La espiritualidad influye de manera significativa en la salud mental al brindar un marco de sentido ante la adversidad y ofrecer métodos concretos para reducir el estrés, según expuso Rabina Villagrán Vázquez, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM, en declaraciones para el medio UNAM Global.
Subrayó la docente que las prácticas espirituales, como la meditación, el rezo y la participación en rituales, no solo tienen valor simbólico o cultural, sino que también contribuyen a fortalecer los vínculos sociales y a encontrar una sensación de calma, aspectos que impactan directamente en el bienestar emocional.
Diversas investigaciones han revelado que, durante el duelo —ya sea por la pérdida de una persona allegada o de un animal de compañía—, la búsqueda de sentido a través de la espiritualidad permite a las personas afrontar estos eventos integrándolos dentro de una estructura de organización vital más amplia, informó UNAM Global.
La espiritualidad tiene tres dimensiones
Esta aproximación se conecta con un modelo propuesto por distintos autores que identifica tres dimensiones de la espiritualidad: la dimensión intrapersonal, vinculada con la introspección y la paz interior; la dimensión trascendente, centrada en la conexión con lo sagrado y la pertenencia a una comunidad; y la dimensión ética o valorativa, fundamentada en principios como la honestidad, el respeto y la compasión.
Cuando se practican actividades como la oración o la meditación, se observan cambios medibles en la actividad cerebral, en particular en regiones como la corteza prefrontal que están asociadas a la atención y a la regulación emocional, detalló Villagrán Vázquez a UNAM Global.
El medio señala que estos ejercicios pueden disminuir la rumiación mental y la ansiedad, dados sus efectos sobre la reducción de la activación fisiológica derivada del estrés anticipatorio. Esto significa que, aunque el cerebro reacciona tanto a estímulos reales como imaginarios, las prácticas espirituales ofrecen una herramienta para dirigir la atención y propiciar estados de mayor calma.
La existencia de un sistema de creencias permite sobrellevar las penas con mayor facilidad
Existen estudios, de acuerdo con UNAM Global, que demuestran que asignar un sentido profundo a las experiencias adversas ayuda a las personas a sobrellevarlas con mayor tranquilidad.
Conceptos como el karma sirven de soporte para explicar e integrar los acontecimientos en un marco comprensible. Esta manera de interpretación proporciona una sensación de propósito o sentido en la vida, lo que se asocia con mejores indicadores de salud mental y menores niveles de estrés.
Sobre la relación entre espiritualidad y resiliencia frente a la pérdida, Rabina Villagrán Vázquez afirmó a UNAM Global que esta conexión radica en los sistemas de creencias. La espiritualidad facilita la aceptación de que existen factores fuera del control individual, como la enfermedad o el fallecimiento, lo que a su vez aporta tranquilidad y apoya los procesos de aprendizaje ante situaciones complejas.
La académica remarcó: “Las personas que son más espirituales, aunque no tienen el control de las situaciones, sí cuentan con herramientas de resiliencia que les permiten salir adelante”.
Frente a la adversidad, la combinación de una visión espiritual y la toma de decisiones informadas respecto al cuidado personal, incluyendo la búsqueda de atención oportuna en caso de enfermedad, constituye una estrategia robusta para el bienestar psicológico y la gestión emocional.