Con la llegada de las primeras lluvias en Guatemala, los zompopos de mayo, la hormiga alada Atta cephalotes, vuelven a las cocinas y mercados como un alimento de temporada que este año apareció en junio por la escasez de lluvia, un retraso que también afecta una tradición ancestral cuya recolección dura apenas unas semanas y eleva su precio.
Esa ventana breve de cosecha hace que la libra alcance entre Q150 y Q200, y que comerciantes de San Juan Sacatepéquez la ofrezcan hasta en Q225 cuando salen los primeros ejemplares. La expectativa se concentra en un producto estacional que se consume tostado con sal y limón, dentro de tortillas calientes o acompañado con guacamol.
Los zompopos de mayo son grandes hormigas aladas que emergen del suelo con la humedad inicial de la temporada lluviosa. Su aparición coincide con el ciclo de apareamiento, cuando las reinas aladas salen de la tierra para el vuelo nupcial.
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En Guatemala se les considera una exquisitez de origen prehispánico y reciben el apodo de “caviar guatemalteco”. Además que forman parte de una tradición ancestral y que aparecen mencionados en el Popol Vuh, el libro sagrado maya.
La recolección ocurre de madrugada y privilegia a las reinas aladas
En lugares como Pachumal, en Quiché, y en otras regiones del país, la cosecha marca el inicio de la temporada de invierno. La captura se realiza de madrugada, apenas los insectos salen de sus hormigueros, y se consume sobre todo a las hembras o reinas por su mayor tamaño.
La preparación mantiene un patrón simple y comunitario. Primero se retiran las alas y las patas; después se tuestan en sartén o comal, a menudo en comal de barro y sin aceite, porque sueltan su propia grasa natural.
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El aderezo tradicional es mínimo: sal y jugo de limón. En algunas regiones se añade margarina, mientras que en ciertas comunidades se sirven con pepita molida o chile cobanero.
La forma más extendida de comerlos es en tacos o dobladas con tortillas recién salidas del fuego. También esta práctica se ubica en San Martín Jilotepeque, donde la salida de los zompopos acompaña el inicio de las lluvias y conserva una tradición culinaria local.
Para quienes esperan cada año la temporada, la respuesta central es concreta: el zompopo de mayo es un insecto comestible de temporada que se recolecta tras las primeras lluvias fuertes, se asa al comal y se come en tortilla caliente. Su valor gastronómico depende tanto de su sabor como de su disponibilidad limitada.
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El insecto aporta proteína y forma parte del equilibrio ecológico
Medios nacionales atribuyen a los zompopos un perfil nutricional alto. Indica que contienen 60% de proteína y 10% de carbohidratos, además de minerales.
También contienen ácido fórmico. A ese compuesto se le atribuyen beneficios preventivos frente a enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.
Ese valor alimentario convive con una función ecológica. Los biólogos advierten que el zompopo de mayo participa en el ecosistema forestal y en el reciclaje de nutrientes.
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Su población ha disminuido por la alteración climática que retrasa su aparición y por la reducción de su hábitat natural. Por esa razón, el consumo local suele mantenerse de forma limitada y respetuosa.