La Comisión Reguladora de Energía Eléctrica (CREE) confirmó un nuevo ajuste tarifario de la energía eléctrica que regirá desde el 1 de julio de 2026 durante el tercer trimestre y alcanzará a los usuarios de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE), según informó el comisionado Leonardo Deras.
El ajuste responde al mecanismo de revisión trimestral establecido por ley y a variaciones en los costos de generación, el precio de los combustibles y la depreciación del lempira frente al dólar, factores que inciden en el valor final del servicio.
Deras explicó que el aumento obedece a la fórmula tarifaria vigente, aunque no precisó el porcentaje exacto, que será oficializado en los próximos días.
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La nueva tarifa estará vigente entre julio, agosto y septiembre de 2026 y se suma a las modificaciones aplicadas en los dos primeros trimestres del año.
Durante el primer trimestre de 2026, la tarifa promedio aumentó 4,11%, equivalente a unos 19 centavos de lempira por kilovatio hora, según datos de la CREE. En el segundo trimestre, el ajuste fue de 10,49%, lo que representó aproximadamente 0,51 lempiras adicionales por kilovatio hora.
El costo de la energía eléctrica mostró una tendencia ascendente durante el año, con impacto en los hogares y en los costos operativos de las empresas.
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La ENEE y las reformas
Los ajustes tarifarios ocurren en medio del debate sobre la estructura del sector eléctrico y el futuro de la ENEE, que continúa operando bajo presiones financieras y técnicas.
El secretario de Energía, Eduardo Oviedo, señaló que los intentos de reforma del sistema eléctrico han sido recurrentes en la última década, aunque con resultados limitados en su implementación.
Según el funcionario, en 2014 se impulsó una reforma orientada a abrir el sector a la competencia, pero muchas de sus disposiciones no llegaron a ejecutarse plenamente. En 2022, el enfoque cambió hacia un modelo con mayor control estatal, lo que redefinió la estructura del sistema eléctrico.
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La ENEE sigue enfrentando desafíos relacionados con su sostenibilidad financiera, su capacidad de inversión y la creciente demanda de energía en el país.
Según Kevin Rodríguez analista en temas energéticos la combinación entre ajustes recurrentes y la falta de reformas estructurales mantiene en el centro del debate el equilibrio entre la estabilidad del servicio, la inversión en infraestructura y el costo que asume el consumidor.
En este contexto, el comportamiento de las tarifas eléctricas se ha convertido en uno de los principales indicadores del costo de vida en el país, especialmente en un entorno donde los ingresos de los hogares no crecen al mismo ritmo que los servicios básicos.
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Esto ha intensificado la presión sobre la economía familiar, en particular en sectores urbanos y productivos que dependen del consumo constante de energía.
A la vez, el debate sobre el futuro del sistema eléctrico continúa abierto, con posturas que van desde la necesidad de una reforma estructural profunda hasta llamados a revisar el esquema tarifario y fortalecer la eficiencia operativa de la ENEE. Mientras tanto, el impacto de cada ajuste sigue trasladándose de forma directa al consumidor final, que año tras año absorbe las variaciones del mercado energético.