Un ciclón bomba es un fenómeno meteorológico extremo que ocurre cuando un sistema de baja presión se intensifica repentinamente debido a una rápida caída de presión atmosférica en un corto período. Se trata de un proceso conocido como bombogénesis, que suele presentarse en latitudes medias y se caracteriza por generar tormentas de gran poder destructivo.
El evento más reciente de este tipo afectó abruptamente a la Costa Este de Estados Unidos. Dejó a su paso millones bajo alerta y cortó la electricidad a más de 500.000 personas.
La mayor parte de las interrupciones de suministro se registró en los estados de Massachusetts y Nueva Jersey. Las autoridades y organismos de emergencia advirtieron que la nevada asociada a este ciclón bomba podría figurar entre las más intensas jamás registradas en las áreas más densamente pobladas del país, de acuerdo con la revista semanal estadounidense de referencia Time.
Más de 65 millones bajo alerta y récords de nieve histórica
Durante la tarde del domingo, 65 millones de personas —aproximadamente una quinta parte de la población estadounidense— estaban bajo algún tipo de alerta relacionada con la tormenta, según datos del diario estadounidense de gran circulación The Washington Post citados por Time.
De este grupo, 35 millones —más de un 10 % de la población— desde Virginia hasta Maine recibieron advertencias de ventisca. Aunque algunas de estas advertencias se retiraron el lunes por la tarde, los efectos continuaron sintiéndose: cortes masivos de energía, carreteras intransitables y miles de vuelos afectados.
La acumulación de nieve fue extraordinaria. En Central Park, al mediodía del lunes, se registraron 20 pulgadas (más de 50 cm) de nieve, ubicándose como el noveno mayor registro histórico en ese punto.
En el Aeropuerto Internacional de Newark, el acumulado llegó a 27,1 pulgadas (68,8 cm), apenas por debajo de las 27,8 pulgadas (70,6 cm) del récord absoluto establecido durante la gran nevada de 1996.
Claves del ciclón bomba: proceso, impacto y contexto meteorológico
Expertos meteorológicos explicaron que la tormenta se intensificó de forma abrupta en la madrugada del lunes al cumplirse el proceso de bombogénesis, término extraoficial en español que designa una rápida caída de la presión atmosférica.
Este fenómeno ocurre cuando la presión desciende al menos 17,8 milibares en 24 horas en latitudes como la de Nueva York, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).
La combinación de fuertes vientos y nevadas intensas generó múltiples incidentes generalizados: caída de árboles, daños en tendidos eléctricos y visibilidad casi nula en numerosos tramos. En varias zonas de Massachusetts, las rachas superaron los 112 km/h (70 mph).
Estas condiciones extremas dificultaron el trabajo de las compañías eléctricas y de gas, cuyo acceso para restaurar el suministro quedó limitado debido a la gravedad del temporal.
El término ciclón bomba se aplica a cualquier tormenta que se intensifica de manera súbita, fenómeno que resulta habitual principalmente en otoño e invierno por el choque entre aire frío ártico y vientos cálidos. Para muchos habitantes de la Costa Este, la magnitud superó las previsiones.
“Han pasado varios años desde que vimos una tormenta de esta magnitud afectar una región tan amplia y poblada”, afirmó Cody Snell, meteorólogo del Centro de Predicción del Tiempo del Servicio Meteorológico Nacional, a la agencia de noticias global Associated Press, citada por Time.
Estados de emergencia y restricciones en el noreste
Diversos estados declararon el estado de emergencia ante el avance del temporal. En Nueva Jersey, la gobernadora Mikie Sherrill advirtió que el episodio sería el peor desde la gran ventisca de 1996, última ocasión en la que las 21 jurisdicciones estatales recibieron alertas de tormenta.
En Nueva York, la gobernadora Kathy Hochul anunció que el Servicio Meteorológico Nacional emitió su primera advertencia de ventisca para la ciudad desde 2017 y la primera para Long Island desde 2022.
La mandataria estimó un riesgo potencialmente histórico para Long Island, alertando sobre inundaciones y una alta vulnerabilidad, por lo que pidió a la población prepararse para la emergencia.
En la ciudad de Nueva York, el alcalde Zohran Mamdani decretó la emergencia local e impuso una prohibición de circular la noche del domingo, y aseguró que se trata de “una de las diez peores nevadas locales si se cumplían las previsiones”, según Time.
Finalmente, la nevada del lunes confirmó este pronóstico y se ubicó entre los episodios más severos desde el inicio de las estadísticas en 1869.
Apagones, vuelos y vida urbana paralizada
El intenso temporal y las restricciones de movilidad interrumpieron la vida cotidiana. Hasta el lunes a las 18:00 (hora del Este), más de 500.000 personas continuaban sin electricidad, de acuerdo con el portal especializado de monitoreo eléctrico poweroutage.us citado por Time y concentradas en Massachusetts y Nueva Jersey.
La combinación de viento y nieve obstaculizó la reapertura de caminos y la reactivación de servicios. La baja visibilidad retrasó la restauración del suministro energético y alteró las operaciones de los principales aeropuertos, con miles de vuelos cancelados o demorados.
El domingo por la noche, incluso Broadway, el distrito teatral de Nueva York, suspendió todos sus espectáculos, ilustrando el nivel de interrupción urbana causado por la tormenta.
El lunes por la tarde, la ciudad comenzó a recuperar cierta normalidad con el levantamiento de la prohibición de circular dispuesta por Zohran Mamdani y la autorización para retomar las clases presenciales el martes, aunque la recomendación general fue limitar los desplazamientos y permanecer en interiores.
Comparación con tormentas previas y registros históricos
Aunque la región está habituada a inviernos rigurosos, la dimensión de este episodio destaca en los registros. En enero de 2016, una tormenta similar depositó en Central Park27,5 pulgadas de nieve, la máxima medida desde 1869.
En febrero de 2006, otra gran nevada alcanzó 26,9 pulgadas.
El repaso de estos episodios permite ubicar el fenómeno actual dentro de los temporales más significativos de la memoria reciente en el noreste de Estados Unidos, remarcando la vulnerabilidad de grandes ciudades ante eventos meteorológicos extremos según reporta la revista Time.