“Teología indecente”: una lectura queer de la religión que generó polémica en el Teatro Colón

La inclusión del libro de la teóloga argentina Marcella Althaus-Reid en la adaptación de “Theodora” de George Frideric Händel, llevada a cabo en 2021 por Alejandro Tantanian y Franco Torchia, desató una encolerizada controversia. Ante los pedidos de censura, se debatió la pretendida influencia de la Iglesia en la cultura.

Compartir
Compartir articulo
En "Teología indecente", la argentina Marcella Althaus-Reid explora cómo la sexualidad "condiciona nuestro acercamiento a Dios" y se pregunta: "¿Qué pueden decirnos las historias sexuales, desde el fetichismo hasta el sadomasoquismo, acerca de nuestra relación con Dios, Jesús y María?".
En "Teología indecente", la argentina Marcella Althaus-Reid explora cómo la sexualidad "condiciona nuestro acercamiento a Dios" y se pregunta: "¿Qué pueden decirnos las historias sexuales, desde el fetichismo hasta el sadomasoquismo, acerca de nuestra relación con Dios, Jesús y María?".

El Teatro Colón no es un escenario en el que abunden los abucheos. A los habituales aplausos se les suele sumar, cuanto mucho, algún bostezo, pero rara vez el público (o parte de él) demuestra activamente su rechazo como sucedió en 2021 con la nueva y controversial versión de Theodora, de George Frideric Händel, llevada a cabo por Alejandro Tantanian y Franco Torchia.

Pero, ¿cómo un oratorio del siglo XVIII pudo generar una respuesta tan encolerizada, tanto dentro como fuera de la sala, por parte de sectores religiosos y conservadores? No son pocos los que pusieron el grito en el cielo cuando se supo que en esta reversión de la historia de la mártir cristiana también había, intercaladas, proyecciones y parlamentos —muy pocos, por cierto— de Marcella Althaus-Reid, una teóloga argentina fallecida en 2009 con un abordaje queer y feminista de la religión.

Así, el Teatro Colón se ubicó en el centro de un intenso debate en el que asociaciones como la Conferencia Episcopal Argentina y la Corporación de Abogados Católicos utilizaron la palabra “blasfemia” para clamar por censura y mostrar, una vez más, la pretendida y oscura influencia de la Iglesia en la cultura.

Pero, claro, la respuesta no fue enteramente negativa. A los abucheos que pudieron escucharse en las cuatro funciones de Theodora y a las quejas que afloraron en las semanas siguientes a su estreno, les hicieron contrapeso los aplausos “del otro lado de la grieta”, así como el apoyo de un nutrido grupo de intelectuales conformado por Beatriz Sarlo, Graciela Fernández Meijide, Jorge Fernández Díaz, Hinde Pomeraniec y Daniel Link, entre otros, que se pronunciaron en contra de los intentos de censura.

Teología indecente, editado por Paidós, es la piedra fundamental del pensamiento de una de figura clave -aunque algo desconocida- de la teología disidente argentina. Escrito originalmente en inglés y traducido por Teresa Arijón, explora cómo la sexualidad condiciona nuestro acercamiento a Dios y se pregunta: “¿Qué pueden decirnos las historias sexuales, desde el fetichismo hasta el sadomasoquismo, acerca de nuestra relación con Dios, Jesús y María?”.

Prólogo de “Teología indecente”, por Franco Torchia

infobae

“El corazón de la gente atravesado por las espadas del hambre”

La publicación de Teología Indecente. Perversiones teológicas en el sexo, el género y la política, de la teóloga argentina Marcella Althaus-Reid constituye un acto de justicia divina y un gesto político superlativo. Por primera vez en su país natal, su primera obra –corpus esencial de su credo, biblia de sus desvíos– queda al alcance de quienes deseen profundizar en uno de los sistemas teológicos más disidentes del catolicismo universal, concebido desde la década del noventa en adelante, cuando la autora, nacida en la ciudad de Rosario en 1952, se radicó en Escocia.

Ante la aparición de este libro, la justicia divina –aunque Dios es “un dios de momentos”, como sostiene Marcella– y el gesto político se ven notablemente amplificados por los acontecimientos de octubre de 2021. Una vez finalizadas las cuatro funciones de Theodora, de G. F. Händel, en el Teatro Colón de Buenos Aires, oratorio dirigido por el dramaturgo Alejandro Tantanián, el ideario de Althaus-Reid motivó desde la indignación de algún sacerdote hasta una moción de censura firmada por la Conferencia Episcopal Argentina.

A comienzos de ese año, invitado especialmente por Tantanián a colaborar con él y con la escenógrafa Oria Puppo en lo que sería el primer espectáculo “de pandemia” del Colón, propuse cruzar la historia de Teodora –mártir cristiana perseguida y asesinada en el siglo III– con la vida y la obra de Althaus-Reid. Actualizar la pieza de Händel e indecentar su lamento original. Ensayar un diálogo entre la mujer católica perseguida del autor alemán y la mujer católica “pervertida” que fue la pensadora argentina, creadora de conceptos salvajes. Dos disidencias con siglos de distancia, dos formas del martirio y la tortura. Citas textuales de Marcella como “La Virgen María, ¿es la momia de los pobres?”, “Dios marica, dios reinona, dios lesbiana, dios mujer heterosexual” o “La teología es un lecho de muerte en el que jamás ha existido la mujer autora”, proyectadas en escena y reproducidas por la actriz Mercedes Morán, reinstalaron una discusión pública en un país en el que, en teoría, el consenso sobre “Iglesia y Estado, asunto separado” parecía casi total.

Fueron días de debates periodísticos, acusaciones, tergiversaciones, nuevos pedidos de censura (como el de la Corporación de Abogados Católicos), violentos posteos en redes sociales, solicitudes de renuncias y silencio gubernamental en la Ciudad y la Nación. Althaus-Reid era completamente desconocida en la Argentina, y el Teatro Colón aparecía en varias coberturas periodísticas como esa catedral inmaculada en la que los postulados católicos de una mujer no heterosexual, bondage y “blasfema” no debían ingresar.

Cientos de intelectuales –entre ellos, Beatriz Sarlo, José Emilio Burucúa, Roberto Gargarella, Hilda Sábato y Jorge Fernández Díaz– firmaron una solicitada en repudio a la intromisión de la cúpula eclesiástica en el ámbito cultural. Como a esa altura Theodora ya había cumplido con las presentaciones pautadas, al cabo de una semana el conflicto se evaporó.

Por esas horas, el doctor en Derecho Oscar M. Blando, especialista en censura, publicó en el diario Perfil un artículo en el que ubicó el episodio en la línea que va de la censura de la ópera Bomarzo a mediados de los años sesenta por parte del dictador Juan Carlos Onganía hasta esta reincidencia del Colón en plena democracia. A su vez, en numerosas intervenciones surgieron comparaciones con los atentados católicos en contra del artista visual León Ferrari en el Centro Cultural Recoleta, en 2004.

La adaptación de "Theodora" de Händel fue llevada a cabo por Alejandro Tantanian y Franco Torchia, y contó con la participación de Mercedes Morán.
La adaptación de "Theodora" de Händel fue llevada a cabo por Alejandro Tantanian y Franco Torchia, y contó con la participación de Mercedes Morán.

Al día de hoy, la puesta de Theodora de Alejandro Tantanián, con textos extraídos de Teología Indecente (y de El dios queer, el segundo libro de Marcella) no fue compartida en el canal oficial de YouTube del teatro y ninguna medida institucional contrarrestó las embestidas censoras. Por todo esto y por mucho más, la llegada de este libro que el sello Paidós se esforzó en volver a traducir al español y distribuir en estas tierras desbloquea una doctrina injustamente archivada y apuesta en serio y en serie a la libertad religiosa.

Ahora bien, ¿quién fue Marcella Althaus-Reid y por qué se fue del país? ¿Cómo es posible que sus investigaciones, gestadas desde la dictadura militar en adelante y en sintonía con un feminismo radical, sean fuertemente ignoradas aquí, mientras en muchas partes del mundo su nombre despierta veneración? ¿Por qué los feminismos locales y los movimientos de la diversidad sexual no llevan su nombre como bandera, habiendo sido ella la primera mujer de la historia en acceder a grados académicos altísimos en teología y habiendo contribuido a forjar, en Buenos Aires, la Comunidad de la Iglesia Metropolitana, es decir, la “iglesia LGBT” local?

En el año 2015, leí una semblanza sobre Althaus-Reid firmada por la periodista Dolores Curia en el suplemento SOY del diario Página/12. Quedé capturado por su existencia y lamenté enterarme de su muerte temprana, en 2009, a los 56 años y víctima de cáncer. Un tiempo después entrevisté para ese mismo suplemento al artista colombiano residente en Nueva York Carlos Motta, cuyas performances están inspiradas en la prédica de Marcella. Por eso, años más tarde, llevarla al Colón y promover su reconocimiento local era un proyecto muy tentador.

Tras abandonar Rosario, Althaus-Reid desembarcó con su madre en Buenos Aires y se formó como teóloga en el Instituto Superior Evangélico de Estudios Teológicos, institución centenaria centrada en la teología de la liberación. Por entonces, pocas mujeres lograban acceder a esa formación, y Marcella combinó sus estudios con el trabajo social en barrios populares. Su cercanía con prostitutas, travestis, gays, lesbianas y personas trans fue tan decisiva en la formulación de sus ideas como la crítica a los “machos” de la teología de la liberación, un fenómeno al que en las páginas que siguen caracterizará como producto de exportación que no socava los cimientos de la pobreza ni saca a Dios de su propio armario.

La vida personal de la teóloga fue tan misteriosa y múltiple como su ideología: “Althaus-Reid contó versiones muy selectivas y diferentes de la historia de su vida, incluso a sus confidentes más cercanos. Respeto su elección y no la transgrediré a sabiendas”, le dijo a la periodista Débora Campos de Revista Ñ la especialista Hannah Hofheinz, de la Universidad de Harvard.

Marcella tuvo relaciones con hombres y mujeres y hacia el final de su vida se casó con un varón, Gordon Reid, con quien residía en Edimburgo. Misteriosa, tan misteriosa como su fe. En la misma nota de Ñ, otra colega suya, Lisa Isherwood, de Gales, afirma: “Marcella era compleja y eso incluía su relación con las Iglesias. Era protestante, pero también llevaba medallas católicas y un rosario, así como una ‘imagen icónica’ de Frida Kahlo; todo ello se consideraba igual de poderoso. Cuando estábamos en Londres, teníamos que peregrinar al Museo Británico y rendir homenaje a Bast, la diosa egipcia de los gatos. Nunca supe que Marcella asistiera a ninguna iglesia con regularidad”. El 20 de febrero de 2009, día de su muerte, Escocia declaró jornada de luto.

Nuestros dioses son queer porque son lo que queremos que sean”: en esta sentencia de Marcella anida casi todo su programa evangelizador: declinar a dios en todas sus formas y romper con la imagen “decente” de la Virgen. Leer este libro para preparar la puesta de Theodora provocó en mí espasmos. Su escritura, como sus “salmos”, desestabilizan. Althaus-Reid desnuda las operaciones colonialistas que construyeron una imagen inmóvil de los símbolos católicos.

Recuerdo tirarme al piso para intentar metabolizar el nervio y la potencia con los que la autora avanza en su argumentación. A la vez, Teología Indecente es un libro cargado de humor, herramienta privilegiada para relativizar toda doxa. Y sobre todo, es un libro poético, abundante en frases operativas, “esloganeras”, con destino de pintada o remera (todo esto, lógico, es un elogio).

infobae

El análisis desmantelador que la teóloga logra de varias de las representaciones más convocantes del catolicismo latinoamericano –en este sentido, impacta la descripción de cómo se gestó el mito de la Virgen de San Nicolás y el de la Virgen de Guadalupe– encuentran en este libro sus oponentes más vitales en figuras como la Santa Librada –la “santa de las travestis”–. En palabras de la autora, “Lo que hoy es dios, es fetiche mañana”.

La “pornoteología” de Althaus-Reid reescribe esa sexualidad abundante de los textos bíblicos y, sin proponérselo expresamente, explica cómo y por qué la imaginación queer universal –las artes visuales, el cine, la indumentaria y la música– encuentran todavía hoy en la iconografía catolicona una invitación productiva para la provocación.

“El erotismo y el hambre son lugares de dolor y de liberación” dirá la autora hacia el final de este volumen, cuando la política económica del país al que vuelve para empezar a escribir esta “indecencia” muestra, una vez más, su punto más bajo. Las calles de San Telmo, barrio al que alude y en el que vivió, están llenas de vendedoras de limones que no usan ropa interior. Sin ropa interior pretende ser también su originalísimo sermón, en el que la deuda externa y la consecuente precarización remiten a un problema de “erección global”: el discurso falocrático que controla el cuerpo y la economía por igual. El “pene menguante” como imagen de la reducción general a la que la economía somete a los hombres: “El pensamiento económico heterosexual, y no el pensamiento popular, es el primitivismo que hemos de denunciar” escribe. Marcella recuerda que la dictadura militar tenía sobre todo un proyecto sexual. De él deriva un masterplán económico, pero no al revés.

¿Cuál es, en rigor, la relación entre las vidas de los santos y la pobreza? Althaus-Reid descubre que contar el padecimiento de los primeros somete a los mundanos a seguir sufriendo: “La narrativa del castigo corporal de los santos era una pedagogía divina para comprender la realidad. Vi el corazón de la gente atravesado por las espadas del hambre, la represión política y la injusticia económica”.

Teología asombrosa, honda y censurada.

Teología para recordar que, si gobierna la injusticia económica, hay que dejar de rezar.

Teología para ser indecente a toda honra. Y con orgullo.

Atención al corazón de la gente, que sigue atravesado por las mismas espadas del hambre.

Quién fue Marcella Althaus-Reid

♦ Nació en Rosario, Argentina, en 1952. Falleció en Edimburgo, Escocia, en 2009.

♦ Fue teóloga y escritora.

♦ Escribió libros como Teología indecente y El dios queer.

Quién es Franco Torchia

♦ Nació en Ensenada, Argentina, en 1976.

♦ Es escritor y periodista.

♦ Escribió libros como Te arrancan la cabeza y Orgullo y barullo.

Seguir leyendo: