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Hylics y el extraño encanto del videojuego como sueño despierto
En un mundo donde los videojuegos suelen seguir fórmulas y tendencias, siempre es refrescante encontrar un título que rompa los moldes y nos haga cuestionar qué es realmente jugar. Hylics, obra de Mason Lindroth, es uno de esos juegos que no se parecen a nada que hayas visto antes.
Más que un RPG tradicional, es una experiencia visual y sonora que se siente como un viaje psicodélico, un universo onírico que desafía la lógica y abraza lo surrealista. La narrativa se despliega en fragmentos crípticos, y el arte -un collage de texturas y formas hechas con claymation digital- se convierte en protagonista, haciendo que cada partida sea como sumergirse en un sueño despierto.
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Cuando descubrí Hylics no pude evitar recordar Weird Dreams para Commodore 64, ese clásico raro y fascinante que muchos atesoran por su atmósfera única. Ese aire de extrañeza y libertad se siente muy presente en el trabajo de Lindroth.
En esta entrega de Retrocultura Activa, exploramos el universo de Mason Lindroth, su particular enfoque al desarrollo indie, y cómo su obra desafía las reglas del género para ofrecernos una experiencia artística y jugable que merece ser descubierta.
El sueño psicodélico de Mason Lindroth
Desde el principio, Hylics se presenta como un juego que no busca explicar, sino provocar sensaciones. El arte es una mezcla inquietante de figuras hechas con arcilla digital y texturas que parecen sacadas de una pintura surrealista, lo que genera una atmósfera única en el panorama indie.
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Mason Lindroth, su creador, es un artista visual y desarrollador que ha sabido fusionar el videojuego con una obra de arte en movimiento, llevando el concepto de “jugar” a un terreno casi abstracto, donde la lógica queda en segundo plano y prima la experiencia estética.
Jugabilidad alucinada y combate estratégico
Aunque visualmente Hylics parece una pintura animada, bajo esa apariencia onírica hay un RPG por turnos con mecánicas clásicas que se vuelven extrañas y frescas gracias a su diseño.
El combate tiene un aire pausado, con ataques que no solo afectan la barra de vida sino que también juegan con estados alterados y efectos especiales impredecibles. Esto obliga al jugador a pensar con calma, a probar diferentes estrategias y a adaptarse a un entorno que no sigue las reglas típicas.
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Los menús, las habilidades y los objetos también refuerzan esa sensación de rareza; leerlos es a veces tan desconcertante como encantador. Este enfoque, lejos de frustrar, abre un espacio para la exploración lúdica que va más allá del simple “subir de nivel y vencer enemigos”.
La música: un viaje sonoro a otra dimensión
La banda sonora de Hylics acompaña perfectamente esa atmósfera psicodélica. Con un uso cuidado de sintetizadores, ritmos etéreos y melodías que parecen surgir de un sueño, la música crea un ambiente envolvente que refuerza la experiencia inmersiva.
La combinación de imágenes y sonidos logra que el jugador no solo participe con sus decisiones, sino que sea transportado a un universo sensorial donde la lógica y el tiempo parecen diluirse.
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Más allá de Hylics: los otros juegos de Mason Lindroth
Aunque Hylics es la obra más conocida de Mason Lindroth, su producción incluye varios títulos y proyectos que continúan explorando la intersección entre arte y videojuego.
Hylics 2, la secuela directa, expande y profundiza la fórmula original. Más ambicioso y complejo, mantiene la estética surrealista y la narrativa fragmentada, pero introduce una jugabilidad más rica y un mundo aún más vasto para explorar. Su lanzamiento fue recibido con elogios por su capacidad de mantener la magia del original y ofrecer novedades significativas. Una buena puerta de entrada al universo de los juegos de este autor. Otros de sus proyectos significativos son Miseri, un experimento visual en primera persona con una atmósfera de culto y Fire Place, una obra más íntima donde los escenarios se deshacen como recuerdos borrosos.
También ha participado en jams y colaboraciones que extienden su imaginario estético a terrenos narrativos y formales menos definidos, demostrando que su inquietud creativa no se limita al formato RPG. Muchos de sus trabajos se encuentran en Itch.io, donde mantiene una presencia constante como creador de piezas interactivas que combinan lo lúdico y lo poético. Su legado no está en grandes producciones, sino en demostrar que la jugabilidad no necesita adornos para ser profunda, desafiante y emotiva.
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Una invitación a soñar con los dedos
Lindroth representa una corriente dentro del indie que prioriza la innovación estética y la experiencia sensorial por encima de los estándares comerciales. Su obra demuestra que los videojuegos pueden ser un medio artístico tan válido como cualquier otro, capaz de desafiar las convenciones y ofrecer nuevas formas de sentir y jugar.
Si buscás una experiencia indie que rompa con todo y te invite a explorar nuevas formas de jugar y sentir, no dudes en sumergirte en el mundo de Mason Lindroth.
Nos vemos en la próxima entrega, con más historias que hacen del videojuego un arte vivo.
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