Los cuadernos de las coimas a juicio: el financista del poder K que contó todo

Ernesto Clarens admitió: “Las empresas enviaban a alguien a mi oficina, otros más cercanos al poder iban directo a la cúpula”. Su historia: de una casa de cambios en Río Gallegos a ordenar las cuentas negras de la corrupción

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Ernesto Clarens, en una foto obtenida por la Justicia federal

Este 6 de noviembre, si su oferta ante el Tribunal Oral Federal N°7, el financista Ernesto Clarens será un imputado más en el juicio de los cuadernos de las coimas, acusado de ser un organizador de la asociación ilícita encabezada por Cristina Fernández de Kirchner y Julio De Vido, dedicada a recaudar millonarios sobornos para aceitar la máquina de la obra pública.

Para cerrar la causa en su contra, Clarens propuso entregar un departamento en Miami y un yate amarrado en la misma ciudad, a los que valuó en un millón y medio de dólares. Difícil que esa oferta prospere. La fiscal acusadora del proceso, Fabiana León, y el fiscal federal Paul Starc -titular de la UIF, querellante en el caso- se opusieron férreamente al sobreseimiento por plata de los imputados. Además, el juez Claudio Bonadío había ordenado seis meses antes de morir que le decomisaran a Clarens, precisamente, un departamento y un yate, una ironía de tantas en esta historia.

Durante casi una década, el financista -hoy jubilado a sus 74 años de edad, con una cobertura del PAMI- ordenó la recaudación de la plata negra del poder, al menos según la acusación en su contra. Había comenzado en el mundo del dinero a fines de los años 80, luego con una pequeña casa de cambios en Río Gallegos a comienzos de siglo. Fue monotributista durante un tiempo. Luego, fundó empresas como Patagonia Financial Services, o su otra financiera, InverNes. Terminó en el caso de los Pandora Papers, cuando se lo vinculó a una sociedad offshore en Bahamas para operar una cuenta en Suiza.

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La confianza de la cúpula kirchnerista en Clarens parecía casi total. En su confesión, José López, ex secretario de Obras Públicas convertido en un arrepentido del caso, recordó: “Clarens era un cambista que las empresas buscaban para cambiar de pesos a euros y/o dólares".

Calentá que jugás: Clarens, en una inusual foto íntima

Carlos Wagner, empresario y ex titular de la Cámara de la Construcción, acusado de ser otro organizador de la asociación ilícita -y que, al contrario de Clarens, no hizo oferta alguna para zafar- reconstruyó el rol del hombre de la plata. Las mayúsculas le pertenecen al expediente:

“Entre los años 2004 y 2005 el esquema era muy confuso y los funcionarios decidieron que se hiciera cargo el señor Ernesto CLARENS, que tenía una oficina en la calle Maipú de CABA, que podría identificar si hace falta no recuerdo la dirección exacta. El encargado de percibir las contribuciones políticas empezó a ser CLARENS. El que indicó que el que iba a cobrar era José LÓPEZ, siendo que CLARENS era el que recibía a todos los empresarios. CLARENS participó de los cobros hasta el año 2010 que fue el fallecimiento de Néstor KIRCHNER”.

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En 2012, dos años después, Clarens mudó su oficina a Puerto Madero, cerca del hotel Hilton.

Y en agosto de 2018, seis años más tarde, cuando los cuadernos de Centeno llegaron a Comodoro Py, cuando InverNes era allanada, cuando los empresarios que aportaban a la máquina se arrojaban como arrepentidos, toda esa confianza no sirvió de nada. Clarens fue a Comodoro Py, pactó con el fiscal Stornelli y -en el marco de la Ley 27304, la Ley del Arrepentido, que permite reducir la pena de un imputado colaborador- cantó.

Carlos Wagner, enlace de Clarens con la cúpula K, y Cristina Kirchner

La canción

Según escribió el fiscal Stornelli en uno de sus pedidos de elevación a juicio, el financista “indicó que en 2005 fue convocado por WAGNER para encargarse de la recaudación del sistema implementado a instancias del Ministerio de Planificación Federal” conducido por Julio De Vido “para lo cual él iba a hacerse cargo de la parte financiera. CLARENS recibía el dinero que canalizaba después para los funcionarios, dándole un marco organizativo al sistema implementado, al cambiar los pesos por los dólares en el mercado informal”.

El financista, marcado como el “arrepentido número 71″ en el expediente, unió los nombres en el mapa K:

“A mediados del año 2005, estando acá, me convoca Carlos WAGNER, para entonces presidente de la Cámara de la Construcción, a una reunión en la Cámara Argentina de Empresas Viales (…) y me informó que el Gobierno nacional había decidido obtener fondos de la obra pública a través de una operatoria que demandaba mi intervención en la recepción de los mismos de parte de algunas constructoras en concepto de pago de aportes o retorno y que debía ocuparme de que le lleguen al Secretario de Obra Pública, José LÓPEZ, o quien éste me indique”.

José López, segundo enlace de Clarens, junto a Julio De Vido, también acusado en el caso Cuadernos

“Yo conocía a José LÓPEZ”, continuó, “de mi trabajo en Rio Gallegos y tenía con él una buena relación. Ese mismo día WAGNER se lo comunica a los empresarios que estaban presentes. En ese contexto, me indicó a Daniel Muñoz como la persona que se ocuparía de recibir el dinero de mi parte”.

Daniel Muñoz, fallecido en 2016, era el secretario privado de Néstor Kirchner. Su nombre atraviesa toda la historia de los cuadernos, un maletero de elite, que llevaba bolsos de aquí para allá, el dinero que Baratta y otros cobraba, en vuelos al sur, en citas con el chofer Centeno. También, jugó un rol de notable importancia en la presunta trama de lavado del caso. Su muerte extinguió cualquier acción penal en su contra.

“Esporádicamente, tomaba una habitación en el Hotel Panamericano... porque yo vivía en Pilar, y ya que estaba ahí lo veía a MUÑOZ y si tenía para entregarle, le daba”, recordó el financista.

Daniel Muñoz y Néstor Kirchner

Todos pasan

“Conmigo comenzó la siguiente operatoria. Las empresas enviaban a alguien a mi oficina, primero en Maipú 311, piso 2 de esta ciudad, -luego nos mudamos a Manuela Sáenz 323, piso 7, oficina 703, de esta ciudad-generalmente los propios titulares, o a alguien de confianza, gerentes financieros, contadores, u otros, en algunos casos iba yo a algunas empresas”, siguió Clarens. Así, recordó con nombre y apellido a una decena de hombres de confianza de empresarios imputados del caso, por ejemplo, un hombre de IECSA, la firma de Ángelo Calcaterra, primo de Mauricio Macri.

Otras empresas más cercanas al poder, sin embargo, no pasaban por Clarens: iban directo a la cúpula, aseguró.

Al final, Clarens habló de números:

Septiembre de 2018: Clarens, en una visita a Comodoro Py (Julieta Ferrario)

“El monto dependía de la recaudación, eran alrededor de 300.000 dólares por cada entrega y con frecuencia semanal (…). El monto que me entregaban era el 10 por ciento de lo que habían cobrado…Yo me ocupaba de cambiar los pesos por dólares en el mercado informal".

Clarens habló, incluso, de supuestos retornos que recibía Néstor Kirchner como gobernador en Santa Cruz. “Lo mismo de allá se repitió acá, es decir el formato de retorno, una vez que KIRCHNER fue presidente”, aseveró. Sin embargo, no rozó a CFK en su declaración.

Irónicamente, el juez Julián Ercolini lo procesó en noviembre de 2020 por lavado de dinero, acusado de reciclar más de $500 millones derivados de la obra pública durante el kirchnerismo, plata vinculada a Lázaro Báez.

De vuelta al juicio de los cuadernos, no será necesario que Clarens repita su canto otra vez ante las caras del Zoom de la audiencia: al igual que los relatos de otros arrepentidos, su testimonio delator será incorporado por lectura.

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