La mala nutrición es un problema que afecta a los niños, niñas y adolescentes de maneras distintas. La desnutrición tiene un impacto importante en el desarrollo insuficiente del sistema inmunológico, mientras que el sobrepeso y obesidad afectan la calidad de vida al favorecer la aparición de diversas enfermedades.
De acuerdo con el Unicef, hay un número alarmantemente elevado de niños sufre las consecuencias de la mala alimentación y de un sistema alimentario que no tiene en cuenta sus necesidades: en el mundo uno de cada tres niños menores de cinco años tiene desnutrición o sobrepeso.
Al mismo tiempo, casi 2 de cada 3 niños entre los seis meses y los dos años de edad no reciben alimentos que potencien un crecimiento rápido de sus cuerpos y sus cerebros. Esta situación puede perjudicar su desarrollo cerebral, interferir con su aprendizaje, debilitar su-y aumentar el riesgo de infección y, en muchos casos, de muerte.
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En el reporte Estado Mundial de la Infancia 2019: Niños, alimentos y nutrición, la Unicef describe una triple carga de malnutrición: la desnutrición, el hambre oculta, causada por la falta de nutrientes esenciales, y el sobrepeso entre los niños menores de 5 años.
A medida que los niños comienzan a consumir alimentos blandos o sólidos cuando cumplen seis meses, a muchos de ellos se les suministra el tipo incorrecto de dieta, según el informe. En todo el mundo, cerca del 45% de los niños de entre seis meses y dos años de edad no reciben ninguna fruta o verdura. Cerca del 60% no come huevos, productos lácteos, pescado o carne.
La exposición a los alimentos poco saludables es alarmante en medida que los niños avanzan, sobre todo a causa de la gran cantidad de publicidad y la comercialización inapropiadas, a la abundancia de alimentos ultraprocesados tanto en las ciudades como también en zonas remotas, y al aumento del acceso a la comida rápida y a las bebidas altamente edulcoradas.
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Por ejemplo, el informe muestra que el 42% de los adolescentes que asisten a la escuela en los países de bajos y medianos ingresos consumen bebidas gaseosas azucaradas por lo menos una vez al día y el 46% ingieren comida rápida por lo menos una vez a la semana.
La mayor carga de la desnutrición en todas sus formas recae sobre los niños y adolescentes de las comunidades más pobres y marginadas, señala el informe. Sólo 1 de cada 5 niños de seis meses a dos años de edad procedentes de los hogares más pobres consume una dieta lo suficientemente diversa como para que su crecimiento se considere saludable.
Qué efectos tiene la mal nutrición en los niños
Los niños, niñas y adolescentes que no se alimentan de la manera correcta pueden tener diversas afectaciones físicas y cognitivas. A causa de la malnutrición, 149 millones de niños padecen de retraso en el crecimiento, o son demasiado pequeños para su edad; 50 millones de niños sufren de emaciación, o son demasiado delgados para su estatura; uno de cada 2 niñas y niños sufren carencias de vitaminas y nutrientes esenciales, como la vitamina A y el hierro.
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Henrietta Fore, Directora Ejecutiva de Unicef destacó que pese a los avances tecnológicos y sociales de la última década, la nutrición es un tema pendiente por cubrir pese a la importancia del mismo.
“Millones de niños subsisten con una dieta poco saludable porque simplemente no tienen otra opción mejor. La manera en que entendemos y respondemos a la malnutrición debe cambiar: no se trata sólo de conseguir que los niños coman lo suficiente; se trata sobre todo de conseguir que coman los alimentos adecuados. Ese es el desafío de todos nosotros hoy en día”, sentenció.
En el informe de la Unicef también se señala que los desastres relacionados con el clima causan graves crisis alimentarias. La sequía, por ejemplo, es responsable del 80% de los daños y pérdidas en la agricultura, lo que altera drásticamente la disponibilidad de alimentos para los niños y las familias, así como la calidad y el precio de esos alimentos.
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La mal nutrición afecta al rendimiento escolar
La misma trampa se puede observar en los niños. Una mala alimentación puede repercutir en un bajo rendimiento escolar debido a que la capacidad de aprender de cada niño y niña se ve mermada al no tener suficiente energía para realizar sus actividades.
De acuerdo con el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el cerebro no trabaja a su óptima capacidad si no es alimentado con los nutrientes necesarios, por lo que los niños que viven en carencia alimentaria pueden presentar sueño, cansancio y disminución en su participación en interés en actividades escolares.
La desnutrición no solo refleja problemas de hambruna, sino también malos hábitos nutricionales, los cuales pueden afectar a los niños al consumir alimentos “chatarra” en la escuela, en mayor medida cuando no han desayunado antes de ir a la escuela. Dichos malos hábitos provocan un alto riesgo en padecer enfermedades como sobrepeso, obesidad, diabetes, hipertensión arterial e incluso algunos tipos de cáncer.
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Si los niños no consumen una dieta equilibrada pueden sufrir deficiencias nutricionales como falta de hierro, vitamina B y ácidos grasos omega-3, lo que afecta directamente a su capacidad para procesar información y su memoria; a su vez, tener este tipo de afecciones repercutirá en su comprensión lectora y su entendimiento de nuevos temas.
Además, los pequeños que consumen alimentos ricos en grasas saturadas y azúcares refinados suelen experimentar cambios en su estado de ánimo y energía, lo que repercute en su capacidad para concentrarse, su comportamiento y la participación en la escuela.
En general, tener una mala alimentación conllevará a que los niños, niñas y adolescentes tengan dificultad para concentrarse, pueden tener fatiga y somnolencia, problemas de comportamiento, falta de asistencia y participación (por enfermedades relacionadas a la dieta o falta de energía).
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Una nutrición adecuada es fundamental para el crecimiento y el desarrollo cognitivo de los niños. Si existe una buena alimentación, también logrará una buena relación con el entorno, un mejor estado de ánimo y buenos hábitos.