La presidenta del jurado del juicio de Lindsay Clancy reveló que el único integrante disidente del panel admitió tener una “duda razonable” sobre la responsabilidad penal de la acusada, pero aun así se negó a declararla no culpable por razón de demencia. La declaración surgió en una entrevista exclusiva que NBC10 Boston emitió el martes 8 de septiembre, cuatro días después de que el juez William Sullivan declarara la nulidad del proceso por falta de un veredicto unánime en Massachusetts.
Ronni Carlson, presidenta del jurado y maestra jubilada de educación especial, describió el momento en que creyó que el panel había llegado a un acuerdo. “Admitió que tenía una duda razonable. Empecé a llenar los formularios, estaba muy emocionada. Firmé cada uno”, relató a NBC10. Pero el integrante disidente aclaró que, a pesar de sus dudas, no diría que Clancy era no culpable por razón de demencia. “Tenía duda razonable, pero se negó”, resumió Carlson.
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Carlson habló junto a otras dos juradas: Paula Devlin, empleada de un contratista de defensa, y Kellie Farina, chef jubilada de un centro de adultos mayores. Fue la primera declaración pública de integrantes del panel tras siete días de deliberaciones sin acuerdo. Las tres dijeron haberse hecho amigas durante el proceso.
Qué es la duda razonable y por qué fracturó las deliberaciones en el caso Lindsay Clancy
En el sistema judicial de Estados Unidos, la fiscalía debe probar la culpabilidad del acusado “más allá de toda duda razonable”, el estándar de prueba más alto del ordenamiento legal del país. Como informó The New York Times, ese umbral no exige certeza absoluta: el juez Sullivan le explicó al jurado que la prueba “no significa prueba más allá de toda duda posible, ya que todo en la vida de los seres humanos está sujeto a alguna duda posible o imaginaria”.
Lo que la ley requiere es una “firme convicción, con certeza moral” de que el cargo es verdadero. R. Michael Cassidy, profesor de derecho del Boston College, lo resumió así al Times: “No hablamos de certeza científica, sino de una convicción profunda, tan firme como se puede estar en los asuntos cotidianos de la vida”. Si esa convicción no se alcanza, el acusado tiene derecho a ser absuelto.
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Fue ese principio el que paralizó las deliberaciones. Las juradas le leyeron en voz alta la definición al integrante disidente en reiteradas ocasiones, pero él no lograba separar el concepto jurídico del hecho concreto.
Devlin describió al disidente como “muy arrogante” y señaló a NBC10: “Realmente no tomaba en cuenta nada de lo que decía nadie”. Carlson explicó que al hombre le resultaba difícil separar el concepto jurídico del hecho concreto.
Cuando el hombre planteó una duda sobre la medicación de Clancy, las juradas con formación en enfermería le explicaron los datos del informe toxicológico del Hospital South Shore; él ignoró las aclaraciones. Carlson llegó a enviarle una nota al juez Sullivan advirtiéndole que un integrante no seguía las instrucciones judiciales.
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El magistrado interrogó al panel, releyó las instrucciones y les pidió que continuaran. En al menos tres ocasiones, los jurados informaron al tribunal que no lograban un acuerdo.
Por qué se declaró la nulidad y qué implica para el caso
Un veredicto penal en Estados Unidos exige la unanimidad de los 12 integrantes del jurado. Si esa unanimidad es imposible, el juez puede declarar la nulidad del juicio —también llamada mistrial—, lo que ocurrió en Plymouth el viernes 5 de septiembre.
La nulidad no equivale a una absolución ni a una condena: el proceso queda sin efecto y la fiscalía debe decidir si presenta el caso ante un nuevo jurado. El integrante disidente no se identificó públicamente; sus datos permanecen bajo reserva temporal por orden del tribunal, según consignó The Associated Press.
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El debate central: psicosis posparto frente a acto deliberado
Lindsay Clancy, de 36 años y exenfermera de parto y posparto, nunca negó haber causado la muerte de sus hijos Cora, de cinco años; Dawson, de tres; y Callan, de ocho meses. Su defensa alegó psicosis posparto, vinculada al estrés, la privación de sueño y los cambios hormonales, lo que le habría impedido comprender la gravedad de sus actos. Durante 21 días de testimonios, el jurado escuchó a familiares y profesionales describir el deterioro de su salud mental.
La fiscalía rechazó ese argumento: sostuvo que Clancy actuó de forma deliberada y que había organizado la salida de su entonces esposo, Patrick Clancy, de la casa familiar en Duxbury enviándolo a buscar medicamentos y comida. Para Carlson, en cambio, los diarios personales de Clancy y el testimonio de su exsuegra —quien la describió como una madre afectuosa— apuntaban en sentido contrario.
“Todo probaba que ella amaba a sus hijos. Así que tuvo que haberse quebrado y no haber sabido lo que hacía”, dijo a NBC10. Farina agregó que la fiscalía careció de compasión durante el proceso: “Sé que es su trabajo, pero en un caso como este, uno espera un poco”.
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Qué puede ocurrir ahora con Clancy
La fiscalía no ha anunciado si volverá a presentar el caso. Si lo hiciera, Clancy enfrentaría un segundo juicio con las mismas acusaciones de asesinato, que podían derivar en prisión perpetua. Una eventual absolución por razón de demencia podría llevar a su internación en una institución de salud mental hasta que una evaluación determinara que ya no representa un riesgo para la comunidad.
Clancy permanece internada en un hospital psiquiátrico y hay una audiencia de situación prevista para el 29 de septiembre de 2026.
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