La acampada de la Puerta del Sol en Madrid, instalada desde el pasado 26 de septiembre tras el desahucio de Maricarmen Abascal para denunciar las dificultades de acceso a la vivienda, ha comenzado a trasladar su protesta a los barrios para organizar la huelga general del 11 de noviembre, aunque una parte va a permanecer en la plaza, “organizándose desde dentro”.
La imagen en el kilómetro cero de la capital ha empezado a cambiar, después de que el sábado la mayoría de las comisiones anunciaran su progresiva disolución, la salida de la plaza de sus integrantes y la “mudanza” a los barrios para centrarse en la huelga. Esta decisión se produjo después de que la Delegación del Gobierno enviase la semana pasada un correo electrónico a la comisión de asesoría legal de la acampada en Sol para comunicarle que “podría resultar legítimo ponerle fin” a la concentración.
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Este lunes ya se pueden ver menos tiendas de campaña y un perfil predominante: el de personas en situación de sinhogarismo que quieren visibilizar su protesta. Es el caso de Marimar, que lleva un mes en la acampada y carece de alternativa habitacional.
“Estaba viviendo en una habitación y me han echado. No puedo contar con ningún amigo y los servicios sociales tampoco hacen nada. Estamos aquí porque ya no podemos más”, lamenta la mujer, de 55 años, en conversación con Infobae. Desde el mes de julio se encuentra desempleada aunque explica que cuando ha tenido trabajo como limpiadora siempre ha sido con “contratos precarios”.
Este mediodía, el movimiento ha leído un “manifiesto reivindicativo político-social” con la intención de que las autoridades se responsabilicen de la situación que les llevó a acampar en Sol el 26 de septiembre y para aclarar que la protesta continúa.
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“No es que la acampada se disuelva, sino que estamos redistribuyendo fuerzas, por eso hay menos tiendas de campaña. Ahora el objetivo es preparar la huelga en los barrios”, explica Diana, una de las portavoces, tras la lectura del manifiesto. También han señalado que refuerzan su apoyo a las personas sin hogar que permanecen en la plaza para “acompañarlas y contribuir a que su situación tenga mayor visibilidad y respaldo social”.
Además, el movimiento ha indicado que en los próximos días se conocerán más detalles en un acto que va “a cambiar completamente la dinámica de todo esto”.
La acampada de Sol ha superado la duración de la histórica protesta del 15M en 2011, que permaneció 28 días en la plaza como respuesta a la crisis económica y al descontento con la clase política. Y aunque en esta última movilización las reivindicaciones se han centrado en el derecho a la vivienda, sus participantes también han extendido sus críticas a otras desigualdades sociales como el sinhogarismo, la violencia de género, la discriminación contra el colectivo LGTBIQ+ y las situaciones de vulnerabilidad que atraviesan muchas personas migrantes al aencontrarse en situación administrativa irregular.
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“Nosotros aquí no estamos ni contra la izquierda ni contra la derecha, estamos contra todos. Pero estamos contra todos porque creemos que las instituciones públicas no están respondiendo a las desigualdades sociales”, señalan fuentes del movimiento. Según explican, la reivindicación por el derecho a la vivienda está atravesada por desigualdades estructurales de clase, género y origen, condiciones pueden agravar la vulnerabilidad de las mujeres, las personas LGTBIQ+, racializadas o migrantes. “El derecho a la vivienda no está garantizado para nadie, pero hay estructuras que hacen que unas personas sean más vulnerables que otras”, añaden.
La acampada, recuerdan, nació con la intención de canalizar un descontento social, por lo que decidieron ocupar Sol y transformar esa sensación de impotencia en acción colectiva. “Partíamos de una percepción compartida de rabia social que, fruto de la desmovilización y la impotencia, no estaba encontrando cauce. Y no pedimos permiso. Percibimos una oportunidad y decidimos correr el riesgo”.
Ha sumado más de 1.200 tiendas de campaña
A lo largo de estos 37 días, la acampada, que ha llegado a sumar más de 1.200 tiendas de campaña, se ha transformado en una pequeña ciudad, con calles, avenidas, plazas y rotondas que llevan al comedor, a la enfermería, al barbero o a la ferretería. Para facilitar la orientación dentro del campamento, Alejandro, un joven aficionado a la cartografía, elaboró un callejero, mientras otros participantes se encargaron de poner nombres de calles en cartones y redistribuir las tiendas. Además de la comisión de Urbanismo, también se establecieron la de Comunicación, Cuidados y Cultura, Mediación y Asesoría Legal, entre otras.
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