En fechas recientes, se registraron varios ataques armados cometidos por adolescentes y jóvenes en el país. Especialistas advierten que se vieron influenciados por tendencias y contenidos violentos difundidos en redes sociales.
El más reciente se registró el 20 de abril en la zona arqueológica de Teotihuacán, donde un joven de 27 años sometió a varios turistas desde la Pirámide de la Luna y, con un arma, asesinó a una turista canadiense y trece más resultaron heridas.
No obstante, anteriormente México ya había registrado agresiones graves en escuelas donde alumnos —menores de edad— asesinaron y agredieron a compañeros y maestras., como el caso en Michoacán. Ante esto, surge el inevitable debate de cuáles son las influencias y referentes que tienen estos jóvenes para cometer dichos actos.
La hipótesis más acertada es que la circulación de contenidos violentos, favorecida por la falta de regulación en redes sociales, se convierte en un detonante y un riesgo social que se volvió evidente tras el ataque armado en la pirámide de Teotihuacán.
En el trágico evento ocurrido en Teotihuacán, la Fiscalía General de Justicia del Estado de México identificó que el responsable presentaba rasgos psicopáticos y siguió conductas conocidas como crimen de imitación o copycat. Esta tendencia se relaciona con el consumo y la reinterpretación de contenidos violentos en internet, donde casos como la masacre de Columbine adquieren nuevos significados en comunidades digitales incluso muchos años después.
Glorificar la violencia y acceso a contenidos sin regulación
El Dr. Hugo Alberto Yam Chale, académico de psicología en la Universidad Iberoamericana, explica que el problema de la violencia en internet va más allá del consumo de historias delictivas: comienza cuando ese interés se desliza hacia la glorificación del agresor.
Comunidades como la llamada True Crime Community se han desarrollado en torno a la curiosidad, la búsqueda de pertenencia y la necesidad de reconocimiento, potenciadas por las posibilidades de interacción y validación que ofrece internet.
“El problema no es el interés por estas temáticas, sino cuando ese interés empieza a transformarse en formas de romantización de la violencia”, explica el especialista.
Por su parte, la Dra. Verónica Díaz De León, especialista en análisis de cultura digital de la Universidad Iberoamericana, advierte que la tragedia pone en primer plano la urgencia de debatir criterios claros para la difusión de contenidos violentos que hoy pueden influir en conductas reales y replicar ataques con antecedentes en contextos internacionales.
Impacto en la personalidad de los adolescentes
Yam Chale detalla que el fenómeno encuentra terreno fértil en la adolescencia, momento donde la identidad se forma a partir de códigos compartidos, memes, frases y hasta ropa específica alusiva a figuras violentas.
El peligro, subraya, se multiplica cuando la necesidad de ser visto, aceptado o comprendido se satisface en grupos que construyen su cohesión en torno a agresores, a quienes transforman de criminales a símbolos admirables.
La teoría de la identidad social ayuda a explicar este efecto: las personas definen su autoconcepto por el grupo al que pertenecen, generando un sentido de pertenencia que a veces desplaza los límites éticos.
El académico alerta sobre mecanismos como la minimización del daño y la distorsión moral, procesos en los que el sufrimiento de las víctimas se borra y la imagen del agresor cobra centralidad en la narrativa digital.
Búsqueda de reconocimiento influenciada por las redes
Advierte que los algoritmos de las redes sociales amplifican contenidos virales y emocionalmente intensos, lo que puede producir desensibilización ante la violencia. Sin embargo, también aclara que consumir contenidos violentos no conduce inevitablemente a cometer crímenes. Los casos de copycat requieren la concurrencia de factores psicológicos, sociales, familiares y hasta biológicos. Sería, a su juicio, un error reducir estos fenómenos a la salud mental individual.
Insiste en que la necesidad de reconocimiento y aceptación pesa en estos procesos. “Buscar reconocimiento en estas comunidades no necesariamente habla de maldad, sino muchas veces de carencias emocionales y de entornos poco favorables”, dice Yam Chale.
Regulación en redes sociales para adolescentes
Para la Dra. Verónica Díaz De León el centro del debate no debe ser la prohibición de las redes sociales, sino la regulación sobre los contenidos que se propagan y el alcance de su viralidad. Resalta que la censura atenta contra la libertad de expresión, pero la difusión de violencia no puede interpretarse como parte de ese derecho: “La promoción y la divulgación de la violencia no puede entenderse como libertad de expresión. Eso tiene que quedar muy claro”.
En México, existen ya varias iniciativas en los estados que buscan regular el acceso a los contenidos en redes sociales para menores de edad.
Ambos especialistas coinciden en que este tipo de conductas revela vacíos sociales y afectivos, y una carencia de pensamiento crítico en torno a la función social de las plataformas. “Hay ausencias: de diálogo, de vínculos, de entender cómo la mediatización de la violencia puede llevar a que alguien justifique arrebatarle la vida a otra persona”, plantea Díaz De León.
La politización inmediata de la violencia y el reto del pensamiento crítico
Díaz De León advierte el riesgo de que la discusión sobre la violencia en redes sociales se politice de inmediato. Observa cómo, tras eventos como el de Teotihuacán, proliferan narrativas extremas orientadas a imputar responsabilidades desde posiciones ideológicas opuestas, sin fundamento sólido.
Frente a este panorama, considera urgente fortalecer el pensamiento crítico y la alfabetización digital. Plantea que solo así será posible cuestionar los intereses detrás de los discursos que surgen tras cada ataque y que muchas veces buscan explotar el dolor o influir en debates públicos, en lugar de atender las causas estructurales del fenómeno.