Un estudio reciente confirmó que las aguas del golfo de Maine están experimentando un calentamiento acelerado, lo que afecta directamente al ciclo vital de la langosta americana y pone en riesgo el futuro de una de las principales fuentes de pesca para la economía local, según información proporcionada por el medio especializado en cambio climático Inside Climate News.
En 2015, una investigación dirigida por Andrew Pershing reveló que la temperatura superficial del golfo de Maine se está incrementando un 99 % más rápido que la media global del océano, como detalla Inside Climate News.
Este fenómeno inquieta tanto a científicos como a la industria pesquera, dado que el rápido aumento de temperaturas amenaza con modificar la fisiología, reproducción y supervivencia de la especie, comprometiendo así una actividad que durante el año pasado generó USD 619 millones para los pescadores comerciales, de acuerdo con el Departamento de Recursos Marinos de Maine.
La magnitud del recurso en riesgo se evidencia en que la pesca de langosta en Maine alcanzó las 35.800 toneladas en el último año.
Efectos ambientales en el desarrollo de la langosta
La influencia de múltiples factores ambientales sobre la langosta americana fue objeto de un estudio financiado por el programa de investigación marina del gobierno de Estados Unidos, NOAA Sea Grant, cuyos resultados fueron divulgados por Inside Climate News.
En el experimento, realizado en un laboratorio especializado de Virginia, los investigadores recrearon las condiciones actuales y futuras del golfo de Maine utilizando 24 individuos, con temperaturas proyectadas para el año 2100, así como niveles de acidificación acordes con lo anticipado para esa fecha.
El análisis se centró en cómo la combinación de calentamiento del agua y acidificación oceánica impacta el desarrollo embrionario y la fisiología de las larvas.
Emily Rivest, profesora asociada en la Batten School of Coastal & Marine Sciences de William & Mary, explicó que, aunque los embriones de langosta demostraron tolerancia a la mayor acidez, resultaron sensibles a temperaturas elevadas. Ante estas condiciones, las larvas eclosionaron a un tamaño menor, lo que incrementa la vulnerabilidad ante depredadores y reduce sus posibilidades de alcanzar la etapa juvenil.
Rivest también señaló que esta etapa es crítica porque marca el descenso de las langostas al fondo marino, esencial para la continuidad de la actividad pesquera. Destacó el colapso de la pesquería de Massachusetts como antecedente relevante: el incremento térmico en esa región debilitó a las langostas, favoreciendo enfermedades y desplazamientos hacia el norte.
Miguel Barajas, investigador del Instituto de Investigación del Golfo de Maine, subrayó que, al ser ectotermos, las langostas no regulan su temperatura corporal y dependen completamente de su entorno. Ante aguas demasiado cálidas o ácidas, las tasas metabólicas aumentan, alterando la reproducción y el crecimiento. Barajas señaló que solo considerando la interacción de estos factores es posible comprender en profundidad el futuro de la especie.
Retos para la sostenibilidad de la pesca de langosta
Para proteger la reproducción de la especie, la pesca de langosta en Maine mantiene prácticas históricas como el “V-notching”, instauradas en 1917, que consisten en marcar con una muesca en la cola a las hembras portadoras de huevos para impedir su captura.
De acuerdo con el Lobster Institute, centro de investigación especializado en crustáceos de la Universidad de Maine, una hembra de 450 gramos transporta aproximadamente 8.000 huevos, mientras que las de 4,1 kilogramos pueden portar más de 100.000. Sin embargo, los datos de NOAA muestran la enorme vulnerabilidad de la población: solo dos de cada 50.000 huevos alcanzan la talla mínima legal para su pesca.
Charles Tilburg, profesor de oceanografía en la Universidad de Nueva Inglaterra, atribuye parte del calentamiento al debilitamiento de la corriente del Labrador, que suministra agua fría desde el ártico. Según lo informado a Inside Climate News, proyecta que el golfo de Maine podría experimentar un incremento adicional de 1,1 a 2,4 °C antes de 2050, dependiendo del grado de aceleración del cambio climático inducido por la actividad humana.
La preocupación también alcanza a otros componentes ambientales. Mike Doan, científico de la organización ambiental Friends of Casco Bay, destaca el papel combinado de la temperatura y la acidificación, señalando que los cambios en la salinidad, provocados por el deshielo glaciar de Groenlandia, se añaden a la compleja red de factores que modelan las condiciones del golfo.
Michelle Brown, coordinadora de investigación y extensión del Lobster Research en la Universidad de Maine, reconoce la importancia de estos estudios para anticipar los costes económicos y gestionar la respuesta del sector ante el avance del cambio climático.
Curt Brown, pescador y copresidente del Coastal and Marine Working Group del Maine Climate Council, reafirma que el reto de preservar la pesca de langosta requiere tanto monitoreo científico como acciones colectivas sobre el modelo energético y de consumo.
De acuerdo con la información reunida por Inside Climate News, la integración de conocimiento científico y prácticas de gestión pesquera será decisiva para la resiliencia de la pesca de langosta de Maine en las próximas décadas.