Las renuncias de Eric Swalwell y Tony Gonzales desataron un reclamo nacional por revisar las reglas sobre el acoso sexual y los abusos de poder en el Congreso de Estados Unidos. La crisis, impulsada por presión bipartidista y demandas sociales, tiene como punto central el manejo de USD 400.000 en pagos por violaciones a los derechos laborales y sexuales, y una nueva exigencia de tolerancia cero.
Las revelaciones, que involucran a legisladores influyentes y cargos de alto nivel, ponen en duda la transparencia interna y evidencian una falla estructural. Las recientes dimisiones llegan tras denuncias documentadas y pagos indemnizatorios gestionados desde 2018 por la Oficina de Derechos Laborales del Congreso.
El país asiste a un punto de quiebre en cuanto a prácticas históricas de encubrimiento y falta de consecuencias reales.
El Congreso enfrenta demandas de transformación tras pagos por violaciones a los derechos laborales
La reforma adoptada en 2018 no logró erradicar el problema de raíz: la Oficina de Derechos Laborales del Congreso realizó ocho pagos, que juntos superan los USD 400.000, provenientes de las oficinas de miembros de la Cámara de Representantes.
Según información de ABC News, estas sumas corresponden a indemnizaciones ante distintas violaciones a los derechos laborales, incluidas denuncias precisas de acoso sexual. Los pagos reflejan dimensiones sistémicas y no solo conductas individuales, lo que exige una revisión urgente en los mecanismos internos de control.
Las acusaciones que precipitaron la salida de Swalwell y Gonzales
La renuncia de Swalwell, demócrata por California, y Gonzales, republicano por Texas, se anunció el lunes previo al reinicio de la Cámara en Washington. Ambos enfrentaban el riesgo de expulsión, ya que sus pares analizaron acusaciones de conducta sexual inapropiada hacia personal a cargo.
En el caso de Swalwell, hay reportes documentados por San Francisco Chronicle y CNN que remontan las denuncias iniciales a 2019, con testimonios actualizados de mujeres que apuntan a episodios de agresión sexual y actitudes indebidas. Swalwell rechaza los hechos, aunque aceptó errores de juicio.
Gonzales reconoció en 2024 una relación extramatrimonial con una empleada, quien después se quitó la vida. Resistió múltiples llamados a la dimisión hasta que la presión política se volvió insostenible, según informó ABC News. La salida de ambos se precipitó por la advertencia de un grupo bipartidista de legisladoras que planeaba avanzar con resoluciones de expulsión.
Alexandria Ocasio-Cortez, demócrata por Nueva York, destacó que la situación supone un “punto de inflexión” para la cultura de impunidad: el abuso de poder “nunca debe ser tolerado, y menos aún en un cargo público”.
Exigencias públicas y vacíos en el control institucional
La congresista Nancy Mace, sobreviviente de abuso sexual y referente del Partido Republicano, lidera desde 2019 una campaña para endurecer sanciones y fortalecer el escrutinio interno. Junto con la republicana Anna Paulina Luna y otras figuras de ambas bancadas, elevaron el reclamo de dimisión no solo para Swalwell y Gonzales, sino también para Cory Mills, investigado por presunto acoso y violencia hacia una expareja.
De forma paralela, Mace y Luna piden la renuncia de Sheila Cherfilus-McCormick, demócrata de Florida, después de que el Comité de ética concluyó que vulneró la ley de financiamiento de campañas y que recibió un pago indebido de USD 5 millones del Estado de Florida para la empresa familiar. Cherfilus-McCormick sostiene que su actuación fue regular y niega cualquier irregularidad.
La dirección política respondió con cautela. El presidente de la Cámara, Mike Johnson, dijo a la prensa que el desenlace fue “lo correcto para la institución”. Confirmó, además, que no habló directamente con los congresistas antes de comunicar sus salidas, como reveló ABC News.
Reformas legales y el dilema de la rendición de cuentas
El movimiento #MeToo promovió reformas: se instituyeron capacitaciones obligatorias, mayor transparencia en los acuerdos y sanciones económicas personales sobre quienes resultan responsables. La exrepresentante demócrata Jackie Speier fue clave en la redacción y aprobación de leyes que facilitan la denuncia y eliminan acuerdos de confidencialidad que protegían a legisladores cuestionados.
Pese a los avances, Speier subrayó en declaraciones a The Associated Press: “En el Congreso básicamente preferimos mirar hacia otro lado”. Destacó la autonomía excesiva con la que opera cada membresía y criticó la falta de auditoría institucional. “Nadie los supervisa realmente. Existe una sensación de impunidad que se apodera de muchos”, declaró.
La diputada Teresa Leger Fernández, presidenta del Comité de Mujeres Demócratas, afirmó que el Congreso debe probar que “existe la posibilidad real de rendir cuentas”.
Autocrítica interna y nuevas líneas de investigación
El impacto político forzó la autocrítica incluso entre aliados tradicionales. El senador por Arizona Ruben Gallego, jefe de campaña de Swalwell y su amigo personal, admitió ante los medios: “He fallado. Soy humano. Yo confié en este hombre”. Reconoció haber escuchado rumores sobre actitudes de su colega, aunque mantuvo la confianza previa.
La revisión de los mecanismos internos se entrelaza con otros casos de resonancia internacional. El debate actual en la Cámara refleja lecciones del manejo del expediente Jeffrey Epstein. El año pasado, Nancy Mace, junto a Lauren Boebert y Marjorie Taylor Greene, promovió la desclasificación de expedientes de Epstein contra la presión del expresidente Donald Trump y el propio Mike Johnson.
Mientras impulsa mejoras institucionales, Mace enfrenta una investigación del Comité de ética por presuntos reembolsos inmerecidos de gastos de vivienda. Ella niega los cargos.
El Código de Conducta prohíbe relaciones con personal, pero persisten prácticas opacas
El reglamento interno de la Cámara prohíbe las relaciones sexuales entre legisladores y miembros de su equipo, según recordó ABC News. Sin embargo, para Jackie Speier, la discrecionalidad con que los congresistas gestionan sus despachos y la cultura de encubrimiento mantiene sin resolver la raíz del problema.
Mace fue categórica en redes sociales: “expulsarlos. Hacer rendir cuentas a cada uno”. Y alertó: “La ciudadanía estadounidense está observando.”