En la noche del 7 de diciembre de 2000, Rodney Castlin, de 36 años, se encontraba trabajando en el turno nocturno en el Wingate Inn, un hotel cercano a Atlanta, en el condado de Cobb, Georgia. Castlin trabajaba de noche para poder asistir a clases de negocios durante el día. Su esposa, Kelley Castlin, estaba embarazada de ocho meses, y juntos compartían un hijo pequeño. Rodney también tenía dos hijos de una relación anterior. Esa noche, la familia Castlin sufriría una pérdida devastadora.
Durante el turno de Rodney, dos ladrones armados irrumpieron en el hotel. Uno de ellos saltó sobre el mostrador, dejando una huella dactilar en el proceso, y disparó a Rodney en el pecho, matándolo al instante. Los asaltantes se llevaron 304 dólares antes de huir de la escena. Este brutal asesinato dejó a una familia sumida en el dolor y a la comunidad horrorizada por el acto de violencia.
El detective John Dawes fue asignado al caso desde el inicio. Un tiempo después, prometió a Kelley Castlin que encontraría al asesino de su esposo. Durante más de una década, esa promesa guió su ardua búsqueda de justicia. El primer rastro importante en el caso fue la huella dactilar dejada por el ladrón, que fue introducida en el Sistema Automatizado de Identificación de Huellas Dactilares (AFIS) a principios de 2001, pero no se encontraron coincidencias.
En 2012, mientras Dawes trabajaba en la unidad de casos sin resolver del condado de Cobb, recibió información sobre un testigo federal que podría tener detalles sobre el homicidio en el hotel Wingate. Con esta nueva pista, Dawes decidió revisar nuevamente la huella dactilar en el sistema AFIS. Esta vez, la huella coincidió con la de James Lorenzo Randolph, un delincuente que acababa de ser liberado de prisión en Carolina del Sur.
Randolph había sido arrestado en diciembre de 2000 por un robo a mano armada en un restaurante de Columbia, Carolina del Sur, donde también dejó su huella dactilar. Fue enviado a prisión y liberado una década después. La huella dactilar del robo en el Wingate Inn coincidía perfectamente con la que Randolph había dejado en el cajón del dinero del restaurante. Con esta evidencia crucial, Dawes estaba convencido de que tenían una gran oportunidad de resolver el caso.
En octubre de 2014, la policía del condado de Cobb arrestó a Randolph en Carolina Del Sur. Finalmente, en marzo de 2016, Randolph fue condenado por el asesinato de Rodney Castlin. Dawes, que había seguido el caso durante todos esos años, testificó en el juicio y ayudó en el procesamiento.
El juicio contra Randolph reveló detalles aterradores y dolorosos del crimen. Randolph había usado un pequeño revólver negro para disparar a Rodney. La evidencia de las huellas dactilares y los testimonios corroboraron su culpabilidad. Tras el juicio, Randolph fue condenado a tres cadenas perpetuas consecutivas más 35 años, asegurando que no tendría la oportunidad de hacer más daño.
Para Kelley Castlin, el proceso de justicia fue largo y doloroso, pero finalmente proporcionó un cierre. La muerte de Rodney no solo dejó un vacío en su familia, sino que también tuvo un impacto profundo en la comunidad. Kelley dio a luz a su hija, Ryan, en febrero de 2001, y enfrentó el duro reto de criar a sus hijos sin su esposo.
A pesar de las dificultades, Kelley encontró fuerzas para seguir adelante y honrar la memoria de Rodney. Fundó una organización sin fines de lucro llamada Kennrod, en honor a su esposo y a su hija fallecida, Kennedy. Kennedy había nacido en 1999 con un raro defecto congénito que afectaba las fibras entre los lados izquierdo y derecho del cerebro. La misión de Kennrod es proporcionar servicios educativos y apoyo a niños de comunidades desatendidas.