El prestigioso periodista y ensayista Daniel Muchnik presenta en primera persona su nuevo libro, La humanidad frente a la barbarie (Ariel), en donde hace una larga reflexión sobre el siglo XX a partir de preguntas como: ¿Qué tan humano es el ser humano? ¿Es posible que se repitan atrocidades como los genocidios? ¿Cómo actuaríamos en una situación límite, como la vivida por millones de personas durante el nazismo y el estalinismo?
En los años 60 y 70 recibí, con especial impacto, las líneas principales del pensamiento existencialista, francés y nacional. Lecturas varias se fueron sumando a mi pasión por la literatura clásica y por la historia. A los 18 años elegí mal mi carrera universitaria: ingresé en la Facultad de Derecho, de la que me fui 3 años después, defraudado y angustiado porque no me conformaba y además ya caían sobre mi la responsabilidad del oficio periodístico sin descanso y el casamiento.
Recién a los 50, cuando las presiones del trabajo no sofocaron tanto inicié y concluí la carrera de Historia en el tiempo que se necesita: 5 años. Por eso mismo, por obligarme a leer muchísimo material bibliográfico apasionante, por devorarme tomos enteros de especialistas (los ingleses y los norteamericanos por sobre todo) el tiempo me fue llevando a una especialización: el siglo XX, el más demoníaco, el de la muerte industrializada.
Comprendí que la Primera Guerra Mundial, ese torrente de muerte inútil, de vida infame en las trincheras, del uso del más reciente armamento para aniquilar a las masas fue el origen del más terrorífico de los siglos. No en vano, de esa guerra la realidad parió varios monstruos: el fascismo, el nazismo, el comunismo que devino en estalinismo. Un siglo plagado de traiciones, de desastres, de hambrunas y, al mismo tiempo, el siglo de los grandes aportes a la ciencia y a la medicina. Y a la literatura, que vino a sumarse a la de la segunda mitad del siglo XIX con los aportes de Flaubert, Guy de Maupassant, Dostoievski, Tolstoi y Chejov, Emile Zola, y después Céline, Maiakovski, Kafka, Sartre y, por sobre todo, Albert Camus. La lista no concluye nunca porque siento que todavía falta mucho por entender y emocionarme con lo que estudio.
Toda esa literatura como todos esos hechos históricos giraron en torno al destino del hombre, a sus grandezas, a sus debilidades, a su creación y a sus traiciones. En una de sus obras, Dostoievski se interroga: "¿Cuánto de humano hay en un ser humano y cómo proteger al ser humano que hay dentro de tí?".
Todo me interesó del siglo XX. Las investigaciones sobre ese tiempo tomaron vuelo después de la Segunda Guerra Mundial y ya en la década del 70 y del 80, los historiadores británicos hicieron escuela. El aluvión de libros se agigantó tras el derrumbe del Muro de Berlín y la caída de la Unión Soviética cuando se confirmaron muchas sospechas y se comprobó el asesinato masivo en un pueblo sufrido como el ruso, tras el libre acceso a los archivos.
Si tuviera que autodefinirme diría que no soy solamente un periodista inquieto por el tiempo que le ha tocado vivir sino también un humanista que no subestima ninguna materia junto con la historia. Me atraen la psicología, la antropología y la esencia misma del hombre. Para escribir (ya llevo 24 libros publicados) aplico método, constancia, mucho esfuerzo, mucha lectura.
Hace 6 años me recomendaron El hombre frente al límite del admirado pensador búlgaro-francés Tzvestán Todoror. Sus planteos sobre las reacciones de los hombres es un grandioso aporte a la historia de todas las carreras humanitarias. Todorov escribió de todo y para todos. Sobre arte, sobre historia, sobre problemáticas contemporáneas. Desde entonces no me permití alejarme de los pensadores que reflexionaron, precisamente, sobre la muerte, el terror, la resistencia o no frente al opresor, la grandeza de algunos y la sordidez y maldad de muchos.
Este libro, La Humanidad frente a la barbarie es el compendio de muchas reflexiones que pueden caber acerca de las conductas dignas, desmesuradas, valientes o cobardes. En la guerra como en la paz. En la vida cotidiana o en situaciones de encierro. Y el hombre en el centro de todas las miradas, sin prejuicios.
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