Hígado sano y sangre limpia: el secreto de las plantas mexicanas para revertir enfermedades

El herbario del IMSS incluye más de 14 mil ejemplares y señala junto con el INPI el uso histórico del ojoche y cardo mariano en preparaciones tradicionales indicadas para proteger el hígado y favorecer la función sanguínea

Varias especies vegetales como el cardo mariano, el ajo y la cúrcuma, junto a un modelo de hígado, simbolizan la medicina tradicional mexicana y sus beneficios para la salud hepática y la depuración sanguínea. (Imagen Ilustrativa Infobae)

México resguarda entre 3.000 y 30.000 especies vegetales con usos medicinales documentados, de las cuales el IMSS conserva un herbario de 14.000 ejemplares. Varias de esas plantas acumulan siglos de uso en la medicina tradicional para dos funciones que la ciencia moderna estudia con creciente interés: proteger el hígado y depurar la sangre.

El hígado filtra más de 1,5 litros de sangre por minuto, neutraliza toxinas y produce bilis para digerir grasas. Cuando ese órgano falla, el resto del organismo lo resiente de forma inmediata. La medicina tradicional mexicana identificó ese vínculo mucho antes de que la bioquímica lo describiera: en el Códice Badiano, escrito en náhuatl y traducido al latín por el médico indígena Martín de la Cruz en el siglo XVI, ya aparecen preparaciones herbales orientadas al cuidado hepático.

El ojoche: árbol mesoamericano en peligro de extinción con propiedades para la sangre

La planta que la Guía Ilustrada de Plantas Medicinales en el Valle de México, publicada por el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), señala como apoyo para limpiar la sangre es el ojoche (Brosimum alicastrum), árbol de la familia Moraceae —la misma del ficus y las moreras— que puede alcanzar 45 metros de altura y 1,5 metros de diámetro. Crece en selvas medianas y altas de México, entre los 20 y los 1.600 metros sobre el nivel del mar, desde Nayarit hasta Tamaulipas, y se encuentra en peligro de extinción.

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El árbol recibe decenas de nombres según la región: capomo en Jalisco y Nayarit, ramón o samaritano en Oaxaca, k’an oox en Yucatán, tlatlacotic en náhuatl. Su uso medicinal es amplio. Para limpiar la sangre, la tradición indica hervir las hojas o la corteza y beber el resultado. Para afecciones respiratorias, se prepara un té con las hojas. Para problemas de riñón, se combina el cabello del maíz con hojas de ojoche en una infusión que reposa un día antes de consumirse.

El INPI también documenta su uso en casos de infertilidad, regulación menstrual y mejora de la lactancia mediante infusiones de corteza. Sus activos muestran acción contra los efectos de mordeduras de serpientes y diabetes. La institución advierte que no se recomienda en personas con úlceras gástricas, pues puede resultar irritante y provocar sangrado.

Representación digital de un hígado humano con acumulación de grasa, ilustrando los posibles efectos adversos de los sustitutos de azúcar y los refrescos dietéticos en la salud hepática. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El cardo mariano: la planta con el hepatoprotector más estudiado de la fitoterapia

Para el hígado, la fitoterapia señala al cardo mariano (Silybum marianum) como la planta con mayor respaldo científico. Su compuesto activo, la silimarina —extraída de las semillas y compuesta por tres isómeros: silibina, silicristina y silidianina—, es reconocida como hepatoprotector por la medicina oficial desde los años setenta del siglo pasado, cuando investigadores aislaron por primera vez ese complejo de flavonoides.

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La silimarina actúa en varios frentes: estabiliza las membranas de las células hepáticas para impedir que toxinas entren en ellas, estimula la síntesis de proteínas mediante la activación de la polimerasa I, favorece la producción de glutatión —antioxidante natural esencial para la desintoxicación— y promueve la secreción de bilis. Estudios de laboratorio citados por el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos confirman que la silibina, el isómero más activo, acelera la regeneración celular del hígado al estimular precursores de la síntesis de ADN.

La Comisión Alemana E, organismo regulador de referencia en fitoterapia, recomienda el cardo mariano para la dispepsia, la hepatotoxicidad, la cirrosis hepática y como tratamiento de apoyo en afecciones inflamatorias crónicas del hígado. La dosis estándar de referencia en los ensayos clínicos va de 200 a 400 mg de silibina al día, en preparados estandarizados. En infusión, se usan de tres a cinco gramos de semillas trituradas por taza, hasta tres veces al día.

Un hombre lleva un contorno brillante de un hígado sobre su torso en una calle concurrida, ilustrando conceptualmente la prevalencia del hígado graso en México. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ajo, cúrcuma y diente de león: las plantas de uso cotidiano con acción documentada

Más allá de las especies específicas para el hígado, la medicina tradicional y la investigación científica coinciden en señalar varias plantas de uso cotidiano con efectos sobre la circulación y la depuración sanguínea.

El ajo (Allium sativum) contiene alicina, compuesto al que la Fundación Española del Corazón atribuye capacidad para disminuir la presión arterial alta y prevenir la arterioesclerosis, el endurecimiento de las arterias que obstruye el flujo sanguíneo. La cúrcuma (Curcuma longa), originaria de la India y presente en la cocina mexicana desde hace décadas, tiene acción antiinflamatoria documentada y previene la formación de ateromas —placas de grasa en las arterias—. La albahaca aporta efecto diurético en infusión, lo que favorece la eliminación de desechos. El cilantro, hierba de uso diario en la cocina mexicana, suma acción digestiva y diurética.

El diente de león (Taraxacum officinale), que crece al borde de campos y jardines, produce una infusión diurética que contribuye a la eliminación de líquidos retenidos y desechos metabólicos. La ortiga contiene histamina y ácido fórmico, compuestos con acción hemostática; la tradición popular la vincula al control de trastornos menstruales y la hemofilia, aunque su consumo requiere supervisión médica por las interacciones que puede generar con ciertos fármacos.

Lo que la ciencia confirma y lo que aún no sobre estas plantas medicinales

El IMSS ha desarrollado cerca de 10 medicamentos basados en plantas medicinales mexicanas tras más de 25 años de investigación interdisciplinaria, según datos del programa estratégico en fitofármacos de la institución. Esa cifra ilustra la brecha entre la riqueza del acervo herbal del país —el Instituto Nacional Indigenista documentó 3.000 especies con usos medicinales en 1997— y los compuestos que han superado los estudios de eficacia, seguridad y principios activos necesarios para convertirse en medicamentos.

La médica Karla Henríquez, que revisó y aprobó el análisis de Mejor con Salud sobre hierbas depurativas, precisa que no está demostrado científicamente que ningún alimento, planta o líquido pueda limpiar la sangre como tal. Lo que sí está comprobado es que una buena hidratación y una dieta equilibrada brindan beneficios concretos a la salud, incluido el flujo sanguíneo. Las plantas documentadas en este texto actúan como coadyuvantes dentro de un estilo de vida saludable, no como sustitutos del tratamiento médico.

Antes de incorporar cualquiera de estas plantas a la rutina, la recomendación de los especialistas es consultar con un médico, en especial si se toman medicamentos de forma regular, pues varias de estas especies generan interacciones farmacológicas documentadas.

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