
La última vez que Emma Coronel Aispuro se reunió con Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera en libertad ocurrió durante una cena familiar, días previos a la Navidad de 2015, en Sinaloa.
Según relató la propia Coronel en el documental “Married to El Chapo: Emma Coronel Speaks”, lanzado hace unas semanas, ese encuentro resultó ser la despedida definitiva. La detención del capo, ejecutada el 8 de enero de 2016 durante la llamada Operación Cisne Negro, marcó el fin de una era en el crimen organizado y un golpe para el Cártel de Sinaloa.
Una relación marcada por el aislamiento y la clandestinidad
Emma Coronel, nacida en California y criada en un rancho aislado de Durango, México, creció en un entorno rural sin agua potable ni electricidad. Desde niña presenció la economía local basada en el cultivo ilícito de marihuana y aprendió a desconfiar del gobierno, según su testimonio. A los 17 años conoció a Guzmán Loera en una fiesta local. En ese momento, él tenía casi 50 años y ya era prófugo de la justicia.

Ella asegura que desconocía que ese hombre era “El Chapo”: “Siempre que lo digo, dicen: ‘No, ¿cómo no vas a saber? Si salía en la tele’. ¡Yo no tenía tele!”, relató Coronel en el documental.
La relación inició en un contexto de fiestas y certámenes rurales, donde el líder del Cártel de Sinaloa la cortejó con gestos como llegar en helicóptero al rancho donde vivía.
La boda simbólica de ambos se celebró tras su mayoría de edad, sin registro civil y en una celebración sencilla. “No me brinda emoción hablar de la boda ni de mi vida, amor, no siento nada. Es un aburrimiento para mí estar hablando de eso (...) fui a la cárcel. Así que, para mí hablar de todo eso no es que me provoque algo ya, más que tristeza”, confesó Coronel.
La vida junto a Guzmán pronto se transformó en una rutina clandestina. Para visitar al capo en la sierra, debía dejar sus teléfonos en casa y utilizar diferentes vehículos y avionetas. “Sabía que era un blanco de seguimiento para encontrarlo a él u obtener información sobre él”, sostuvo. En ocasiones pasaban semanas sin verse; en otras, lograban convivir varios días en casas de seguridad.
El último encuentro de Emma Coronel y El Chapo

“Días previos a la Navidad, habíamos estado mis hijas y yo con él tirando cohetes artificiales en una cena con otra amiga y su esposo, con su niña, y esa fue la última vez que lo vi”, recordó Coronel, sin precisar las identidades de los acompañantes.
Esa escena de aparente normalidad contrastaba con la presión y el acecho constante sobre Guzmán Loera, tras su fuga del penal de El Altiplano en julio de ese año.
La madrugada del 8 de enero de 2016, fuerzas especiales de la Armada de México ejecutaron la Operación Cisne Negro en un inmueble de Los Mochis, Sinaloa. El despliegue, sustentado en meses de inteligencia, concluyó con un enfrentamiento que dejó cinco presuntos miembros del Cártel de Sinaloa muertos.
Guzmán escapó momentáneamente por el drenaje pluvial junto a Iván Gastélum “El Cholo”, pero fue interceptado y detenido horas después por la Policía Federal y fuerzas navales.

Coronel supo de la captura por los medios de comunicación. “Son muchas emociones. Tristeza, estrés, molestia, preocupación. Entonces, en esos momentos se sienten muchas cosas a la vez y piensas de todo”, relató en el documental sobre el momento que se enteró de la caída de su esposo.
La separación se tornó definitiva cuando Guzmán fue extraditado a Estados Unidos y finalmente sentenciado a cadena perpetua: “Sentí mucha tristeza porque, pues, sabía que era uno de sus temores... pues ya se hizo realidad”, comentó.
Dinámica íntima y costo familiar
En su testimonio, Coronel describió cómo era su vida cotidiana junto a El Chapo: ver telenovelas, cocinar enchiladas y convivir con las hijas.
“Le gustaba mucho ver las novelas, la que más le gustó fue la de La Gaviota (Destilando amor)... él es muy cantor, está en la regadera y está cantando, yo no soy muy cocinera, pero siempre le ha gustado que le hiciera enchiladas”, compartió. Aunque convivir en casas clandestinas o dormir en la sierra se volvió habitual, ahora reconoce que no se trataba de algo “normal”.

En lo personal, la esposa del capo afirma que nunca fue testigo directa de hechos violentos por parte de Guzmán Loera. Insiste en que no hablaban del negocio criminal ni de la fortuna atribuida por la revista Forbes. “Nunca vi esas cantidades... Ni siquiera lo escuché mencionarlo, que las tuviera... También me gustaría que dijeran dónde está, porque yo nunca la vi (la fortuna)”.
La Operación Cisne Negro representó la culminación de meses de inteligencia técnica y humana, con un despliegue táctico que redujo la cadena de mando y limitó las filtraciones.
La caída de El Chapo Guzmán tuvo repercusiones globales. Tras su extradición a Estados Unidos en 2017, fue sentenciado a cadena perpetua y recluido en la prisión Supermax de Colorado, bajo régimen de aislamiento extremo. Desde entonces, Coronel perdió todo contacto directo: “No tengo ningún tipo de comunicación con él. No sé por qué no me han autorizado ni visita, ni llamada. Ya no lo volví a ver físicamente”.
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