Reconocida mundialmente como ícono de la moda y referente para millones en redes sociales, Iris Apfel predicó la libertad creativa y el derecho a la diferencia. Sostenía que la belleza no dependía de estándares convencionales y promovía una visión disruptiva del estilo personal. La notoriedad tardía de Apfel subraya el valor de un ejemplo que desafía el edadismo y la uniformidad.
En estos días circula en redes sociales un extracto de un artículo publicado en 2005 por el Metropolitan Museum of Art bajo el nombre de Rara Avis, cuando se están por cumplir dos años de la desaparición, a los 103 años, de esta talentosa diseñadora y modelo senior. Su trayectoria de vida y, sobre todo, su influencia en la cultura a partir de una edad muy avanzada siguen inspirando a diferentes generaciones.
Iris Apfel nació en 1921 en Astoria, Queens, en el seno de una familia judía dedicada al comercio: su padre vendía vidrio y espejos, y su madre dirigía una boutique de moda. Desde niña, mostró interés por la historia del arte y el mundo creativo, y visitaba tiendas de segunda mano y anticuarios en Manhattan, donde reunía prendas y objetos singulares.
Estudió en la Universidad de Wisconsin y en la Universidad de Nueva York, donde se graduó en historia del arte. En sus comienzos, trabajó para la revista Women’s Wear Daily y colaboró como asistente en decoración, en un contexto en el que las mujeres apenas ingresaban a las profesiones creativas.
El estilo como declaración y resistencia a las reglas+
El estilo, para Iris Apfel, nunca dependió de la moda costosa ni de normas impuestas. En su guardarropa, convivían alta costura hallada en ferias parisinas y bisutería económica adquirida en tiendas populares, fusionando piezas opuestas para crear una imagen irrepetible. “No tengo reglas porque solo servirían para romperlas y eso me parece una pérdida de tiempo”, afirmaba.
Prefería colores intensos, accesorios llamativos y combinaciones inesperadas, reivindicando la originalidad por encima de la imitación. “Cuando no te vestís como todos los demás, no tenés que pensar como todos los demás”, recalcaba, defendiendo la valentía de destacarse en un entorno proclive al conformismo. Su marca personal, basada en la superposición de collares, brazaletes y plumas, resumía su lema: “más es más y menos es aburrido”. Era famosa su colección de lentes, con marcos enormes y coloridos, que no perdía ocasión de lucir. “No me visto para que me miren, me visto para mí. Si a alguien no le gusta lo que tengo puesto es su problema, no el mío”, afirmaba, convirtiendo cada conjunto en una declaración de independencia.
Old World Weavers y la Casa Blanca: emprendimiento y proyectos de alta gama
En 1947, tras casarse con Carl Apfel, la pareja fundó la empresa textil Old World Weavers (Tejedores del Viejo Mundo), dedicada a la restauración de textiles históricos y la decoración de interiores de alto nivel. Trabajaron durante más de 40 años en la fabricación y recuperación de tejidos, desarrollando proyectos para magnates y celebridades.
Uno de sus encargos más destacados fue la restauración y decoración de la Casa Blanca, para la que trabajaron a lo largo de nueve presidencias estadounidenses, desde Harry Truman hasta Bill Clinton. Su prestigio llevó a Apfel a colaborar con figuras icónicas, como Greta Garbo y Estée Lauder. “No estaban las telas que imaginaba, no me gustaba lo estándar”, explicaba Apfel sobre su visión empresarial y la búsqueda de la originalidad en el diseño textil.
El salto a la fama: la exposición del MET y la revalorización de la individualidad
El punto de inflexión en la proyección mundial de Iris Apfel llegó en 2005, cuando el MET le propuso mostrar su colección personal de vestuario. A sus 84 años, la muestra “Rara Avis” fue una revelación, según The Metropolitan Museum of Art. Habitaciones enteras de accesorios y prendas seleccionadas por Apfel impresionaron a los curadores, para quienes encarnaba una autenticidad ajena a la moda comercial.
“Su verdadero éxito nunca fue el negocio, sino lo que colgaba en su armario”, analizó el museo al referirse a su legado personal. La exposición consagró su estilo y llevó a los medios a redefinirla como un fenómeno único: una octogenaria capaz de atraer más atención que las nuevas generaciones de modelos. Desde ese momento, protagonizó un documental, firmó contratos como modelo y se convirtió en referencia obligada en las pasarelas internacionales y en Instagram, donde sumó millones de seguidores.
Activismo estético y cultural: redefinir la belleza y el envejecimiento
Iris Apfel empleó su visibilidad para desafiar el edadismo e inspirar a jóvenes y mayores a explorar caminos creativos libres de prejuicios. Su vida demostró que la autoexpresión y el anticonvencionalismo no tienen límite de edad. Era la “antítesis del edadismo” y un emblema de influencia intergeneracional.
“La adolescente viva más longeva del mundo”, se definía Apfel, quien jamás dejó de trabajar y consideraba la jubilación un error: “jubilarse era un destino peor que la muerte”. Conservó hasta el final una intensa actividad laboral, siendo imagen de marcas como Ciaté London e influyendo tanto en las tendencias como en el debate sobre la belleza real.
“Si tenés la suerte de envejecer, debés celebrarlo”, exhortaba Apfel, en una afirmación hoy repetida por muchos influencers silvers como un mantra.
Su legado: inspiración para la diferencia
Tras el fallecimiento de Carl Apfel, a los 100 años, en 2015, Iris mantuvo su mensaje: “¡Atrévanse a ser diferentes!”, animando a todos a rechazar el miedo al ridículo. Sostenía que el estilo personal comienza en la honestidad: “Tenés que mirarte al espejo y verte realmente. Si te sentís bien, entonces sabés que es para vos”.
Su legado trasciende las pasarelas y la decoración. Millones han encontrado en su ejemplo la prueba de que la diferencia no solo es posible, sino valiosa en sí misma.
El recorrido de Iris Apfel demuestra que la originalidad se mantiene mientras existan personas decididas a no limitar sus propias posibilidades para ajustarse a expectativas ajenas.