El economista Gustavo Rodolfo Reija advierte que Argentina ya enfrenta un proceso de envejecimiento que obliga a reorganizar la producción, el empleo y la inversión: la caída de la natalidad reduce de forma persistente los mercados vinculados a la infancia, mientras crece la demanda de salud, cuidados y servicios para adultos mayores.
La señal más inmediata está en la fecundidad: el país registra 1,33 hijos por mujer, lejos de los 2,1 necesarios para el reemplazo poblacional. La tasa bruta de natalidad también descendió de 18,2 a 9,9 por mil entre 2014 y 2023, según los indicadores que Reija propone seguir junto con la esperanza de vida, la relación entre activos y pasivos y la matrícula escolar regional.
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El fenómeno ya modificó actividades económicas en Japón. En 2024, el fabricante Oji Holdings anunció que dejaría de producir pañales para bebés en ese país para concentrarse en los destinados a adultos, en un mercado donde esos productos superan en ventas a los infantiles desde hace más de una década.
Japón registró 758.631 nacimientos en 2023, 5,1% menos que el año anterior y el menor número desde el siglo XIX. Con casi un tercio de sus habitantes por encima de los 65 años, el país asiático anticipa una transformación que, para Reija, la Argentina comenzó a recorrer.
Baja de nacimientos: mercados que se achican y demanda de cuidados que crece
Reija sostiene que el cambio demográfico no constituye un fenómeno separado de la economía, porque altera la demanda agregada y su composición. “El pañal que cambia de destinatario es la señal microeconómica de una transición macro: menos gasto en primera infancia, más en cuidados y salud”, plantea el economista.
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La consecuencia alcanza a la matriz productiva. La contracción de las franjas más jóvenes afecta de manera estructural a las actividades ligadas a la niñez y a la formación de hogares, mientras la longevidad impulsa servicios de salud, cuidado y administración del ahorro de largo plazo.
Para explicar la decisión de tener hijos, Reija retoma los aportes del economista Gary Becker sobre costos y oportunidades. Según esa perspectiva, el encarecimiento de la crianza y la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral reducen la fecundidad, con efectos acumulados sobre los sectores que abastecen a millones de hogares.
En la Argentina, los nacimientos descendieron de 777.000 en 2014 a 461.000 en 2023, una reducción del 40%. La proporción de hogares con menores de 18 años también pasó del 56% en 1991 al 45% en 2022.
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Ante esa evolución, Reija ubica a jardines maternales, colegios privados, indumentaria infantil, juguetes, alimentos específicos, transporte escolar, pediatría y entretenimiento entre los rubros expuestos a una menor base de consumidores. “No es una mala temporada: es un piso que baja y obliga a reconvertirse o a desaparecer”, afirma.
Patagonia y Ciudad de Buenos Aires, las primeras en envejecer
La caída de nacimientos no avanza con la misma velocidad en todo el territorio argentino. Entre 2014 y 2023, Tierra del Fuego encabezó el descenso con 53%, seguida por Santa Cruz con 49%, Jujuy con 47% y la Ciudad de Buenos Aires, Chubut y la provincia de Buenos Aires con 45%.
Reija identifica a la Ciudad de Buenos Aires y la Patagonia como las áreas que envejecen con mayor rapidez. Jujuy, Salta, Tucumán y Santiago del Estero conservan estructuras poblacionales más jóvenes, con más de la mitad de sus hogares integrados por menores.
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La diferencia territorial tiene efectos sobre la actividad local. Una provincia que pierde población joven puede registrar menos matrícula escolar, menor consumo familiar y una reducción del empleo, además del riesgo de que el despoblamiento se retroalimente.
Para el economista, la demografía también redibuja el comercio de barrios y localidades. Farmacias, clínicas, centros de día y comercios de cercanía ganan lugar donde se concentran los adultos mayores, mientras pierden peso los negocios orientados a familias en formación.
La economía plateada: salud, cuidado, vivienda y ahorro
La expansión de la población mayor abre espacio para la llamada economía plateada, que incluye medicina crónica, residencias, cuidados domiciliarios, viviendas adaptadas, turismo para personas mayores, alimentación funcional y tecnología asistiva. También abarca instrumentos financieros como rentas vitalicias, seguros y gestión patrimonial.
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Reija vincula este cambio con la hipótesis del ciclo de vida de Franco Modigliani, economista italiano y premio Nobel de Economía: las personas ahorran durante la vida activa y utilizan parte de esos recursos durante la vejez. Una sociedad envejecida, bajo esa lógica, moviliza un volumen de ahorro que requiere instrumentos para canalizarlo.
El cuidado ocupa un lugar particular porque demanda trabajo directo. El economista sostiene que una organización adecuada de esa actividad puede generar empleo y no limitarse a una erogación fiscal.
La transformación no se reduce a una menor cantidad de consumidores. Reija señala que una población envejecida modifica su canasta: reduce gastos en guardería y aumenta los destinados a geriatría, reemplaza la búsqueda de viviendas para ampliar hogares por unidades accesibles y cercanas a servicios, y desplaza parte de la demanda desde pañales infantiles hacia productos para adultos.
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“Una economía que envejece no se apaga; se reconfigura”, sostiene Reija. Para las empresas y las políticas públicas, el desafío consiste en anticipar esa composición de la demanda antes de que otros competidores o las importaciones ocupen esos mercados.
Incentivos a la natalidad insuficientes sin adaptación productiva
Reija considera insuficiente una estrategia centrada únicamente en estimular los nacimientos. Japón, Corea y varios países europeos aplicaron subsidios y bonos por nacimiento, aunque esas medidas no lograron revertir la tendencia demográfica, según Reija.
La respuesta, plantea, debe combinar políticas que faciliten la maternidad y la crianza, como servicios de cuidado, vivienda y empleo estable, con una adaptación productiva a una sociedad de menor población joven y mayor cantidad de adultos mayores. Esa agenda incluye formar trabajadores para salud y cuidados, desarrollar tecnología asistiva nacional, orientar el ahorro de la vejez hacia inversión productiva y planificar el ordenamiento territorial.
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América Latina registra la mayor caída de fecundidad del mundo y la Argentina figura entre los casos de descenso más acelerado. Reija señala que el país aún atraviesa el bono demográfico —la etapa en la que la población activa supera a la dependiente—.
Al citar a los economistas David Bloom y Ronald Lee, Reija plantea que el siguiente desafío no surge de manera automática. “El segundo bono demográfico no cae del cielo, se construye con inversión en capital humano y con instituciones que transformen el ahorro de una población que envejece en desarrollo”, concluye.
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