El pasado sábado, se dio a conocer que una camioneta que circulaba por la autopista México-Pachuca explotó de manera repentina. A su interior viajaba un sujeto ide nombre Francisco Beltrán, alias “El Payín”, quien fue identificado por las autoridades como presunto miembro del Cártel de Sinaloa.
Esta no es la primera vez que un miembro de esa organización criminal, originaria del estado homónimo, es asesinado o intentan asesinarlo en el centro del país.
Apenas el 21 de diciembre pasado, Óscar Noé Medina González, conocido como “El Panu”, jefe de seguridad de Los Chapitos, fue asesinado cuando se encontraba en un restaurante de la colonia Juárez, en la Ciudad de México (CDMX).
Sin embargo, en una ocasión a quien se trató de asesinar en la capital mexicana, fue a uno de los exlíderes del grupo criminal, quien tomó mayor relevancia a partir del llamado Culiacanazo. Se trata de Ovidio Guzmán, alias El Ratón, uno de los hijos del fundador del cártel, Joaquín El Chapo Guzmán Loera.
La vez que El Ratón estuvo a punto de ser asesinado en CDMX
En el 2021, Ovidio Guzmán no solamente era buscado por autoridades federales para detenerlo, sino que también era “campaneado” por gatilleros experimentados de Tijuana, Sinaloa y Sonora para quitarle la vida.
El 28 de octubre de ese año, sicarios se encontraban a unos metros de él y tenían la orden de asesinarlo afuera de Plaza Delta, cuando se encontraba en la tienda Cheesecake Factory, lugar donde solía asistir a comprar pasteles, pues le gustaban mucho. En el lugar ya esa esperado.
De acuerdo con los reportes de inteligencia de la Marina y de la Sedena, los sicarios recibieron la instrucción de no hacer “c*g*dero”, pues había muchas personas y no querían que resultaran lesionadas, por lo que optaron por seguirlo, sin embargo, por el desconocimiento de los sicarios de la ciudad, lo perdieron de vista. Luego, Ovidio fue alertado y regresó a Culiacán.
La investigación federal detalló que los gatilleros llegaron entre el 14 y 15 de octubre, de ciudades del norte del país, y todos fueron contratados por una persona que fue identificada como El Flaco, quien les pagó los vuelos, el hospedaje y los viáticos.
En esa semana, siguieron a El Ratón, y detectaron que se movía en las inmediaciones de la colonia Nápoles con escoltas y dos vehículos blindados, una camioneta Mercedes Benz y una Land Rover.
Los teléfonos celulares de los gatilleros, que fueron detenidos por elementos de la Marina, fueron confiscados y en ellos se encontraron imágenes y conversaciones con El Flaco, a quien le informaban todo: dónde vivía, a dónde salía a comer, con quién se reunía, a qué policías locales y elementos de la Fiscalía sobornaba, dónde cenaba, sus parejas sentimentales, y las casas en las que pernoctaba. Y es que cada tercer día cambiaba de domicilio y los intercalaba con hoteles y moteles de la misma zona.
En los celulares de los sicarios se encontraron fotografías de Ovidio, de sus vehículos y sus guardaespaldas.
En uno de los mensajes los asesinos destacan que ya habían “plomeado” la camioneta en la que viajaban, y se dieron cuenta que tenía un alto blindaje y que con las armas que tenían, que eran 9 milímietros para moverse sin problemas en la ciudad, no le iban a hacer nada. Por ello, decidieron hacer el trabajo de cerca, pero ante el temor de matarlo frente a tanta gente en Plaza Delta, prefirieron no hacerlo.
Posteriormente, se descubrió que El Flaco era un lugarteniente de El Mayo Zambada y de Caro Quintero, a quien le dieron la instrucción de asesinar a Ovidio.
Fueron los mismos sicarios quienes, de manera anónima, denunciaron diversos puntos de almacenamiento, bodegas, y casas de seguridad de Los Chapitos en la capital, lo que derivó en el desmantelamiento de ese grupo criminal, así como sus intenciones de apoderarse de la Ciudad de México.