La nación insular de las Islas Marshall, ubicada en el Pacífico central, enfrenta una amenaza existencial vinculada al avance del océano. Este archipiélago, formado por atolones que suman 750.000 millas cuadradas y con una población de poco más de 42.000 personas, figura entre los territorios con mayor riesgo ante el aumento del nivel del mar.
Según informó el periódico británico The Guardian, el nivel del mar en la zona creció 3,4 milímetros por año desde 1993, el doble del promedio global. Un ascenso de un metro inundaría áreas fundamentales como Majuro, el atolón más habitado.
La historia ambiental de las islas incluye episodios traumáticos. Entre 1946 y 1958, Estados Unidos llevó a cabo más de 60 ensayos nucleares en el archipiélago, cuyas consecuencias todavía afectan a la población y a la memoria colectiva. Actualmente, la situación se agrava: el número de marshalleses que residen en el exterior supera al de quienes permanecen en su territorio, tendencia impulsada por el temor a inundaciones permanentes y desplazamientos forzados.
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En este contexto de vulnerabilidad, las Islas Marshall buscan sostener su identidad y visibilidad internacional a través de una iniciativa inédita: la formación de su primer equipo nacional de fútbol. El proyecto, impulsado por la Federación de Fútbol de las Islas Marshall, representa tanto un símbolo de resistencia ante la crisis climática como un esfuerzo por mantener viva la cohesión social y cultural de un país amenazado por la desaparición física.
El nacimiento de un equipo y la lucha por el reconocimiento
En ese escenario, la Federación de Fútbol de las Islas Marshall se creó en 2020 con la intención de introducir el fútbol en una nación donde predominaban el béisbol y el baloncesto. El primer campo de fútbol reglamentario pudo construirse únicamente tras asegurar que también serviría como protección costera. Como explicó The Guardian, la disponibilidad de tierra resulta cada vez más limitada en estas costas vulnerables, una situación que se volvió aún más apremiante por el avance del mar.
El proyecto tomó forma a partir de la iniciativa de Shem Levi, presidente de la federación, quien se vio impulsado por el interés de su hijo en el fútbol. La organización se fortaleció con el aporte de personas como Matt Webb, director comercial, y Lloyd Owers, entrenador del primer equipo masculino, ambos radicados en el Reino Unido, a más de 12.800 kilómetros de distancia.
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Según contó Webb al diario británico, “fundó la federación porque su hijo se estaba aficionando al fútbol. Al principio, le costó convencerse, pero finalmente accedió. ‘¿Qué es lo peor que puede pasar?”.
El cuerpo técnico coordina entrenamientos tanto en las islas como en comunidades de la diáspora, entre ellas Springdale, Arkansas, ciudad de Estados Unidos donde vive una parte importante de la población marshallesa. En ese lugar, a principios de 2024, se llevó a cabo un campamento de fútbol sala femenino que reunió a jugadoras procedentes de Texas y California, con el objetivo de detectar talento y avanzar en la formación de una selección nacional.
Camisetas que desaparecen y una campaña de concienciación global
La campaña de visibilización de la Federación de Fútbol de las Islas Marshall trasciende el ámbito deportivo. En 2023, una camiseta inspirada en la bandera nacional atrajo la atención internacional, con un diseño que incluye flora, fauna y símbolos representativos del archipiélago, además del número 1,5, en alusión al límite de aumento de temperatura global considerado crítico por las naciones del Pacífico.
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El siguiente lanzamiento, conocido como la “camiseta sin local”, tuvo repercusión por un efecto visual singular: en cada fotografía publicada, partes de la prenda aparecían difuminadas o ausentes, reflejando el peligro de desaparición que enfrenta el país.
“Existencialmente, el país enfrenta una enorme crisis con el cambio climático. Queríamos crear algo que fuera a la vez una celebración del país y una llamada de atención sobre el hecho de que existe una amenaza muy real”, explicó el director comercial a The Guardian.
La urgencia se percibe en las acciones diarias de los habitantes. “Cuando uno está en las islas, puede ver el impacto que tiene en la vida diaria. Existen riesgos por la subida de las mareas, las tormentas y las inundaciones repentinas, y la gente tiene que construir diques alrededor de sus casas para intentar protegerlas”, detalló Webb.
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Obstáculos, adaptación y el futuro del fútbol marshallés
El avance del fútbol en las Islas Marshall enfrenta retos logísticos y estructurales considerables. La diferencia horaria de 12 horas con el Reino Unido dificulta la coordinación, mientras que la escasez de infraestructura obliga a dar prioridad al fútbol sala. La federación ha incorporado el deporte al currículo nacional, permitiendo que cerca de 100 jóvenes fuera de Majuro se sumen a los entrenamientos y que los jugadores sénior comiencen a adaptarse al césped.
El aspecto financiero también representa un desafío constante. El equipo depende de subvenciones, donaciones y la venta de productos para sostener sus actividades. Actualmente, la federación tramita su ingreso a la Confederación de Fútbol de Oceanía (OFC), aunque ese paso inicial no implica reconocimiento por parte de la FIFA.
Pese a las dificultades, la comunidad marshallesa mantiene la meta de celebrar su primer partido oficial de fútbol 11 sobre césped. Webb sintetizó el espíritu del proyecto. “Si consigues que once jugadores se presenten un domingo por la mañana, frío y lluvioso, en Devon, puedes lograr cualquier cosa”, sostuvo.
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La labor de la federación revela que el fútbol ofrece herramientas de cohesión y visibilidad a una nación cuya continuidad física está en riesgo. En las Islas Marshall, cada avance deportivo representa una forma de resistencia ante la crisis climática y una apuesta por la permanencia en la memoria internacional.