Mientras siguen detenidos a la espera de que se resuelva su situación procesal, los dirigentes del kirchnerismo y empleados del Senado bonaerense Nicolás Rodríguez y Daniela Silva Muñoz están cada vez más complicados. En las últimas horas los imputaron por otros cinco episodios de abuso sexual, entre los que hay dos nuevas víctimas incorporadas a la causa.
Rodríguez y Silva Muñoz son pareja y lideraron la agrupación Movimiento Ciudadano La Capitana hasta que fueron detenidos el 30 de diciembre último. Habían sido denunciados por primera vez en 2019.
Aunque desde hace años orbitan sospechas a su alrededor, nada les impidió ganar espacios políticos ni consolidarse dentro de la Legislatura de la provincia. Él, además, siguió ejerciendo como docente y ella fue precandidata a concejala en 2021, por el Frente de Todos.
Una rama de la investigación que lleva adelante la fiscal bonaerense Betina Lacki, de hecho, apunta a esclarecer si hubo funcionarios que sabían de los abusos sexuales y miraron para otro lado. O peor aún: si ayudaron a ocultarlos activamente.
Nuevos casos
Según pudo saber Infobae de fuentes con acceso al expediente, las nuevas denunciantes son dos mujeres que compartieron militancia con los detenidos. Los abusos sexuales que describieron habrían ocurrido en 2015, y serían los primeros en la línea de tiempo que va tomando forma en la investigación.
Sus testimonios se incorporaron a la causa abierta en 2019, que no había tenido avances significativos hasta ahora. En este expediente, la fiscal Lacki consiguió en las últimas horas que la Justicia ordene la detención de Rodríguez y Silva Muñoz.
Además de ser una formalidad -dado que ya estaban bajo arresto por la causa más reciente, de julio de 2025- ese fallo extendió el plazo para reunir más pruebas antes de definir si se avanza con la prisión preventiva de los detenidos.
Hoy la pareja de dirigentes kirchneristas platenses tenía programada su citación a indagatoria, pero al cierre de este artículo aún no se habían sentado ante la fiscal.
Las nuevas víctimas no hablaron de la secta que sí mencionaron otras mujeres, que coincidieron en que Nicolás Rodríguez decía ser un “Dios Kiei” y Daniela Silva Muñoz la “sensei” de “La Orden de la Luz”, una organización mística de la cual, al menos por ahora, no se conocen más participantes que los imputados y las denunciantes.
En cambio, relataron múltiples hechos de abusos que se originaron a partir de sus vínculos en la militancia, y remarcaron la relación de poder que había entre ellas y sus referentes políticos.
Entre los cinco hechos, la fiscal Lacki identificó los siguientes delitos: abuso sexual con acceso carnal agravado por haber resultado un grave daño en la salud mental de la víctima, privación ilegal de la libertad y violación de domicilio.
Tal como ya habían dicho otras mujeres, Rodríguez habría entrado a las casas de las víctimas para abusar de ellas. Formalmente, hay dos damnificadas reconocidas en la causa de 2019 y otras dos en la de 2025, pero se conoce que hay más denunciantes que habrían sufrido los ataques sexuales.
Las denuncias
Los empleados del Senado, que cumplían funciones bajo el ala de la Presidencia de la Cámara, tenían un modus operandi: buscaban adolescentes, o chicas apenas egresadas de la secundaria. A algunas les ofrecían pasantías laborales en el Estado o becas financiadas, supuestamente, por el palacio legislativo. A otras llegaban solo gracias a su posición en la militancia.
Una de ellas relató que en 2016 -mientras era menor- conoció a la pareja de dirigentes, con quienes compartió el Encuentro Nacional de Mujeres que se realizó en Rosario, durante el mes de octubre. Desde entonces empezó su calvario.
A su regreso de Santa Fe, Rodríguez la presionó para volver a verse. Se encontraron en un departamento de La Plata y, de acuerdo a la reconstrucción de la denunciante, la forzó a practicarle sexo oral: “Agarró dos cuchillos y una navaja, se acercó a mí y hacía malabares, diciendo que sabía usarlos y que tenía muchos más”, precisó en su declaración.
Este tipo de amenazas con armas blancas fue una constante en los relatos aportados ante la Justicia.
Uno de los casos denunciados, incluso, describió episodios de abuso sexual dentro del Senado bonaerense.
Una vez que convencían a las jóvenes por el lado laboral, militante o educativo, entraba en juego lo místico.
En su rol de “sensei” o maestra espiritual, Silva Muñoz -según dijeron las denunciantes- era quien coordinaba los encuentros sexuales y quien las convencía de que debían satisfacer los deseos del líder para alcanzar un propósito superior. Habría facilitado el acceso de su pareja a las víctimas e incluso habría sido testigo presencial de algunos hechos de abuso.
La dirigente kirchnerista está imputada como partícipe necesaria de los abusos sexuales agravados.
Al dictar la primera orden de detención, en diciembre, el juez de Garantías Juan Pablo Masi consideró que hay pruebas suficientes para afirmar que “las víctimas eran encerradas evitando que puedan escapar de la situación y así poder abusarlas, siendo que en los hechos de acceso carnal (Rodríguez) no utilizaba preservativo y luego de ello, comenzaba a acosarlas y perseguirlas”.
Mientras que Daniela Silva Muñoz, según resolvió el magistrado, “era la referente de género de todas las femeninas de la agrupación. Sin embargo, en vez de cuidarlas, en clara oposición a las funciones que debería llevar a cabo”, como la erradicación de la violencia contra las mujeres, “persuadía a las integrantes de su agrupación a presentarse en su domicilio o en la propia oficina del Senado, dejándolas encerradas con Nicolás para que éste abusara de ellas, siendo que en otras oportunidades, hasta participaba de los abusos”.