El fallecimiento de Alexander Butterfield a los 99 años marca el cierre de una etapa clave en la historia política de Estados Unidos.
Su nombre quedó grabado por haber revelado, casi por accidente, la existencia del sistema de grabación instalado en la Casa Blanca durante la presidencia de Richard Nixon, hecho que precipitó la renuncia del mandatario en el contexto del escándalo de Watergate.
La revelación de Butterfield ante el comité del Senado en 1973 permitió descubrir miles de horas de grabaciones de conversaciones en la Casa Blanca, que resultaron fundamentales para demostrar la implicación de Nixon en el encubrimiento del robo en la sede del Partido Demócrata.
Esta evidencia llevó a la renuncia del presidente el 9 de agosto de 1974, consolidando a Butterfield como un testigo clave de la historia contemporánea de Estados Unidos.
La revelación que cambió el curso de la presidencia de Nixon
Butterfield, quien ejercía como asistente adjunto del presidente, supervisó la instalación y el funcionamiento de los micrófonos ocultos conectados a grabadoras en la Oficina Oval y otros lugares estratégicos.
Solo un pequeño grupo de personas, entre ellas Nixon, su jefe de gabinete HR Haldeman, un asistente y algunos agentes del Servicio Secreto, conocían este sistema secreto.
Cuando fue interrogado por el comité del Senado en julio de 1973, Butterfield confirmó la existencia del sistema de grabación, declaración que sorprendió tanto a aliados como a opositores del presidente.
Durante su testimonio, Butterfield afirmó: “todo fue grabado… mientras el presidente estuvo presente”, lo que permitió a los investigadores acceder a miles de horas de conversaciones.
Estas grabaciones resultaron determinantes para documentar el papel de Nixon en el encubrimiento del robo, y condujeron finalmente a su renuncia tras la orden de la Corte Suprema de entregar las cintas.
Trayectoria militar y carrera en la administración pública
Nacido en Pensacola, Florida, en 1926, Butterfield desarrolló una extensa carrera militar antes de llegar a la Casa Blanca.
Sirvió como instructor en la Fuerza Aérea durante la Guerra de Corea, tuvo destinos en Alemania y Australia, y alcanzó el rango de coronel tras dos décadas de servicio.
Antes de formar parte del círculo cercano de Nixon, Butterfield fue asistente militar en el Departamento de Defensa y representante de alto nivel en el Pacífico.
En la administración Nixon, ejerció como asistente adjunto entre 1969 y 1973, bajo la supervisión de Haldeman. Entre sus funciones estuvo la coordinación del gabinete y la supervisión de operaciones internas en la Casa Blanca.
Posteriormente, Butterfield asumió la dirección de la Administración Federal de Aviación (FAA) hasta 1975, cargo del que, según su testimonio, fue apartado por razones políticas tras su intervención en el caso Watergate.
Consecuencias y legado de su testimonio
La confirmación del sistema de grabación por parte de Butterfield desató una batalla legal que culminó con el fallo de la Corte Suprema en 1974, obligando a Nixon a entregar las cintas.
El contenido de esos registros reveló aspectos personales y opiniones controvertidas del presidente, y fue decisivo para probar su implicación en el escándalo.
Butterfield reflexionó años más tarde sobre su papel en la caída de Nixon: “No me gustaba ser la causa, pero sentía que lo era, en muchos sentidos”.
Reconoció que no previó la magnitud de las consecuencias, aunque intuía que las grabaciones serían perjudiciales para el presidente.
Tras su salida de la vida pública, trabajó como ejecutivo en California y obtuvo una maestría en la Universidad de California, San Diego.
Críticas posteriores y valoración histórica
Quienes conocieron a Butterfield, como John Dean, también asesor de Nixon, destacaron la dificultad moral de revelar un secreto de esa naturaleza.
Dean afirmó: “Tenía la gran responsabilidad de revelar algo que había jurado guardar en secreto, como la instalación del sistema de grabación de Nixon. Se puso de pie y dijo la verdad”.
En años posteriores, Butterfield fue implacable en sus críticas a Nixon, a quien calificó de “poco honesto” y “estafador”.
Sostuvo que el presidente sabía del robo de Watergate antes de que ocurriera y fue el responsable directo del encubrimiento. No ocultó su alivio cuando Nixon dejó el cargo: “Me encontré aplaudiendo... la justicia había prevalecido”.
Con la muerte de Butterfield, desaparece uno de los protagonistas de un episodio que redefinió la política y la transparencia en la Casa Blanca.
Las cintas que ayudó a sacar a la luz permanecen bajo resguardo de los Archivos Nacionales, como testimonio de uno de los capítulos más trascendentales de la historia presidencial estadounidense.