El domingo, alrededor de 3.000 visitantes recorrieron por primera vez las nuevas David Geffen Galleries del LACMA, un edificio de USD 724 millones cuya inauguración ha generado debates sostenidos sobre su diseño arquitectónico y su elevado costo.
La estructura, construida en hormigón y suspendida sobre Wilshire Boulevard, recibió a una multitud que aguardó en fila bajo el sol, resguardada por la silueta del museo, ansiosa por explorar el espacio renovado.
Durante la jornada inaugural, el ambiente estuvo marcado por una combinación de curiosidad, celebración y expectativa. Entre los asistentes se encontraban artistas, docentes y un arquitecto llegado desde Suiza exclusivamente para conocer el nuevo edificio.
El café Erewhon, recién inaugurado dentro del museo, atrajo largas filas de personas interesadas en probar los batidos de USD 21 y ensaladas empaquetadas de USD 18, lo que dejó en evidencia el magnetismo de la marca incluso en un entorno orientado al arte.
Las primeras reacciones de los visitantes evidenciaron tanto entusiasmo como reservas. Muchos destacaron la amplitud y la luminosidad de los pasillos exteriores, donde la luz natural favorece la apreciación de obras de distintas culturas y periodos históricos.
Sin embargo, surgieron críticas sobre las salas interiores, percibidas por algunos asistentes como demasiado oscuras o con piezas demasiado próximas entre sí, lo que dificultaba la contemplación.
Una profesora jubilada de 83 años mencionó su preferencia por la claridad de las ventanas, contrastando con quienes valoraron el ambiente más íntimo.
La apuesta del arquitecto por el minimalismo y los materiales grises ha sido objeto de debate en la ciudad desde el anuncio del proyecto.
Aunque el edificio abarca una longitud equivalente a tres campos de fútbol, su superficie total es 930 metros cuadrados menor que la de los antiguos pabellones, lo que ha alimentado el escepticismo de quienes consideran el proyecto excesivamente costoso o reducido frente a la magnitud de la colección del museo.
Opiniones divididas sobre la arquitectura y el espacio interior
La diversidad de opiniones se reflejó también en las elecciones artísticas y la valoración del espacio. Una estudiante de diseño gráfico resaltó la belleza del minimalismo y el impacto de una pieza de caligrafía china de 1.000 a.C., mientras otra visitante se sintió especialmente conmovida por las antigüedades egipcias, celebrando el efecto que la oscuridad de las paredes producía en los relieves.
El arquitecto suizo, quien formó parte del equipo original del proyecto hace quince años, describió la experiencia de ver la obra terminada como profundamente conmovedora.
Para él, la polémica es una reacción natural ante lo novedoso: “Las personas temen lo nuevo. Los nuevos edificios son una nueva manera de ver los museos. Estoy seguro de que vendrán de todo el mundo a visitarlo”.
El debate en torno a la cafetería Erewhon
La apertura de Erewhon dentro del museo generó reacciones mixtas. Algunos visitantes celebraron la incorporación de una marca reconocida, mientras otros lamentaron la falta de opciones más accesibles.
Una visitante sostuvo que Erewhon “solo atiende a las clases adineradas”, sugiriendo la conveniencia de recuperar alternativas económicas como los antiguos food trucks o el restaurante previo al rediseño.
Para quienes se preguntan qué sucedió el día de la inauguración de las David Geffen Galleries en el LACMA, la jornada reunió a miles de personas que exploraron tanto las obras de arte como la arquitectura del nuevo edificio.
El evento generó opiniones encontradas sobre el diseño, la iluminación y la inclusión de una cafetería de lujo, en medio de una gran expectación ciudadana y de la atención internacional.
Un espacio que despierta debate y nuevas experiencias
El recorrido por las salas permitió a los visitantes descubrir piezas contemporáneas, como “Octavia’s Gaze” de Todd Gray, que ocupó un lugar destacado y fue apreciada por la intensidad de sus colores bajo la luz natural.
Las grandes ventanas de piso a techo y las vistas panorámicas de Los Ángeles se convirtieron en otros de los aspectos más valorados por el público.
Mientras algunos asistentes consideraron el uso del concreto como un acierto que aporta modernidad y amplitud al museo, otros expresaron nostalgia por los antiguos espacios y la oferta gastronómica anterior.
La experiencia de recorrer la galería, lejos de zanjar la discusión sobre su diseño y funcionalidad, parece haber revitalizado el debate, confirmando que el nuevo edificio del LACMA no deja a nadie indiferente y se perfila como un punto de encuentro obligado para el arte y la arquitectura contemporáneos en la ciudad.