El Congreso Nacional de Honduras definió sanciones de hasta 15 días sin salario para los diputados que participen en insurrecciones o comportamientos que perturben el desarrollo regular de las sesiones. Esta medida responde a repetidos episodios de disturbios recientes relacionados con el debate de un juicio político.
La resolución establece que las sanciones podrán aplicarse a legisladores involucrados en zafarranchos, agresiones físicas o verbales, interrupciones deliberadas y otras conductas que atenten contra la integridad del proceso parlamentario. El reglamento, difundido por las autoridades legislativas, define los criterios para evaluar estos casos. El presidente Zambrano señaló: “El objetivo principal es mantener el orden y garantizar el normal desarrollo de las sesiones legislativas”.
La disposición surge como respuesta a los incidentes ocurridos durante la introducción de una denuncia de juicio político, cuando legisladores del partido Libertad y Refundación (Libre) encabezaron enfrentamientos que llevaron a la suspensión de la actividad parlamentaria, conforme a lo informado por el Congreso Nacional. Estos incidentes, registrados durante el tratamiento de temas sensibles, han deteriorado la imagen pública del Poder Legislativo.
Los desórdenes en el Congreso Nacional de Honduras no constituyen un fenómeno nuevo. Durante legislaturas anteriores se han registrado enfrentamientos físicos, lanzamiento de objetos, ocupaciones de la junta directiva y bloqueos de acceso al pleno, situaciones que forzaron la suspensión de sesiones o el traslado de debates a sedes alternas, detalló el Congreso Nacional en sus reportes.
Uno de los antecedentes más notorios ocurrió cuando disputas por el control de la junta directiva terminaron en gritos y empujones entre congresistas. En otra oportunidad, la discusión de reformas clave motivó a grupos de diputados a tomar el hemiciclo, lo que generó un ambiente de caos ampliamente criticado por la opinión pública y refrendado por crónicas legislativas.
Otras formas de protesta, como el uso de pancartas y megáfonos, se han vuelto habituales, afectando la continuidad del trabajo parlamentario y el prestigio institucional.
La acumulación de estos incidentes ha elevado la presión de la sociedad civil y distintos sectores ciudadanos, quienes han recriminado que el desorden legislativo impacta en la credibilidad del Congreso y desvía la atención de los temas de interés nacional, recogen informes del propio órgano parlamentario.
Aunque la normativa prevé sanciones claras, analistas han advertido que su eficacia dependerá de que la regulación se lleve a cabo sin distinciones de partido ni sesgo político. El propio Congreso Nacional reconoce este reto y subraya la necesidad de que las autoridades legislativas apliquen las sanciones de manera consistente y equitativa.
La resolución también promueve un enfoque preventivo, aspirando a que los diputados actúen durante las sesiones con mayor responsabilidad y conciencia sobre las consecuencias de sus actos. Según el presidente Tomás Zambrano, reforzar el respeto a las normas internas es fundamental para que el Congreso se mantenga como un espacio de debate democrático y convivencia institucional.
Distintas voces dentro del organismo legislativo insisten en que un cambio de actitud por parte de los diputados, privilegiando el diálogo y la búsqueda del consenso, es indispensable para que el congreso hondureño recupere su capacidad de atender con eficacia la agenda nacional y brinde estabilidad política al país.