El acto, celebrado en el Congreso Nacional de Tegucigalpa, se ha desarrollado bajo principios de austeridad y con la ausencia deliberada de mandatarios extranjeros, en un gesto que busca priorizar el ahorro de recursos en un contexto de fuertes demandas sociales y limitaciones presupuestarias.
La decisión de no transmitir la sesión por cadena nacional obligatoria permitió a cada medio decidir de forma independiente su cobertura, dotando a la ceremonia de un carácter menos protocolario respecto de anteriores investiduras.
El propio Asfura insistió en la necesidad de centrar los esfuerzos estatales en resolver los problemas diarios de la ciudadanía. “El tiempo empezó a correr. No podemos perder; tenemos que resolver los problemas de la gente”, sostuvo ante los legisladores y asistentes, reiterando así la urgencia de respuestas concretas en materia de seguridad, empleo y combate a la corrupción.
Durante la sesión solemne, Asfura recibió la banda presidencial de manos de su esposa, Lissette del Cid, en un acto que combinó elementos protocolarios tradicionales con un marcado simbolismo familiar.
Sus hijas sostuvieron la Biblia y la Constitución en el momento de la juramentación, en presencia de familiares, autoridades civiles y religiosas. Cadetes de la Escuela Francisco Morazán rindieron los honores, mientras el himno nacional y las oraciones de líderes religiosos reforzaron el carácter espiritual y legal del evento.
“No más división, no más insultos”
Uno de los mensajes centrales en el primer discurso de Asfura como jefe del Ejecutivo estuvo dirigido a la reconciliación política y social: “no más división, no es con insultos, venganza u odio que vamos a salir adelante. Los hondureños queremos paz y prosperidad”.
Bajo esta premisa, convocó a dejar atrás las diferencias partidarias y a trabajar de manera conjunta con todos los sectores, extendiendo una invitación explícita a los 298 alcaldes del país para abordar las políticas de descentralización y gobernanza local, sin distinción de filiación política.
En el mismo sentido, Asfura subrayó la orientación de su administración hacia la austeridad y la eficiencia. Declaró que “la reducción del Estado será para tener mayor eficiencia y dedicar recursos a atender a la población”, anticipando reestructuraciones en el aparato estatal con el propósito de canalizar más fondos al bienestar social.
Este anuncio establece el tono de un gobierno que busca distinguirse por resultados tangibles y una gestión orientada a la eficacia de los recursos públicos.
El nuevo presidente también aprovechó el acto para expresar agradecimientos a quienes consideró pilares del proceso electoral reciente. Dedicó menciones específicas a los consejeros del Consejo Nacional Electoral —Carlos Enrique Cardona, Ana Paola Hall y Cossette López Osorio— por su labor en defensa de la democracia, y saludó al jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas y a la junta de comandantes, reconociendo su papel en la seguridad y la transición institucional.
La investidura ocurre tras las reñidas elecciones generales del 30 de noviembre de 2025, en las que Asfura fue declarado ganador por el CNE tras un conteo disputado con el líder del Partido Liberal, Salvador Nasralla.
Los sectores opositores han cuestionado los resultados e insistido en denuncias de fraude; no obstante, la postura oficial del órgano electoral destaca que el desenlace refleja la voluntad mayoritaria.
El inicio del mandato de Asfura está marcado por el desafío de atender expectativas ciudadanas crecientes en ámbitos como fortalecimiento institucional, generación de empleo y justicia efectiva. En palabras del propio presidente, “yo les voy a demostrar que vamos a trabajar para servir a Honduras. No tengan dudas de eso”, renovando así el compromiso de gobernar en función de las demandas sociales y la estabilidad nacional.
Con esta juramentación, Nasry Juan Asfura asume formalmente como el 37.º presidente de la República de Honduras, abriendo paso a un periodo de gobierno en el que la cooperación y la respuesta efectiva serán claves para consolidar la confianza pública.