígado.
Ensayos clínicos y eficacia demostrada
Los ensayos clínicos que han evaluado la eficacia de la semaglutida —el principio activo de Ozempic— y de la tirzepatida en el tratamiento de la MASH y la fibrosis hepática moderada a avanzada se han desarrollado en una red de hospitales y centros de investigación distribuidos en varias regiones del mundo.
PUBLICIDAD
Tanto el estudio ESSENCE como el SYNERGY-NASH reclutaron pacientes en Estados Unidos, Europa, Asia y América Latina, lo que permitió incluir una población diversa y representativa.
En el ensayo ESSENCE, conducido por Novo Nordisk, la semaglutida fue administrada a adultos con MASH confirmada y fibrosis F2-F3 en diferentes países, excluyendo a quienes presentaban cirrosis.
Esta amplitud geográfica fortaleció la validez de los resultados y su aplicabilidad internacional. El 62,9% de los tratados logró la resolución de la enfermedad sin empeoramiento de la fibrosis, frente a un 34,3% en el grupo placebo.
PUBLICIDAD
Además, el 36,8% mostró una mejoría verificada en la etapa de la fibrosis, y la reducción media de peso corporal superó el 10% a las 72 semanas.
Por su parte, el ensayo SYNERGY-NASH, realizado por Eli Lilly and Company, también se ejecutó en múltiples países, incluyendo centros en Norteamérica y Europa.
La tirzepatida permitió alcanzar tasas de resolución de la esteatohepatitis sin progresión de la fibrosis entre el 43,6% y el 62,4% según la dosis, muy por encima del placebo, junto a reducciones sustanciales de la grasa intrahepática y del peso total.
PUBLICIDAD
Ambos fármacos han demostrado, en estudios retrospectivos y de mundo real, asociaciones con menos eventos hepáticos y cardiovasculares, así como una menor necesidad de hospitalizaciones y mortalidad en personas con diabetes y MASLD.
El carácter internacional y multicéntrico de estos ensayos ha sido clave para la aprobación acelerada de estos medicamentos por parte de las agencias regulatorias y para que sus conclusiones sean aplicables en distintos sistemas de salud.
Selección de pacientes y criterios de exclusión
El acceso a terapias como Ozempic está estrictamente regulado por guías clínicas internacionales, que priorizan su uso en personas con fibrosis hepática significativa pero sin cirrosis establecida.
PUBLICIDAD
El diagnóstico y la selección de candidatos se basa en herramientas no invasivas como el FIB-4, la elastografía y pruebas de fibrosis séricas, reservando la biopsia hepática para casos con dudas diagnósticas o discrepancias en los resultados.
No todos los pacientes resultan elegibles. Las principales exclusiones incluyen aquellos con cirrosis hepática (fibrosis estadio F4), individuos con antecedentes personales o familiares de carcinoma medular de tiroides o síndrome de neoplasia endocrina múltiple tipo 2, y personas con obesidad delgada (Lean MASH), donde la eficacia y seguridad del tratamiento no están demostradas.
Además, las advertencias oficiales señalan riesgos de toxicidad gastrointestinal, daño renal agudo, complicaciones biliares y pancreatitis, lo que obliga a un monitoreo cercano y a la individualización de la terapia.
PUBLICIDAD
Las agencias reguladoras han advertido que el uso de agonistas GLP-1 y GIP/GLP-1 puede agravar enfermedades gastrointestinales preexistentes y debe evitarse en pacientes con gastroparesia grave o antecedentes de pancreatitis.
Los efectos adversos, como náuseas, vómitos y diarrea, son frecuentes y motivo de suspensión en un porcentaje notable de casos. La pérdida rápida de peso puede desencadenar litiasis biliar y demandar intervenciones quirúrgicas.
Perspectivas regulatorias y desafíos de equidad
La autorización acelerada de medicamentos como Ozempic en Estados Unidos y Europa está sujeta a condiciones estrictas, como la continuación de los ensayos pivotales y la demostración de que los cambios histológicos se traducen en reducción de insuficiencia hepática y mortalidad.
Las guías internacionales coinciden en reservar estos tratamientos a quienes presentan mayor riesgo de progresión de la enfermedad, evitando su uso indiscriminado.
En países como el Reino Unido, el debate se centra no solo en la eficacia clínica sino también en la sostenibilidad económica y la equidad de acceso, ya que la carga sobre los sistemas de salud pública es considerable.
La Organización Mundial de la Salud ha emitido recomendaciones condicionales para el uso prolongado de estos fármacos en obesidad, alertando sobre el impacto de los costos y la limitada disponibilidad a nivel global.
El aumento de la demanda y la escasez de suministros han llevado a propuestas regulatorias para limitar la manipulación y venta no autorizada de versiones compuestas o falsificadas de estos medicamentos, con el fin de garantizar la seguridad de los pacientes.
Limitaciones y retos futuros
Las terapias con agonistas del receptor GLP-1 y duales GIP/GLP-1 no representan una solución universal para la MASH y la obesidad.
Los datos actuales indican que su beneficio se restringe a estadios previos a la cirrosis y a pacientes que cumplen criterios fenotípicos y de riesgo bien definidos.
Los desafíos incluyen el alto costo, la necesidad de administración crónica y la inequidad global en el acceso.
El uso de medicamentos como Ozempic debe inscribirse en estrategias integrales que incluyan la modificación de los determinantes sociales y ambientales de la obesidad.
El futuro del tratamiento de la MASH y la obesidad dependerá de la capacidad de equilibrar innovación farmacológica, acceso equitativo y prevención primaria, tal como subrayan las guías de las principales autoridades sanitarias internacionales.