La tarde de ayer viernes 29 de mayo parecía cerrar una jornada habitual en el Instituto Polivalente Brisas del Valle, en Cofradía, Cortés. Sin embargo, minutos antes de las 5:00 p.m., el silencio del centro educativo se rompió por completo. Las alarmas se encendieron y el rumor se convirtió en una pesadilla real: el cuerpo sin vida del licenciado Víctor Fiallos, director de la institución, yacía dentro del plantel que por años fue su segundo hogar.
La primera versión que corrió como pólvora entre la comunidad fue devastadora: un presunto suicidio por asfixia por suspensión. El propio subcomisario de Policía y portavoz de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI), Juan Alexander Sabillón, declaraba inicialmente el hallazgo de un hombre sin vida bajo esa aparente premisa.
La noticia caló hondo en el norte de Honduras, especialmente porque ocurría apenas 24 horas después de la trágica pérdida de la menor Violeth Eunice Acosta, sumiendo a la región en un luto consecutivo. Sin embargo, para quienes conocían al profesor Fiallos, la hipótesis del suicidio no encajaba con el hombre que dedicó su vida a la enseñanza, a sembrar valores y a guiar a cientos de jóvenes. Sus alumnos, con el corazón roto, se negaban a creerlo.
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Alrededor de las 11:00 de la noche, el giro en la investigación criminal dio paso a la indignación absoluta. Tras una minuciosa inspección forense del Ministerio Público y el análisis de la escena, el subcomisario Sabillón confirmó la cruda verdad: a Víctor Fiallos lo asesinaron.
“Se puede confirmar que es una muerte de manera homicida. Los indicios en el escenario nos indican que los hechores modificaron la escena para hacernos creer que se trataba de un suicidio”, reveló el portavoz policial.
Los criminales no solo le arrebataron la vida al educador utilizando un arma blanca, sino que estructuraron una macabra puesta en escena. Colocaron un cable para simular el ahorcamiento y dejaron una supuesta carta suicida al lado del cuerpo. Una nota falsa, redactada por los mismos agresores, en un burdo intento de desviar la atención de los investigadores y sellar la impunidad.
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Las aulas bajo fuego: La delincuencia no da tregua en Honduras
Mientras la verdad salía a la luz, a las afueras del instituto se congregaba una multitud. Docentes, alumnos y pobladores aguardaban bajo la noche. Cuando el vehículo forense comenzó a avanzar para trasladar el cuerpo, el llanto se mezcló con un sonido unísono y poderoso: un aplauso cerrado y prolongado.
Así despidió Cofradía a su director. Con la dignidad que los asesinos quisieron robarle. Los estudiantes, entre lágrimas, expresaron su repudio ante la saña con la que apagaron la vida de un buen docente. “Te amamos Fiallos, siempre el mejor”, manifestaba visiblemente conmovido Jesster Campbell, reflejando el sentir de una comunidad que hoy se encuentra profundamente consternada.
El asesinato de Víctor Fiallos no es solo una tragedia comunitaria; es el síntoma de una realidad nacional alarmante. La delincuencia en Honduras sigue avanzando sin mermar, rompiendo los pocos espacios que solían considerarse sagrados: los centros educativos.
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Hoy, las escuelas y colegios ya no solo enfrentan la falta de recursos, sino la violenta intrusión de la criminalidad organizada o común que se atreve a ingresar a las aulas para apagar la vida de quienes forman el futuro del país. Esta alarmante realidad se recrudece aún más al recordar el reciente e indignante asesinato de los tres estudiantes, una tragedia que evidencia que ni los alumnos ni las autoridades académicas están a salvo.
Por ahora, el clamor en Cofradía y en toda Honduras es el mismo: justicia total. La comunidad exige una investigación transparente y exhaustiva que no se detenga ante el montaje criminal, que capture a los verdaderos responsables y que devuelva la paz a las aulas.