Los grupos oficiales de apoyo de la Selección de Estados Unidos supieron el martes que sus asientos para la Copa Mundial de la FIFA 2026 estarán repartidos en varias secciones altas de los estadios, una decisión que altera la organización de cantos, banderas y despliegues visuales a solo nueve días del inicio del torneo, según The Athletic.
El malestar se concentró en entradas de USD 60 asignadas por sorteo, parte de una categoría creada por FIFA para seguidores fieles después de críticas por el proceso de venta. Esa reserva representó menos del 2% del inventario total.
Los aficionados afectados pertenecieron a tres grupos reconocidos por la federación estadounidense: American Outlaws, Sammers y Barra 76. U.S. Soccer ofreció esas entradas a esas organizaciones y les encomendó, como parte del mecanismo diseñado por FIFA, que fueran para simpatizantes estrechamente vinculados con la selección nacional.
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Whitney Zaleski, integrante y empleada de American Outlaws, dijo en una entrevista telefónica a The Athletic que el resultado fue “decepcionante” y “frustrante”: “Es un fastidio. Porque eso es lo que es un grupo de apoyo: nos sentamos juntos, cantamos juntos. Así que va a ser un ambiente diferente”.
Cómo quedaron distribuidos los asientos
La asignación conocida el martes ubicó a miembros de los tres grupos en los sectores 306 a 309 del SoFi Stadium para el debut de Estados Unidos ante Paraguay, según The Athletic.
Para el partido contra Australia en Seattle, los asientos quedaron en los sectores 301 a 304, en la parte más alta del Lumen Field.
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Para el encuentro frente a Turquía, otra vez en SoFi, los seguidores quedaron distribuidos entre los sectores 332 a 338 y 425 a 431, de acuerdo con Craig Hahn, directivo de Sammers, citado por The Athletic.
Esa dispersión complicó la coordinación de una tribuna unificada, que en los partidos habituales de la selección suele instalarse detrás de uno de los arcos, en uno o pocos sectores continuos.
Trevin Wurm, integrante y empleado de American Outlaws, dijo a The Athletic que la decisión dificultó resolver cuestiones concretas de logística y animación: “Hace más difícil pensar dónde entraría un tambor, dónde entrarían las banderas. Queremos ser respetuosos con todos los que estén en el público, y también queremos poder dar ambiente, sobre todo en un Mundial en casa”.
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Wurm añadió que la fragmentación debilitó el efecto colectivo que buscan esos grupos: “Los aficionados suenan mucho mejor como una sola voz unificada. Y cuando pones a la gente en secciones al azar, incluso si están cerca unas de otras, es mucho más difícil conseguir que todos estén en la misma sintonía dentro del estadio”.
La crítica al proceso de asignación
Cuando compraron las entradas en febrero, los grupos no fueron informados sobre la ubicación de sus asientos, según The Athletic. La incertidumbre se extendió durante meses y frenó planes para tifos y otras formas tradicionales de apoyo coordinado.
Zaleski dijo a The Athletic que los organizadores sabían desde entonces quiénes habían obtenido entradas, pero demoraron la publicación de la ubicación final: “En teoría, [los organizadores] lo sabían desde entonces. Y FIFA simplemente demoró la publicación [de la asignación de asientos]”.
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La crítica de los grupos se inscribió en un malestar más amplio de aficionados de América del Norte y de otros países por los precios, la falta de transparencia y prácticas que consideraron confusas, engañosas o explotadoras, según The Athletic.
Para los grupos de apoyo, la distribución de los asientos reflejó una despriorización del ambiente en el estadio y de los seguidores más constantes.
El resto de esos sectores sería ocupado por aficionados inscriptos en el programa Insiders de U.S. Soccer que ganaron un sorteo ponderado para conseguir entradas, según The Athletic.
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En los niveles 100 y 200 estarían otros miembros de ese programa que pagaron para mejorar sus probabilidades o tuvieron mejor suerte en el sorteo y después compraron boletos más caros.
Zaleski sostuvo que muchos de esos asistentes probablemente apoyen a Estados Unidos, pero no necesariamente participen en cantos, permanencia de pie o movimiento constante de bufandas.
“No es del gusto de todo el mundo. Algunas personas quieren sentarse durante el partido; nuestros aficionados están acostumbrados a estar de pie. Algunas personas no van a querer tener bufandas agitándose alrededor de su cabeza; nosotros levantamos bufandas y las agitamos todo el tiempo”, comentó.
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El apoyo seguirá pese al malestar
Pese al enojo, los dirigentes de American Outlaws dijeron que igual pedirían autorización para ingresar tambores y banderas mediante un formulario distribuido por FIFA.
También mantuvieron el entusiasmo por el equipo, en especial después de la victoria por 3-2 sobre Senegal el domingo, según The Athletic.
Wurm dijo que la situación no cambió la decisión de acompañar al equipo: “No queremos que esto le quite emoción al apoyo a la selección. No queremos ser totalmente pesimistas de esa manera. Igual vamos a ir a los bares de los capítulos de [American Outlaws], igual vamos a ir al estadio, igual vamos a hacer ruido”.
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La principal molestia, según Zaleski, no fue solo la ubicación final sino la forma en que se manejó el procedimiento: “La verdadera frustración es el proceso y el momento en que se informó, y lo descabellado que fue tratar con FIFA en todo esto”.
Portavoces de FIFA no respondieron a un correo electrónico enviado el martes en busca de comentarios, según The Athletic.
El medio añadió que no está claro si grupos equivalentes de otras selecciones recibieron asignaciones de asientos similares.