La selva tropical más grande de Estados Unidos está a salvo de la tala gracias a un fallo judicial de Alaska

La reciente decisión de una jueza federal impide que compañías privadas retomen acciones legales para explotar madera en la mayor selva templada del país, consolidando una protección duradera para este ecosistema y su diversidad biológica

El fallo judicial de Alaska blinda al Bosque Nacional Tongass contra la tala indiscriminada, asegurando su protección ambiental

El Bosque Nacional Tongass ha quedado a salvo de la tala a gran escala tras una reciente decisión judicial en Alaska que marca un hito para la conservación ambiental en Estados Unidos. Un fallo emitido por la jueza federal Sharon L. Gleason desestimó definitivamente la demanda interpuesta por un grupo de empresas madereras, cerrando la puerta a cualquier intento futuro de reabrir el caso. Esta resolución garantiza que las antiguas masas forestales de Tongass, reconocidas por su biodiversidad y su papel en el equilibrio climático, permanezcan intactas ante la presión de la industria maderera.

La decisión judicial surge en respuesta a la acción legal iniciada en marzo por la Alaska Forest Association, Viking Lumber Company, Inc. y Alcan Timber Incorporated, que buscaban autorización para talar árboles en los bosques primarios de la región. Estas empresas argumentaban que las regulaciones actuales limitaban injustificadamente su acceso a los recursos madereros, afectando su viabilidad económica. Sin embargo, la jueza Gleason concedió la moción de los demandados para desestimar la demanda “con perjuicio”. Esta fórmula legal implica que los demandantes no pueden volver a presentar el mismo caso ante el tribunal, una medida reservada para demandas consideradas infundadas, notificadas indebidamente o presentadas con elementos fraudulentos.

El fallo representa una victoria significativa para la conservación de Tongass, considerada la selva templada más grande del mundo y el bosque nacional más extenso de Estados Unidos. Ubicado en el sureste de Alaska, este ecosistema actúa como refugio vital para una amplia variedad de especies. Entre la fauna que depende de estos bosques se encuentran el águila calva, el cachalote, el león marino de Steller, el salmón Chinook, el oso pardo, la cabra montesa y el armiño Haida, este último en peligro de extinción y caracterizado por su pelaje completamente blanco. Tongass cumple además funciones esenciales para el equilibrio climático global, al servir como sumidero de carbono y regulador de ciclos hidrológicos.

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La jueza federal Sharon L. Gleason desestimó de manera definitiva la demanda de las empresas madereras, cerrando la vía legal para futuras apelaciones

La demanda presentada por las empresas madereras no solo involucró a actores del sector privado, sino también a dos municipios locales y a grupos ambientalistas que se sumaron, en este caso, en defensa de la industria. Los demandantes dirigieron su acción contra el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, su secretario, el Servicio Forestal de Estados Unidos y su director, alegando que las restricciones impuestas a la tala excedían los límites establecidos por la legislación vigente y limitaban gravemente la actividad económica de la región. Según uno de los directivos de Viking Lumber citado en la causa, la supervivencia de la empresa dependía de la posibilidad de acceder a madera de árboles antiguos, una afirmación utilizada para subrayar el impacto potencial de las regulaciones.

Los argumentos legales de ambas partes giraron en torno a la interpretación de dos reglamentos aprobados por el Departamento de Agricultura (USDA) en 2016 y 2021, así como la aplicación de la Ley de Reforma de la Madera de Tongass (TTRA) de 1990. Los demandantes sostenían que el “Plan Forestal de 2016” establecía una obligación concreta de proveer a la industria maderera áreas de tala suficientes para satisfacer la demanda del mercado, fijando un objetivo de 46 millones de pies tablares, de los cuales 34 millones debían provenir de bosques antiguos. También cuestionaron la validez del anuncio de 2021, la llamada “Estrategia de Sostenibilidad del Sudeste de Alaska” (SASS), al alegar que debería haber estado sujeta a un proceso de comentarios públicos.

El Bosque Nacional Tongass destaca por su biodiversidad y sus funciones ecológicas, siendo el mayor sumidero de carbono de Estados Unidos

Por su parte, los demandados argumentaron que ni la TTRA ni el Plan Forestal de 2016 establecían cuotas obligatorias, sino límites máximos y lineamientos generales. Defendieron que la SASS era una extensión lógica del plan anterior, no una nueva normativa, y que la interpretación de la industria era errónea. La jueza Gleason acogió estos razonamientos y determinó que el texto del plan no imponía obligaciones de proveer volúmenes específicos de madera, sino que delineaba un techo máximo de extracción.

Tras conocerse la sentencia, figuras vinculadas a la defensa ambiental expresaron su satisfacción. Marlee Goska, abogada del Centro para la Diversidad Biológica en Alaska, señaló que el fallo “representa una gran victoria para los bosques primarios de Tongass” y destacó el rechazo categórico del tribunal al intento de promover la tala a gran escala. Goska afirmó que la demanda carecía de fundamento legal y subrayó la necesidad de preservar Tongass en beneficio de la vida silvestre, el clima y las comunidades locales.

La regulación de la tala en Tongass se encuentra enmarcada por la TTRA, que desde 1990 establece la obligación de proporcionar áreas de explotación maderera para satisfacer la demanda de mercado, aunque sin imponer cuotas estrictas. El Plan Forestal de 2016, sujeto a esta ley, fijó un límite máximo de extracción y diferenció entre madera de bosques antiguos y jóvenes, mientras que la SASS de 2021 profundizó la protección al proponer el fin de la tala de bosques antiguos, salvo por razones tribales. La interpretación y aplicación de estas normas han sido el eje del conflicto legal ahora resuelto, al menos de forma definitiva, por la justicia federal.

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