Brigitte Bardot, la diva que aceptó envejecer y llamó “ridículas” a las que se hacían liftings

A los 91 años, murió la estrella de “Y Dios creó a la mujer”. Desde su retiro del cine, llevó una vida discreta en su casa en el sur de Francia. Nunca buscó disimular los signos de la vejez de modo artificial

Brigitte Bardot murió a los 91 años. Su mirada sobre la vejez (Photo by Valery HACHE / AFP)

A la diva del cine francés de los años 50 y 60 nunca le importó el qué dirán. Sin pelos en la lengua a la hora de expresarse, más de una vez escandalizó con sus declaraciones. Por ejemplo, aquellas referidas al inevitable envejecimiento. “Vivo muy bien con mis arrugas, me pertenecen. Conozco mujeres pasadas por liftings y no parecen más jóvenes, sino más ridículas”.

Quien fuera considerada por el mundo entero como la representación de la belleza femenina y la mayor sex symbol de Francia, nunca se preocupó por el paso del tiempo como para someterse a cirugías y tratamientos invasivos y costosos a fin de mantener una eterna juventud. Alejada de los sets y de las luces de las fotografías de moda, se dedicó sin pausa a la defensa de quienes consideraba los seres más indefensos del planeta: los animales.

Alejada del cine, Brigitte Bardot se dedicó sin pausa a la defensa de los animales (Reuters)

Hace apenas un par de meses había salido a desafiar a aquellos que la suponían en estado muy grave y decían que se acercaban sus últimos días. “No sé quién fue el imbécil que lanzó esta noticia falsa acerca de mi desaparición pero sepan que estoy bien y que no tengo la intención de retirarme”. Sin embargo, su retiro estaba marcado ya. Genio y figura hasta el final, dejó las instrucciones de donde quería ser enterrada y de qué se debía hacer con sus bienes, pero, sobre todo, cómo debía continuar su labor incansable en el cuidado de sus amados animales.

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Fue crítica hasta consigo misma. “Jamás me sentí hermosa. Justo ahora empiezo a darme cuenta de esa célebre belleza que originó mi éxito”.

Brigitte Bardot, sex symbol del cine francés de los años 50 y 60, en una fotografía tomada en París el 1° de enero de 1960 (Copyright: xKeystonexPressxAgencyx)

Escapaba de la fama y de las consecuencias que esta le había traído. “Soy prisionera de mí misma. Nunca pude ir a un bar, a la terraza de un café, la gente me reconocía, llamaba a otros, decía vengan a ver a BB, a hacerte firmar algo…”. Por esto, vivió una vida de retiro en su casa de la mundialmente conocida playa de Saint Tropez, donde no pocos turistas acudían buscando un encuentro con ella y que seguramente se convertirá en un punto más de peregrinación de nostálgicos y fanáticos.

No buscaba, de todos modos, ocultar el paso del tiempo en su icónico rostro o en su admirada figura. Criticaba a aquellas actrices que se sometían a cirugías estéticas, procedimientos que consideraba “moralmente tristes”. Así, dio una entrevista exclusiva con motivo de su nonagésimo cumpleaños, donde se mostró con la belleza propia de una mujer que envejeció naturalmente y en la cual volvió a reclamar el fin de la caza con perros, una de sus últimas batallas.

Brigitte Bardot consideraba las cirugías y otros procedimientos estéticos invasivos como "moralmente trsites"

Fue precursora de la naturalidad ante el paso del tiempo y en esa tendencia, que se observaba sobre todo en Francia, tuvo algunas colegas que dieron también el ejemplo: Jeanne Moreau, Fanny Ardant, Sandrine Bonnaire, y durante mucho tiempo Catherine Deneuve, quien lamentablemente en los últimos años y seguramente por exigencias de la cruel industria del cine parece haberse retocado el rostro. En la escena internacional, también hay varias actrices que se niegan a los artificios anti envejecimiento. Fue el caso de la recientemente fallecida Diane Keaton. Y es también el de Helen Mirren, Meryl Streep o Charlotte Rampling. Y, recientemente, Jodie Foster expresó su opción de modo contundente: “Acepté envejecer, no pido que borren mis arrugas”.

Charlotte Rampling en la apertura del Festival de Venecia en 2023 (REUTERS/Guglielmo Mangiapane)

Con Brigitte Bardot desaparece una gran parte de la historia del cine francés, ese cine que parecía valorar la belleza sin artilugios y que ponía como ejemplos a seguir en materia de moda y de inspiración para varias generaciones a mujeres de verdad, no a muñecas plásticas o a tristes imitaciones de lo que es la esencia de la feminidad. Inmortal BB, no habrá ninguna igual.

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