A pesar de que la mala alimentación sigue siendo una de las principales causas de la esteatosis hepática, mejor conocida como hígado graso no alcohólico, la investigación científica en torno a esta condición comienza a revelar nuevos factores de riesgo que han sido poco estudiados hasta el momento.
Tal es el caso de la relación que puede llegar a existir entre el hígado graso y la microbiota, principalmente la forma en que esta puede transmitir de persona a persona información que incrementa el riesgo de desarrollar este padecimiento a través de la microbiota intestinal.
Esta afirmación parte de investigaciones que muestran el papel central de los microorganismos del intestino en el desarrollo de la enfermedad hepática, lo que pone en la mesa nuevas discusiones en torno a esta enfermedad que incrementa su prevalencia año con año.
La conexión entre microbiota y hígado graso que pocos conocen
Como mencionamos antes, la relación entre el hígado graso y la microbiota intestinal se ha convertido en un área de interés científico debido a la influencia que ejercen los microorganismos intestinales sobre el metabolismo hepático.
La evidencia indica que la composición y el equilibrio de la microbiota pueden desempeñar un papel clave en el desarrollo y la progresión de la enfermedad por hígado graso no alcohólico (EHGNA), tal como han revelado diversos estudios publicados al respecto.
Por ejemplo, un estudio publicado en la revista científica Frontiers, revela que el eje intestino-hígado describe la conexión física y funcional entre el tracto digestivo y el hígado donde aproximadamente el 70% del flujo sanguíneo del hígado proviene del sistema digestivo, lo que lo expone de manera constante a productos derivados de la microbiota.
En este sentido, cuando se produce un desequilibrio en la composición bacteriana —conocido como disbiosis—, se altera la barrera intestinal lo que permite que componentes bacterianos y toxinas, como los lipopolisacáridos, pasen al torrente sanguíneo y lleguen al hígado, desencadenando inflamación y acumulación de grasa en el órgano.
Cuando la microbiota se encuentra en equilibrio, contribuye a una función metabólica saludable. Sin embargo, la disbiosis, o alteración en la composición bacteriana, puede favorecer la acumulación de grasa en el hígado.
Algunos mecanismos que muestran la importancia de la relación entre la microbiota y la forma en que esta puede transmitirse de persona a persona también han sido analizados en una publicación de PubMed, la cual revela lo siguiente:
- Aumento de la permeabilidad intestinal: La disbiosis puede debilitar la barrera intestinal, permitiendo el paso de toxinas bacterianas, como los lipopolisacáridos, hacia el hígado. Esto estimula la inflamación y el daño hepático.
- Producción de metabolitos: Ciertas bacterias generan compuestos como ácidos grasos de cadena corta, etanol endógeno y otros metabolitos que afectan el metabolismo de lípidos en el hígado.
- Modulación de la respuesta inmune: La microbiota regula el sistema inmunológico, influyendo en la respuesta inflamatoria hepática.
- Alteración en el metabolismo de nutrientes: Cambios en la microbiota pueden modificar la absorción y procesamiento de lípidos, carbohidratos y colina, impactando la acumulación de grasa en el hígado.
- La microbiota dañada puede transmitirse a personas sanas: Una microbiota poco saludable puede transmitirse a personas sanas mediante el contacto cotidiano, incluso de padres a hijos, incrementando la predisposición a diversos padecimientos.
Estudios en animales y humanos han demostrado que la manipulación de la microbiota puede influir en la aparición y gravedad del hígado graso.
Intervenciones como los trasplantes fecales, el uso de probióticos o prebióticos y los cambios dietéticos apuntan a restaurar el equilibrio bacteriano como estrategia de prevención y tratamiento.