Kevin Warsh fue nominado como nuevo presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos por el mandatario Donald Trump, una decisión que reactiva el debate sobre el futuro rumbo en la política monetaria.
Su designación ocurre en un momento en que la economía estadounidense enfrenta desafíos de crecimiento, inflación y presiones políticas desde la Casa Blanca.
A los 55 años, Warsh asumirá -si es ratificado por el Senado- el liderazgo del principal banco central del mundo en uno de los periodos más complejos de sus 112 años de historia.
Trump lo presentó como una figura central para implementar cambios que impulsen tasas de interés más bajas, una meta prioritaria de su administración. La reacción positiva de los mercados, con un alza del dólar tras conocerse su nominación, reflejó la percepción de que Warsh puede resistir presiones políticas y favorecer cierta estabilidad.
La trayectoria de Warsh en la Reserva Federal comenzó en 2006, cuando el entonces presidente George W. Bush lo eligió como gobernador, convirtiéndolo en el miembro más joven en acceder al directorio del banco central.
Durante la crisis financiera de 2008, Warsh se convirtió en un enlace clave entre la Fed y Wall Street.
Don Kohn, ex vicepresidente de la Reserva Federal, destacó que Warsh “aportó mucha experiencia real, conocía a estas personas en Wall Street, sabía la diferencia entre cuando estaban defendiendo sus libros y cuando nos traían buena información”.
Lloyd Blankfein, ex CEO de Goldman Sachs, también lo recordó como un funcionario sereno y dispuesto a colaborar en los momentos de mayor tensión.
La influencia de Warsh va más allá de sus lazos con las finanzas. Inició su carrera en Morgan Stanley en 1995 y, en 2002, ingresó al gobierno federal como asesor económico en la administración Bush. Ese mismo año, su matrimonio con Jane Lauder, parte de la familia propietaria de Estée Lauder, afianzó sus vínculos con la élite republicana. Su suegro, Ronald Lauder, mantiene una relación cercana con Trump.
En el plano de las ideas económicas, Warsh se mostró partidario de buscar crecimiento sin alimentar la inflación. Stanley Druckenmiller, ex gestor de fondos de cobertura y socio de Warsh desde 2011, señaló a Financial Times que Warsh se inclina por la visión de Alan Greenspan sobre la productividad y el crecimiento de los años ’90.
Warsh sostiene que el avance de la inteligencia artificial podría elevar la productividad sin presionar los precios, argumento que podría respaldar más recortes de tasas por parte de la Reserva Federal.
Su historial de votación en la Fed fortaleció la confianza de algunos inversores, como Mohamed El-Erian, ex CEO de Pimco, quien dijo a Financial Times: “Siento que es mucho más conocido y me siento cómodo con la mayoría de sus opiniones”. El-Erian remarcó que Warsh fue el último gobernador que “hizo un esfuerzo significativo para comprender la evolución del mercado”.
El vínculo de Warsh con la administración Trump no es reciente. Ya había sido considerado para presidir la Fed en 2017 y, tras la victoria electoral del mandatario en 2024, su nombre sonó para el cargo de secretario del Tesoro. Aunque ese puesto recayó en Scott Bessent, Warsh ganó respaldo dentro del círculo presidencial por su postura a favor de una “reforma fundamental” de la Reserva Federal.
En abril pasado, Warsh cuestionó el papel creciente del banco central en la política económica, advirtiendo que “las incursiones en otros ámbitos han conducido a errores sistemáticos en la conducción de la política macroeconómica”.
Warsh dimitió como gobernador en 2011, meses después de que la Fed aprobara nuevas compras de bonos, y desde entonces ha criticado con dureza algunas de las políticas que ayudó a diseñar.
De confirmarse su nombramiento en el Senado, Warsh reemplazará a Jerome Powell -termina su mandato en mayo- y deberá conducir una junta directiva dividida entre quienes priorizan la lucha contra la inflación y quienes buscan impulsar el mercado laboral.
Alan Schwartz, presidente ejecutivo de Guggenheim Partners y ex CEO de Bear Stearns, expresó a Financial Times su confianza en la capacidad de Warsh para alcanzar consensos: “No se puede ser dictatorial en cuanto a políticas. Warsh aportará la seriedad necesaria a las discusiones grupales que permitirán alcanzar un consenso”, expresó.
En la actualidad, la Reserva Federal mantiene las tasas de interés en un rango de 3,5% a 3,75%, lejos del 1% que desea Trump, y Warsh no descarta la posibilidad de más recortes. Al mismo tiempo, ha defendido la revisión del acuerdo de 1951 que regula la independencia de la Fed respecto del poder ejecutivo, una postura que genera inquietud en algunos sectores internos del banco central.
“Kevin cree firmemente que se puede tener crecimiento sin inflación”, afirmó Stanley Druckenmiller.
La llegada de Warsh al frente de la Reserva Federal marca el retorno de un perfil con experiencia en crisis, conexiones políticas y una visión crítica sobre el rol expansivo del banco central, en un contexto donde la independencia institucional y las decisiones de política monetaria vuelven a estar bajo la lupa.