En Oaxaca, se detectaron tres movimientos. El primero, de 3,2 grados, ocurrió a las 16:03, a 14 km al oeste de Río Grande, a 16,4 km de profundidad. Otro temblor de igual magnitud se localizó a 23 km al noroeste de Río Grande, a las 16:20, con una profundidad de 16,1 km. Finalmente, un sismo de 3,9 grados se reportó a 56 km al noreste de Crucecita, a las 16:15, con una profundidad de 56 km.
El Servicio Sismológico Nacional reportó cinco movimientos telúricos el 24 de diciembre de 2025 en los estados de Chiapas y Oaxaca.
El evento de mayor magnitud alcanzó 4,1 grados y se localizó a 31 km al sur de Mapastepec, Chiapas, a las 16:45, a una profundidad de 100,1 km.
Minutos después, otro sismo de 3,9 grados se registró a 142 km al suroeste de la misma localidad, con una profundidad de 10 km.
Las autoridades no han reportado daños materiales ni personas lesionadas tras los movimientos. La actividad sísmica en la región mantuvo alerta a la población, especialmente por la proximidad de las fechas festivas y la sucesión de eventos en un lapso menor a una hora.

Cd Hidalgo fue el epicentro de un sismo de magnitud 4.3 que sorprendió este 24 de diciembre a los habitantes del estado de Chiapas a las 4:00 horas.

Río Grande fue el epicentro de un sismo de 4.0 de magnitud que sorprendió este 24 de diciembre a los pobladores del estado de Oaxaca a las 1:55 horas.
En México los sismos se sienten con frecuencia no solo por dónde está el país, sino por cómo se libera la energía bajo su territorio. A diferencia de otras regiones donde los temblores ocurren de forma más espaciada, aquí la energía acumulada se descarga en eventos constantes, muchos de ellos pequeños, que rara vez hacen noticia pero mantienen al suelo en movimiento casi permanente. Es decir, no siempre tiembla “fuerte”, pero tiembla seguido.
Otro factor clave es que los sismos no se generan todos en el mismo lugar ni a la misma profundidad. En el sur predominan los movimientos profundos que pueden sentirse a cientos de kilómetros, mientras que en el centro del país ocurren temblores más cercanos, asociados a fallas locales. Esto provoca que ciudades como la capital perciban movimientos que, en otros países, pasarían desapercibidos o no llegarían a zonas urbanas densas.
Además, México es un país altamente monitoreado. La red de sensores sísmicos es de las más extensas de América Latina, lo que hace que se registren y reporten movimientos que en otros lugares simplemente no se miden o no se comunican. A esto se suma que muchas ciudades están construidas sobre antiguos lagos o suelos blandos, lo que amplifica la sensación del temblor, incluso cuando el sismo no es particularmente grande.




