La automoción eléctrica en Estados Unidos atraviesa un frenazo. La gigantesca planta de Magna en St. Clair, Michigan, con 100.000 metros cuadrados fue levantada para abastecer la ofensiva de vehículos eléctricos de General Motors en plena ola de inversión, pero hoy opera casi vacía ante la caída abrupta de la demanda.
Los planes para convertir el cinturón industrial estadounidense en un polo de autos eléctricos sufren reveses consecutivos: proveedores afectados, inversores inciertos y consumidores reacios. El encarecimiento de la gasolina —empujado por el conflicto en Irán— no ha revertido la tendencia, mientras fabricantes recortan empleos y frenan proyectos.
Según The Wall Street Journal, esta coyuntura amenaza con dejar un legado de instalaciones infrautilizadas y decenas de miles de millones de dólares en capital inmovilizado.
La crisis golpea la cadena de suministro y se refleja en decisiones como el cierre parcial de la planta de General Motors en Detroit, tras suspender la producción de camionetas eléctricas por bajas ventas. Esto impactó de lleno en Magna, que invirtió USD 575 millones en St. Clair respaldada por un contrato con GM que contemplaba la fabricación de hasta 600.000 vehículos eléctricos al año para 2025.
Las pérdidas asociadas a este giro alcanzan niveles récord: la firma de análisis de política pública Atlas Public Policy indicó que en 2023 se perdieron más de USD 20.000 millones en inversiones previamente anunciadas para instalaciones de autos eléctricos y baterías. GM, además, pagó USD 400 millones a proveedores por modificar o cancelar contratos, tras cambios regulatorios y la retirada de créditos fiscales bajo la administración Trump.
La reestructuración de General Motors y Ford en Michigan, con lanzamientos eléctricos más caros que los tradicionales, buscaba recuperar la inversión en componentes como los fabricados por Magna. Sin embargo, la retirada de incentivos federales, persistencia inflacionaria, incertidumbre global por la guerra en Oriente Medio y bajas ventas minaron expectativas.
La consultora de referencia en el sector automotor JD Power anticipó una caída mayor al 10% en ventas de autos en marzo y una pérdida de cuota de mercado para modelos eléctricos.
Diversificación frustrada y despidos en la cadena de autopartes
El director ejecutivo de Magna, Swamy Kotagiri, afirmó a The Wall Street Journal que la incertidumbre en la industria es inédita. La empresa —presente en casi todos los autos de América del Norte— enfrenta el reto de reorientar una infraestructura pensada para un boom eléctrico que no se materializó.
Según Kotagiri, necesitarán entre 18 y 24 meses para atraer nuevos clientes y devolver St. Clair a la rentabilidad.
Multinacionales del sector, como Dana y BorgWarner, redujeron miles de empleos y cerraron plantas. Los proveedores pequeños difícilmente recuperan lo invertido: “Básicamente, no tienen escapatoria”, sostuvo la abogada Catherine Karol del despacho jurídico especializado en sector industrial Butzel.
Muchos debieron costear líneas de ensamblaje confiando en compras de OEM que, en varios casos, nunca llegaron.
En St. Clair, la plantilla prevista de 900 empleados en Magna bajó a “solo unos cientos”, relató Daniel Martin, exsupervisor de producción. Las contrataciones y despidos fluctúan con el mercado. Otros proveedores siguen el mismo camino: la firma Voltava de Bruce Smith opera hoy con un solo turno tras adquirir una planta para GM y haber trabajado a máxima capacidad.
Políticas públicas y transformación industrial
Las perspectivas de electrificación se vieron afectadas por la volatilidad política. El retiro de créditos fiscales federales de USD 7.500 para compradores de eléctricos —decisión del Congreso y la administración Trump— y la supresión de normas de eficiencia energética paralizaron el crecimiento proyectado.
El director financiero de GM, Paul Jacobson, reveló planes originales para fabricar un millón de eléctricos al año. A fines de 2024, GM vendía unos ocho mil al mes y en 2023 solo logró comercializar algo más de 11 mil Silverado eléctricos.
“La magnitud de la incertidumbre no tiene precedentes”, subrayó Kotagiri, al frente de Magna desde 2021. La empresa estudia ofrecer hasta el 80% de sus componentes como piezas universales para sistemas de propulsión, en busca de mayor flexibilidad.
Para St. Clair, el impacto afecta al empleo y a los ingresos municipales. El alcalde Bill Cedar admitió a The Wall Street Journal la preocupación por las inversiones e incentivos volcados para atraer a Magna.
Cifras de una expansión y caída del auto eléctrico
A comienzos de la década, la movilidad eléctrica representaba solo el 2% de autos vendidos en Estados Unidos, con Tesla atrapando el 80% del segmento. Incentivos y regulaciones de la administración Biden motivaron inversiones cercanas a USD 200.000 millones entre 2022 y 2025 en nuevas plantas y baterías.
Magna proyectó ingresos anuales de USD 2.500 millones solo por componentes eléctricos y, en 2022, estimaba un aporte de USD 4.500 millones en su balance por autos eléctricos.
Hoy, Magna abre sus instalaciones de St. Clair a nuevos fabricantes y proveedores, en busca de alternativas que ocupen los espacios vacíos y sostengan los empleos. La empresa negocia con posibles clientes que podrían requerir piezas diferentes a las desarrolladas para General Motors.
“Ninguno de nosotros tiene una bola de cristal”, resumió Kotagiri, aludiendo al desconcierto con el que la industria observa el freno en la mayor apuesta de transformación automotriz de la última década.