Cristina García Casado
Salamanca, 2 abr (EFE).- La procesión de la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz, conocida popularmente como la del Arrabal, ha cruzado este Jueves Santo un año más el puente romano desde ese barrio hacia la ciudad antigua en la que es la gran postal de la Semana Santa salmantina al ser la única que atraviesa el río Tormes.
Al filo del atardecer, la hermandad ha salido de la antigua iglesia del Arrabal con su emblemática cruz de guía hecha de madera sencilla y con dos ramos de olivos entrecruzados y el característico hábito blanco monacal, por tanto con cara descubierta, de sus integrantes, acompañados en ese momento clave por el alcalde, Carlos García Carbayo, y la concejala de Festejos, Carmen Seguín.
Primero ha salido el Cristo del Amor y de la Paz, una obra anónima del siglo XVII, y después, a su encuentro, la talla de María Nuestra Madre, de Hipólito Pérez Calvo en 1987, que tiene la peculiaridad de ser una Dolorosa vestida de blanco, con un manto de salida procesional en colores grisáceos con bordados.
Este año, como novedad, también viste una saya hecha gracias a la donación del traje de luces del torero Alberto López Simón, que fue adaptado para confeccionar esa prenda.
Con las dos imágenes ya fuera del templo, la escena ya había perdido la luz natural y destacaban, al fondo de la postal estética que conforma este paso del río, la Catedral y la Casa Lis iluminadas en dorado y en colores vivos respectivamente.
Esta hermandad se fundó en Salamanca el 2 de febrero de 1971 a iniciativa de un grupo de jóvenes que no encontraban en las cofradías locales un lugar adecuado para desarrollar sus inquietudes espirituales, estéticas y devocionales.
Se le reconocen varios hitos notables, como la inclusión de la mujer como hermana de pleno de derecho en 1972, el hecho de procesionar a cara descubierta con hábito monacal para dar testimonio público de fe, así como la realización de obras sociales y culturales.
La irrupción de esta hermandad, que contribuyó a que se superase la crisis de la Semana Santa en Salamanca de los años setenta, destacó por su concepción moderna de la procesión con elementos antiguos apenas utilizados o de ámbito rural, como las matracas, esquilas y tablas.
Este Jueves Santo han acompañado a los dos pasos la Banda de Música Ciudad del Tormes y la Banda de Música de Villamayor, así como centenares de personas que evidencian un aumento del interés por esta manifestación religiosa, como se está viendo en todas las procesiones de Salamanca este año, animados por el buen tiempo y la ausencia de amenaza de lluvia, a pesar del frío viento de las noches, madrugadas y mañanas. EFE
cgc/fp
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