El ex policía Jorge Bacigalupo, el hombre que guardó en su casa los ocho cuadernos del remisero Oscar Centeno, recordó este jueves que su entonces amigo le contó haber visto bolsos “llenos de billetes de 500 euros” en uno de sus viajes a la residencia de Olivos junto a su ex jefe y funcionario de Planificación Federal Roberto Baratta. Además, ratificó que Centeno le entregó una caja cerrada para guardar porque temía que trascendiera el contenido y que un año y medio después se la dio al periodista Diego Cabot. Recién en ese momento se abrió y vio los cuadernos, consignó al declarar como testigo en el juicio oral que se sigue a la ex presidenta Cristina Kirchner, ex funcionarios y empresarios procesados por supuestos sobornos.
Sin embargo, antes de iniciar el interrogatorio de este jueves en la Sala AMIA del subsuelo de Comodoro Py, en los tribunales federales del barrio porteño de Retiro, el presidente del TOF 7 Enrique Méndez Signori advirtió que al finalizar la jornada de la audiencia anterior había quedado un micrófono abierto y que mientras aún se grababa se llegó a escuchar un insulto. Se trataba, detalló, del abogado José Manuel Ubeira, que llamaba “hijo de puta” a alguna persona.
“Imagino que pensó que el micrófono estaba silenciado, pero lo cierto es que la frase se pudo escuchar. Desconozco la motivación del insulto y el destinatario”, agregó el juez dirigiéndose al defensor del imputado Oscar Thomas. “Corresponde exhortarlo puntualmente a que se abstenga de hacer manifestaciones que puedan resultar injuriantes o descalificatorias de cualquiera de las partes en el marco del juicio. Son impertinentes, no tienen que ver con el objeto del debate y conspiran contra el correcto y normal desarrollo de las audiencias”, advirtió Méndez Signori.
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Como respuesta, Ubeira pidió disculpas y aclaró: “Salió el nombre de Stornelli y dije: ‘Sí, ese hijo de puta’. Eso fue lo que pasó”.
Los euros y la caja
El testigo dijo que Centeno le contó que “una de las tantas veces que lo llevaba a Baratta a la Quinta Presidencial de Olivos, en el asiento de atrás tenía unos bolsos, abrió uno y vio que estaban llenos de billetes de 500 euros. Me dijo ‘tengo una tentación de robármelos y le digo ‘negro no vas a llegar vivo ni a Maipú ni Libertador, ni se te ocurra’”. Recordó el episodio ante una pregunta de Mariano Galpern, representante de la querella por la Unidad de Información Financiera.
Sobre la caja que Centeno le entregó, dijo que cuando la recibió no la abrió pero “tenía una idea clara de lo que había adentro”, expresó Bacigalupo al comienzo de su declaración como testigo en el juicio oral por el caso Cuadernos al responder preguntas de la fiscal Fabiana León.
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El testigo de 81 años ratificó que Centeno le pidió guardar la caja cerrada con cinta de embalar por los problemas que tenía por entonces con su ex pareja Hilda Horovitz. Además recordó que luego la mujer, siempre en base a lo que le contó Centeno, fue al juzgado federal de Claudio Bonadio donde tramitaba otra investigación penal por la compra de Gas Licuado en el kirchnerismo y lo denunció.
“Me enteré por boca del señor Centeno, se presenta, lo denuncia, tenían inconvenientes de pareja, lo denuncia respecto de conductas que él tenía y punto. No punto no. En un momento dado la señora Horovitz les pedía dádivas para no abrir la boca tanto al señor Baratta como al señor Centeno. Estoy repitiendo todas palabras del señor Centeno”, aclaró.
Bacigalupo refirió que “no hay ninguna prueba más allá del testimonio”. Horovitz logró los fondos para comprarse un departamento y “el señor Centeno la denunció por extorsión”, narró sobre los hechos previos que derivaron en la entrega de la caja que luego se supo contenía los cuadernos para que la guardara.
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Centeno concurrió a la audiencia y escuchaba en primera fila a Bacigalupo. De hecho al inicio y al responder las preguntas de rigor, el testigo dijo ser sargento retirado de la Policía Federal e informó que de los acusados sólo conoce al remisero arrepentido. “Al que conozco está aquí en la sala”, manifestó y lo señaló con el dedo. “Es el sargento retirado del Ejército Argentino Oscar Bernardo Centeno”.
“El señor Centeno en un momento dado me pide si le puedo guardar un material, una caja con papelería que tenía. Tenía miedo de que esto trascendiera porque estaba en problemas con Horovitz. No la abrí pero tenía una idea clara de lo que había adentro”, explicó y recordó que le preguntó a Centeno. “Son todas anotaciones que hice día a día respecto de mi trabajo”, contó que le respondió su amigo.
La apertura de la caja
Luego contó en detalle cómo y por qué le entregó la caja más de un año después al periodista Diego Cabot, que era su vecino y refirió que fue en ese momento cuando se abrió por primera vez.
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Ambos estaban en el departamento de Bacigalupo. “Tengo una caja que me entregó el chofer de Baratta. No sé qué hay adentro, está a tu disposición si querés venir a verla. Un día me dijo que sí y subimos los dos juntos a mi departamento”, refirió.
Adentro de la caja estaban los cuadernos. “Una cosa curiosa. Yo jamás puse mano en los cuadernos en ningún momento. Veo que el hombre abría los ojos como vaca mirando el tren. Me dijo: ‘¿Vos sabés lo que es esto? Es tremendo esto. ¿Qué querés hacer?“, recordó.
Bacigalupo le respondió que él hiciera lo que considerara que tenía que hacer y entonces el periodista se llevó la caja. Era enero de 2018.
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Poco después, el ex funcionario de Planificación Roberto Baratta y el ex jefe de esa cartera Julio De Vido recuperaron la libertad en la causa Gas Licuado y Centeno le pidió la caja. “¿Por qué? Tendría que responderlo él", acotó ante otra pregunta de la fiscalía.
“La caja estaba en poder de Cabot. Lo llamo y le digo que me la tiene que devolver porque Centeno me la está reclamando. Lo entretuve a Centeno con excusas hasta que Cabot me trae la caja un día. Centeno estaba en mi casa. Vivo en un tercer piso con balcón a la calle. Baja Cabot, me entrega la caja abierta, subo y se la doy a Centeno. Ahí se produce un cruce de palabras. Me dice algo así como: ‘¿Cómo que la caja está abierta?’. Le respondí: ‘Es lógico, ¿cómo no va a estar abierta? Yo tenía que saber lo que había adentro’. Entonces me dijo: ‘Vos estuviste haciendo negocios con esto’. Se fue, se llevó la caja y no lo volví a ver", refirió.
Bacigalupo contó que vio a su ex amigo una vez más luego de ese episodio, cuando fue a declarar a tribunales “sobre una propiedad que Baratta había comprado para poner un salón de fiestas. Centeno era el hombre de confianza de Baratta y seguía trabajando con él cuando dejó el Gobierno. Seguía supervisando esa obra junto con la esposa de Baratta.”, dijo.
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La declaración judicial
Luego contó cómo declaró en la causa judicial y en ese marco refirió que el fiscal federal Carlos Stornelli fue a su casa junto al periodista Cabot para hablar del tema.
Según relató, el periodista lo llamó un día para explicarle que el caso había llegado a la Justicia y era necesario que declarara como testigo. Le dijo que sí y entonces fue a su casa junto a Stornelli. “Lo pongo en conocimiento de que su amigo Oscar Centeno está preso. Es necesario que usted preste una declaración testimonial porque, sino, se nos complica la causa’, refirió Bacigalupo que le habría dicho el fiscal.
“Le respondí que sí. Cabot se ofreció a llevarme. Les dije: ‘¿Por qué no ahora?’. Y así fue: salimos de mi casa, el doctor Stornelli me trasladó a Comodoro Py y me llevó al despacho del doctor Claudio Bonadio. Allí presté esta declaración testimonial, en presencia del doctor Bonadio. "Ratifico plenamente esa declaración." Sobre ese trámite judicial mencionó que “solamente” le “quedó grabada una frase”. “Lo tenía a Bonadio sentado frente a mí y me dijo: ‘Le agradezco mucho. Si usted no hubiera declarado, esto no podía continuar’. Y agregó: ‘Esta es la frutilla que le faltaba a la torta de mi vida para completar’. Al doctor Bonadio no lo vi nunca más.”
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A la hora de preguntar las defensas buscaron saber por qué entregó la caja a un periodista y no a la Policía, como dijo poco antes que había pensado como posibilidad en un primer momento. El abogado de Roberto Baratta, Marcos Aldazábal, le preguntó por su carrera en la policía, manifestó que estuvo en el área de Asuntos Jurídicos. Luego, fue remisero y en ese marco conoció a Centeno, quien lo llevó a trabajar al Ministerio de Planificación Federal. “El ya era chofer exclusivo del señor Baratta”, refirió.
La audiencia entró en un cuarto intermedio poco después de las 11 ante un planteo vinculado al tipo de preguntas que se le hacían al testigo y retomó pasado el mediodía con el interrogatorio de las defensas.
La defensa de Baratta le preguntó si estaba al tanto de la obligación de un policía de denunciar al tomar conocimiento de un delito de acción pública, en alusión a lo que había contado sobre los dichos de Centeno vinculados a los “billetes de 500 euros” en la quinta de Olivos. “Cómo iba a denunciar un supuesto? No se olvide que el doctor Kirchner era el presidente de la Nación y Baratta el segundo de Julio De Vido, cómo lo pruebo?”, respondió.
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Los planteos previos
Al inicio de la jornada el abogado defensor del empresario Armando Loson, Ricardo Gil Lavedra, reclamó que se evite interrogar a Bacigalupo sobre la denuncia que presentó este acusado vinculada a supuestas adulteraciones en los escritos de Centeno y que tramita de manera paralela en otro juzgado penal. El ex policía tiene falta de mérito en el caso.
Bacigalupo respondió preguntas bajo juramento de verdad ante el Tribunal Oral Federal 7 pero llegó a la audiencia mientras continúa bajo investigación en esta otra causa paralela que busca determinar si hubo adulteraciones en las anotaciones originales de Centeno y si él fue el responsable.
Bacigalupo y Centeno
El caso Cuadernos nunca hubiera llegado a Comodoro Py de la manera en que lo hizo de no ser por la decisión que tomó Bacigalupo un año y medio después de recibir los escritos de Centeno en una caja. Le pidió que se los cuidara porque temía un allanamiento en su casa por otra causa penal, Gas Licuado, en la que su pareja hasta entonces, Horovitz, había ido a declarar y mencionó la existencia de bolsos, recorridas y anotaciones al respecto.
Bacigalupo y Centeno se conocían del trabajo en una remisería. En enero de 2018 el primero le dio la caja al periodista de La Nación, Diego Cabot.
Desde que comenzó el juicio oral, el arrepentido Centeno guardó silencio. Asistió a unas pocas audiencias, entre ellas la de la declaración de Cabot. Sólo tomó notas sentado junto a su defensor oficial. Pero durante la investigación que estuvo a cargo del fallecido juez federal Claudio Bonadio y del fiscal Carlos Stornelli dijo en su indagatoria que entregó sus escritos a Bacigalupo porque quería “resguardarlos” de su ex pareja en una relación que andaba mal.
Su ex jefe en el ministerio de Planificación Federal Roberto Baratta estaba detenido en la causa Gas Licuado. Cuando fue excarcelado, Centeno le reclamó los cuadernos a Bacigalupo. Fue entonces que el periodista los fotografió para luego devolverlos. Se perdió el rastro y tiempo después, cuando el caso ya estaba en instancia de juicio oral, Cabot recibió un llamado de un desconocido que lo citó para devolverle seis de los ocho cuadernos originales, según contó en el juicio oral.
Esa documentación fue llevada al fiscal Stornelli, quien los remitió al TOF7 y desde entonces se guardaron en una caja fuerte en la sede del Tribunal, en el Palacio de Justicia. De allí salieron rumbo a Comodoro Py por primera vez y mucho tiempo después, cuando comenzaron las declaraciones de los testigos de manera presencial.
“Mi amigo se perjudicó él, no yo”
En otro pasaje del largo interrogatorio al ex sargento retirado de la Policía Federal, el defensor José Manuel Ubeira, tomó la palabra para sumarse a la ronda de preguntas. Allí le consultó al testigo si, al momento de entregarle los cuadernos al periodista Cabot no había evaluado si con esa acción podía llegar a perjudicar “a su amigo Centeno”. Bacigalupo contestó: “Mi amigo se perjudicó él, no lo perjudico yo”.
Ubeira insistió con la consulta. “Yo lo que evalué era el daño que se provocó a nuestro país. Si Centeno tiene un perjuicio, él es el causante, no yo, ¿está claro?“, respondió.
“¿Usted consideraba que él era parte de la maniobra?“, continuó el abogado. “Sí, porque él fue el autor de llevar esa correlatividad de los hechos que sucedieron. ¿Cuál era el fin por el que Centeno lo hizo? Pregúnteselo a Centeno”, expresó el testigo de 81 años.
Luego Bacigalupo comentó que al enterarse de la detención del autor de las anotaciones pensó que era “lo lógico”, ya que “estaba bien consciente de lo que sucedía” tras consignar “como en un libro de guardia” los distintos viajes y pagos.
“Acá hay una responsabilidad sobre lo producido en los cuadernos y lo que hoy se está juzgando; hay una responsabilidad muy grande que nos afectó a todos los que estamos en este país, a los que vivimos acá. Vuelvo repetir: a todos”, aseveró el testigo.
Cuarto intermedio mediante para almorzar, otro de los defensores que pidió la palabra fue Gabriel Palmeiro, representante de Julio De Vido y Juan Pablo Schiavi, quien solicitó más precisiones respecto a lo que Centeno le había contado a Bacigalupo respecto al contenido de los “apuntes” que guardó durante meses en su dormitorio a pedido de su dueño. “Yo no tuve acceso a los cuadernos: lo que sabía respecto a ellos, lo repito por enésima vez, fue lo que Centeno me dijo (...); que anotaba todo lo que sucedía en el trabajo día por día. El fin específico de esos cuadernos no lo sé y nunca me lo dijo”.
Poco después, respecto a la entrega del material, aclaró: “Todos los acontecimientos -relatados- en los cuadernos justifican lo que yo hice”.
Suspensión de la audiencia
Tras casi ocho horas de declaración testimonial y luego de un nuevo receso solicitado por el testigo, el Tribunal Oral Federal N° 7 porteño decidió interrumpir la audiencia y retomarla el próximo martes a las 9 de la mañana. La determinación fue comunicada por el presidente del tribunal, Enrique Méndez Signori, quien fundamentó la medida en la extensión de la jornada, el cansancio acumulado y la necesidad de resguardar el normal desarrollo del debate.
“El tribunal tomó la decisión de suspender la audiencia en esta oportunidad y continuar el martes próximo en razón de distintas circunstancias que ha ponderado”, señaló el magistrado al cierre de la jornada. A continuación, precisó que “la declaración se ha extendido por casi 8 horas” y remarcó que el testigo, Jorge Bacigalupo, “tiene 81 años”, lo que “genera, obviamente, la fatiga tanto para el declarante como para todas las personas presentes en esta sala y conectadas de manera virtual”.
Méndez Signori, acompañado por los jueces Germán Castelli y Fernando Canero, indicó además que durante la extensa exposición el testigo “se ha explayado largamente sobre los temas centrales por los cuales ha sido convocado para este debate” y advirtió que, hacia el final de la jornada, comenzaron a aparecer “precisiones de las defensas que no han tenido oportunidad de preguntar”, situación que derivó en incidencias y demoras adicionales.
“En razón de la confusión que puede generar en el testigo a partir del cansancio derivado de estas 8 horas, entendemos que es razonable hacer una suspensión en este momento de este acto y continuar el martes próximo”, añadió el titular del debate.
En ese contexto, el magistrado exhortó a las partes a formular preguntas concretas y evitar reiteraciones durante la sesión prevista para la próxima semana. “Les pido a las partes que en la audiencia que comenzará el martes a las 9 horas sean precisas en las preguntas y evitemos reiteraciones sobre lo que ha declarado largamente en estas 8 horas”, manifestó Méndez Signori, quien consideró que de esa manera “se va a asegurar plenamente el ejercicio de la defensa”.
Durante el intercambio posterior, la abogada Laura Fechino, defensora de Hernán Gómez, consultó si existía la posibilidad de habilitar una audiencia excepcional para este viernes, al sostener que “la incomunicación del testigo es la norma”. Sin embargo, el planteo fue rechazado en el acto. “El tribunal tiene una agenda sumamente compleja, así que, como dije, nos vamos a volver a ver el día martes a las 9 horas. Los planteos pendientes formulados por las partes quedan para la audiencia próxima”, respondió Méndez Signori.
Antes de finalizar la jornada, el abogado Carlos Beraldi, defensor de Cristina Kirchner, pidió que, “en la medida de esta reprogramación”, también se reorganice “la agenda de los próximos testigos”.
Hasta antes de la suspensión dispuesta por el TOF 7, el cronograma del juicio preveía que el próximo 19 de mayo compareciera Hilda Horovitz, ex pareja del chofer Centeno. Para el 21 de mayo estaban convocados la ex secretaria de Néstor Kirchner Miriam Quiroga, Julio César Silva, Ignacio Laplacette y Orlando Ramón Jancik.
En tanto, el 26 de mayo tenían previsto declarar el ex ministro de Economía Roberto Lavagna, el financista arrepentido en la causa conocida como la “ruta del dinero K”, Leonardo Fariña, y la ex diputada Mariana Zuvic.
La causa por las adulteraciones
En ese expediente, la Sala I de la Cámara Federal de Buenos Aires revocó el procesamiento que pesaba sobre el ex policía Bacigalupo por los delitos de encubrimiento agravado y falsificación de documento público, y le dictó una falta de mérito.
En esa decisión, se consideró “imperioso” que el tribunal oral que tiene bajo resguardo los cuadernos originales los remita para realizar una nueva pericia caligráfica que permita determinar si las adulteraciones detectadas fueron realizadas por Bacigalupo.
En paralelo, el empresario querellante en esa denuncia y uno de los juzgados ahora en el debate oral Armando Losón puso el foco en las conclusiones del peritaje realizado sobre los cuadernos originales, actualmente bajo custodia del Tribunal Oral Federal 7. Su abogado, Ricardo Gil Lavedra, había pedido sostener el procesamiento “más allá de que no podía afirmarse categóricamente la autoría de Bacigalupo en las diversas enmiendas halladas”.
El juicio se desarrolla ante los jueces Fernando Canero, Germán Castelli y Enrique Méndez Signori.
El debate oral comenzó el 6 de noviembre del año pasado. La ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner está siendo juzgada como presunta jefa de una asociación ilícita que habría funcionado dentro del Poder Ejecutivo Nacional entre 2003 y 2015. También está acusada por 205 hechos de presunto cohecho pasivo, vinculados al supuesto pago de sobornos por parte de empresarios para obtener adjudicaciones de obra pública.
Junto con la ex mandataria se juzga a 19 exfuncionarios, dos de sus choferes y 65 empresarios.