Catalina Vásquez Vásquez, de 55 años, fue asesinada dentro de su vivienda, donde se encontraba con su hijo menor, un adolescente de 16 años.
Un hombre del sector, de 36 años y conocido por la familia desde hace más de 15 años, irrumpió violentamente en la casa. El hijo mayor de la víctima relató que el agresor forzó la entrada cerca de la medianoche, rompiendo parte de la estructura antes de atacar a Catalina con un machete, según el informe forense preliminar.
El adolescente intentó defender a su madre y también fue agredido, sufriendo heridas de gravedad que lo mantienen hospitalizado bajo atención médica. El hermano mayor señaló que la reacción del joven fue un acto instintivo al ver a su madre en peligro, lo que agrava el impacto emocional y la desintegración de la familia.
Menos de 24 horas después del crimen, agentes de la Unidad Metropolitana de Prevención No. 14 (UMEP-14) y del Departamento de Femicidio de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI) detuvieron al principal sospechoso en la misma zona donde ocurrió el asesinato. Durante el operativo, se decomisó el machete que habría sido empleado en el ataque. El detenido fue remitido a la Fiscalía de Turno y enfrentará cargos por femicidio agravado y asesinato en grado de tentativa inacabado, debido a las heridas infringidas al menor.
Las autoridades hondureñas informaron que continúa el proceso de investigación, con énfasis en la recolección de pruebas y declaraciones que permitan esclarecer completamente los hechos y determinar si existen antecedentes formales contra el acusado.
Familiares de la víctima indicaron que el acusado había mostrado conductas violentas en otras ocasiones y se rumoraban intentos previos de agresión en la comunidad, aunque las denuncias nunca se formalizaron ante las autoridades. La familia consideró que reportar estos incidentes podría haber prevenido el desenlace fatal.
La captura inmediata del presunto agresor buscó calmar a la comunidad y garantizar que el proceso de justicia avance. El caso sigue bajo escrutinio de organismos estatales y de la sociedad civil.
A la tragedia familiar se sumaron dificultades administrativas para reclamar el cuerpo de Catalina en la morgue. El hijo mayor explicó que, debido a inconsistencias en los documentos de identidad y a que no comparte el mismo apellido que su madre, las autoridades exigieron documentación adicional para verificar el parentesco. El joven debió gestionar la partida de nacimiento para poder avanzar con el trámite y dar sepultura a su madre, lo que prolongó la angustia durante el duelo.
El asesinato de Catalina Vásquez Vásquez se inscribe en una tendencia nacional alarmante. En 2025, 270 mujeres fueron asesinadas en Honduras, según el Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, y solo en los primeros meses de 2026 se contabilizan al menos 33 muertes violentas de mujeres. Muchas de estas muertes son clasificadas como femicidio y revelan la vulnerabilidad de las mujeres, incluso dentro de sus propios hogares y a manos de personas cercanas.
Organizaciones sociales y autoridades reconocen la urgencia de fortalecer la prevención, fomentar la denuncia de conductas violentas y mejorar la capacidad de protección y seguimiento por parte del Estado. La cercanía entre víctima y victimario, evidenciada en este caso por los vínculos de convivencia en la comunidad, añade un desafío adicional a la intervención oportuna y la justicia.