Luis Valor durante el último festival de boxeo que organizó junto al director del penal, Javier Cáceres. Fue uno de los espectadores junto a Nancy, su mujer, y Mario Valor –sobrino- y Gabriel Santucho, vinculados al deporte de los puños, que lo fueron a buscar hasta la prisión para trasladarlo a su casa de Pilar.
Luis Valor durante el último festival de boxeo que organizó junto al director del penal, Javier Cáceres. Fue uno de los espectadores junto a Nancy, su mujer, y Mario Valor –sobrino- y Gabriel Santucho, vinculados al deporte de los puños, que lo fueron a buscar hasta la prisión para trasladarlo a su casa de Pilar.

Llegó el día que más esperaba y entonces Luis "El Gordo" Valor (63), este jueves 5 de julio, cumplió  su última condena a cuatro años de encierro después de que en julio de 2014 fuera detenido junto a otra persona cuando intentaron eludir un control policial en Bella Vista en un Renault Kangoo del que se  secuestraron tres armas largas calibres 9, 32 largo y 40 milímetros.

Hoy ya en libertad, mientras viaja rumbo a su casa de Pilar, imagina los días que vendrán: "Llevo 33 años preso en total, más de lo que estuve afuera", bromea. Antes había sido sentenciado a 24 años, por una serie de asaltos; a 20 por un golpe frustrado a un camión blindado en La Reja (partido de Moreno), en el que murieron un policía y dos delincuentes –del que niega haber participado-, y a 7, por fugarse de la cárcel de Villa Devoto en 1994.

"Vivir tras las rejas es lo peor que le puede pasar a un ser humano", le cuenta hoy a GENTE, aceptando que pasó la mayor parte de su vida al margen de la ley.

Luis Valor en la cárcel de Urdampilleta.
Luis Valor en la cárcel de Urdampilleta.

"Le prometí a mi familia que hoy comienzo una nueva vida. Ahora va a salir un libro de mi vida, y luego otro contando mi fuga de la cárcel de Devoto. Recibí propuestas para una miniserie y una película, pero el mejor proyecto que tengo es cambiar para siempre. No cambio mi libertad por nada, tardé en darme en cuenta, lo reconozco y me arrepiento".

Luego pide terminar la llamada. Quiere pensar en el asado que sus seres queridos le están preparando para el sábado. "Mientras viajo rumbo a casa dejo la ventanilla del auto abierta para respirar la libertad. Me hacía mucha falta, llegó el momento de portarme bien para siempre".

Por Miguel Braillard.
Fotos: Maximiliano Vernazza.

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