Así eran los juguetes que calmaban a los niños hace 4.500 años

Una investigación impulsada por el National Museum of Denmark y National Geographic explora antiguos sonajeros hallados en Medio Oriente, desvelando cómo los niños encontraban consuelo hace miles de años sin ayuda de la tecnología actual

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Los primeros juguetes podrían haber tenido tanto un propósito práctico como simbólico, revelando cómo las civilizaciones antiguas integraban el juego en su vida diaria (Museo Nacional de Dinamarca)

Una serie de sonajas de arcilla descubiertas en la ciudad siria de Hama, y reanalizadas recientemente por el Museo Nacional de Dinamarca, podrían ser algunos de los juguetes infantiles más antiguos conocidos.

Según National Geographic, estos objetos, datados entre 4.500 y 4.000 años atrás, habrían sido fabricados para entretener a niños pequeños en la Edad de Bronce, y no con fines rituales como se pensaba inicialmente. El hallazgo ofrece una nueva perspectiva sobre la vida cotidiana en las antiguas urbes del Oriente Próximo.

Revisión arqueológica de un descubrimiento clásico

Las piezas fueron excavadas en la década de 1930 en un montículo arqueológico de Hama, un importante centro urbano del suroeste de Asia durante la Edad de Bronce Temprana. Muchos de los artefactos fueron trasladados al Museo Nacional de Damasco, mientras que otros quedaron almacenados en Dinamarca, donde recientemente fueron sometidos a una nueva evaluación.

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La arqueóloga Mette Marie Hald, responsable del estudio, identificó al menos 21 fragmentos de sonajas que comparten características con un ejemplar completo hallado en el cementerio de Al-Zalaqiyat. Todas las piezas presentan un diseño similar, con cavidades internas rellenas de pequeñas piedras o bolitas de arcilla, pensadas para producir un sonido leve al ser agitadas.

Algunos de los fragmentos habían sido mal clasificados por décadas: partes perforadas fueron interpretadas como coladores y mangos huecos se catalogaron como tuberías. El análisis del material reveló que estaban hechos con la misma arcilla que la cerámica comercial de la ciudad, lo que sugiere una producción especializada y profesional, posiblemente destinada a la venta en mercados locales.

El nuevo enfoque sobre piezas olvidadas demuestra cómo los errores de clasificación pueden ocultar aspectos fundamentales de culturas milenarias (Museo Nacional de Dinamarca)

Hipótesis sobre su uso infantil

Los investigadores sostienen que el tamaño y forma de las sonajas indican que fueron diseñadas para manos pequeñas, lo que refuerza su vínculo con la infancia. “Tienen mangos demasiado pequeños incluso para mis manos, y yo tengo manos pequeñas”, declaró Hald a National Geographic. Además, la ubicación de los hallazgos —en un barrio doméstico, no en templos ni tumbas— refuerza la hipótesis de un uso familiar y cotidiano.

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El arqueólogo Georges Mouamar, coautor del estudio, experimentó con una sonaja intacta y concluyó que su sonido era muy tenue. “Solo hacía un pequeño ruido”, señaló Hald, lo que debilita su posible uso como instrumento musical en ceremonias. También destacó el cuidado en los acabados y la decoración, indicadores de que estos objetos no eran improvisados, sino productos manufacturados con destreza.

Interpretaciones alternativas y funciones múltiples

El hallazgo generó debate entre especialistas. Algunos arqueólogos creen que estas sonajas pudieron tener una función apotropaica, es decir, servir para espantar malos espíritus, o formar parte de rituales religiosos.

Elynn Gorris, de la Universidad de Lovaina, manifestó dudas sobre su uso exclusivo por bebés, dado que podrían ser pesadas para su edad. No obstante, consideró viable su empleo por niños un poco mayores. Gorris recordó que en otras culturas, como la americana, se encontraron objetos similares con funciones tanto lúdicas como ceremoniales.

Por su parte, la profesora Kristine Garroway, del Hebrew Union College-Jewish Institute of Religion, consideró que las sonajas pudieron tener un uso dual: primero como amuletos protectores, y luego como juguetes. “Pudieron haber cumplido diferentes roles a lo largo de su vida útil”, afirmó.

La coexistencia de lo lúdico y lo ritual en un solo objeto plantea preguntas sobre las fronteras entre el juego, la fe y la protección espiritual (Museo Nacional de Dinamarca)

La infancia en Hama y la diversidad juguetera

En su época, Hama fue un centro regional con una activa producción de cerámica. Las sonajas analizadas muestran un alto nivel técnico, compatible con una distribución masiva. Según National Geographic, objetos similares fueron hallados en otras partes del mundo, como un carrito de juguete de 5.000 años en Turquía o una posible muñeca de piedra de 4.000 años en una isla italiana.

En el norte de Siria también se encontraron sonajas con forma de animales, lo que refleja una diversidad cultural en el diseño de juguetes antiguos.

Este tipo de investigaciones permite a la arqueología explorar aspectos menos atendidos del pasado, como la infancia, tradicionalmente eclipsada por el estudio de la religión, la política o la guerra. La aparición de objetos lúdicos sugiere que la necesidad de cuidar y distraer a los niños era una preocupación común en las sociedades antiguas.

Más allá de la utilidad inmediata, los juguetes antiguos reflejan identidad cultural, creatividad y redes de intercambio entre ciudades del Levante (Museo Nacional de Dinamarca)

Mirada contemporánea sobre un pasado infantil

Para Kristine Garroway, incluir a los niños en el análisis arqueológico es fundamental. “Los niños suelen ser ignorados en el registro arqueológico”, declaró a National Geographic, “así que detenerse a pensar que pudieron haber usado estos objetos es asombroso”.

La interpretación del equipo danés apunta a que las sonajas fueron diseñadas para tranquilizar y entretener a los más pequeños. “Los padres en el pasado amaban a sus hijos, igual que nosotros hoy”, reflexionó Hald. “Pero quizá también necesitaban distraerlos de vez en cuando para tener algo de paz. Hoy usamos pantallas, antes eran sonajas”.

Los hallazgos descritos por National Geographic no solo aportan datos sobre la niñez en la antigüedad, sino que invitan a considerar el juego como una constante humana, más allá de épocas y tecnologías.

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