A comienzos de año, muchas personas recurren al vision board o tablero visual para acercarse a sus objetivos personales y profesionales.
Este método consiste en un collage de imágenes, frases y metas que integra recordatorios visuales sobre aquello que se quiere lograr. Aunque es promovido como herramienta eficaz de motivación, ¿qué fundamentos científicos respalda realmente su efectividad? Según UNAM Global, la psicología no considera al vision board una fórmula automática para cumplir deseos.
El profesor Rodrigo Peniche Amante, de la Facultad de Psicología de la UNAM, afirma que el vision board “no funciona porque lo manifestemos con mucha energía o porque le pongamos mucho corazón. Funciona porque activa mecanismos cognitivos que usamos todos los días”. Es decir, estos tableros movilizan procesos mentales ligados a la atención y la memoria.
Usat imágenes refuerza la atención y ayuda a filtrar los múltiples estímulos del entorno. Cuando se coloca el tablero en un sitio visible —como la oficina o junto a la cama—, actúa como recordatorio constante, incrementando el enfoque en las metas. Así, el collage se transforma en una señal diaria que favorece la implicación emocional en el proceso.
El vision board y los estímulos visuales
Peniche Amante señala que, desde la psicología, estos tableros aprovechan la forma natural en que el cerebro responde a estímulos visuales. Uno de los procesos centrales involucrados es la formación reticular, encargada de seleccionar lo significativo para cada persona, lo que permite priorizar estímulos y mantener el foco en los objetivos planteados.
En la práctica, esto puede influir en decisiones cotidianas, como elegir entre un gasto inmediato y ahorrar para un proyecto mayor. Además, una imagen significativa puede evocar emociones positivas al comenzar el día y favorecer conductas como la reconciliación con seres cercanos.
El impacto del vision board supera la motivación inicial, ya que también puede fortalecer la autoeficacia —la creencia en la capacidad propia para resolver situaciones—.
La repetición visual de metas, como una graduación universitaria, un viaje o adquirir un automóvil, ayuda a consolidar el compromiso y mantiene el rumbo hacia su logro.
La clave para que el vision board tenga éxito es la planeación
La utilidad del vision board, sin embargo, no se garantiza solo por observar imágenes diariamente. Su eficacia depende de integrarse a acciones concretas y a la planificación realista.
Peniche Amante advierte que la motivación puede disminuir rápidamente si no se transforma en conducta activa: el tablero es un impulso adicional, nunca una solución por sí solo.
Para que el vision board aporte a los resultados, el especialista de la UNAM recomienda acoplarlo a métodos racionales. Es clave definir estrategias y recursos, concretar plazos y establecer acciones específicas.
Una persona, por ejemplo, que aspira a obtener un título universitario puede inspirarse al ver imágenes relacionadas, pero necesita, además, informarse sobre los requisitos para titularse y programar los pasos necesarios.
Vincular la motivación visual con metas alcanzables a corto y mediano plazo facilita el avance progresivo. Peniche Amante sugiere descomponer los grandes objetivos en periodos de dos, tres o seis meses, lo que permite sostener el compromiso y percibir logros concretos durante el año.