Doce piezas de alta joyería, tres conjuntos y una incógnita que sigue sin resolver: quién las fabricó y de dónde proceden. Las joyas intervenidas a José Luis Rodríguez Zapatero en su despacho de Madrid tienen un valor de reposición de 1.023.320 euros, según la segunda tasación encargada por el juez José Luis Calama a la joyería Yanes. Las expertas que han examinado los metales, las gemas y las técnicas de elaboración no han conseguido identificar al fabricante ni determinar el país en el que fueron confeccionadas. Sí han encontrado un elemento común que podría ayudar a reconstruir ese recorrido.
Las joyeras han observado similitudes en el metal empleado, la aleación, el estilo, los engastes y los acabados de esos tres lotes. Unas características que les llevan a considerar que las piezas fueron elaboradas por el mismo orfebre y que su fabricación fue simultánea.
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La conclusión permite establecer una posible relación entre los conjuntos, pero no resolver su procedencia. Las peritos describen las joyas como piezas de fabricación comercial y de muy probable origen asiático, sin poder atribuirlas a un taller, una firma o un país concreto. Es en las propias piezas donde han encontrado una de las pistas que podría permitir avanzar en esa identificación.
Una misma marca en todas las piezas
El informe, al que ha tenido acceso Infobae, recoge la presencia de un punzón que se repite en las joyas examinadas. Se trata de una marca rectangular, con los extremos redondeados, en cuyo eje central aparece una T mayúscula de diseño particular, acompañada por un número 18 a su izquierda y una K a la derecha. Las expertas consideran que el grabado contiene dos elementos diferenciados. La inscripción 18K hace referencia a la ley del metal, correspondiente al oro de 18 quilates, mientras que la T podría remitir a la inicial del fabricante.
El detalle constituye uno de los principales elementos de la valoración identificativa. La repetición del mismo punzón en todas las piezas permite relacionarlas a través de una marca común, pero no basta para determinar quién las elaboró. El documento no identifica ninguna firma comercial ni atribuye el grabado a un joyero concreto. Las peritos reconocen que la información que ofrecen las marcas y los contrastes resulta escasa para establecer la procedencia de las joyas.
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Por eso, la T no funciona todavía como una firma descifrada, sino como una pista que podría orientar nuevas comprobaciones. Las expertas consideran que una “investigación exhaustiva a nivel internacional” permitiría profundizar en su significado y en la identidad de quien estampó la marca. El informe sostiene que ese punzonado “muy específico” constituye un elemento importante para la identificación y que podría conducir al fabricante de origen.
El rastro apunta a Asia
La búsqueda de una procedencia no se limita al grabado. Las expertas han analizado también las características técnicas de las piezas y los sistemas de identificación que, según el dictamen, se utilizan en distintos mercados joyeros. A partir de esos elementos, descartan como hipótesis determinados orígenes que asocian a requisitos más exigentes de identificación de la alta joyería, entre ellos los países europeos, Estados Unidos y los países árabes. En cambio, apuntan a territorios donde, a su juicio, los requisitos sobre marcas de identificación serían más permisivos. El informe menciona Tailandia, India, China, países de Asia central y Turquía, entre otras posibilidades.
La conclusión de Yanes es que las joyas son de “muy probable origen asiático”. Sin embargo, el documento no acredita que procedan de ninguno de esos países ni establece una ruta comercial que permita seguir su recorrido.
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La ausencia de una firma de joyero reconocida, la escasa información que ofrecen los punzones y las características de fabricación forman parte del razonamiento de las peritos. No se trata, por tanto, de una identificación geográfica cerrada, sino de una hipótesis técnica sobre su posible origen.
Un regalo del rey saudí que el informe no logra acreditar
La procedencia de las piezas adquiere relevancia por la explicación que ha ofrecido el expresidente del Gobierno. En un escrito presentado ante el juzgado el pasado 23 de septiembre, Zapatero aseguró que las joyas fueron un regalo “estrictamente personal” del entonces rey de Arabia Saudí, Abdalá bin Abdulaziz al Saud, durante la visita oficial del monarca a España en junio de 2007.
El análisis de Yanes introduce interrogantes sobre ese relato. La posible fabricación asiática y la valoración que hacen las expertas de los sistemas de identificación en los países árabes sitúan el origen de los conjuntos en el centro de la investigación. No obstante, el informe no demuestra quién entregó las joyas al expresidente ni permite concluir que el regalo que describe no se produjera. El lugar de fabricación, el establecimiento donde se comercializaron y la persona que las adquirió son cuestiones distintas, que la marca encontrada en las piezas no resuelve por sí sola.
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Tampoco la posible inicial del fabricante permite reconstruir quién fue su propietario antes de llegar a manos de Zapatero. Para ello sería necesario identificar al orfebre y, a partir de esa información, encontrar documentación comercial u otros elementos que permitan reconstruir la trazabilidad.
La ausencia de firma, certificados y estuches originales
El informe llama la atención sobre otra circunstancia: las joyas carecen de certificados de calidad e identidad, de sus estuches originales y de una firma reconocible de alta joyería. Las expertas consideran que esas ausencias resultan llamativas en piezas de semejante valor. “Cuando se adquieren este tipo de joyas, se hace en joyerías conocidas, con certificaciones, con estuchería y con marcas trazables que identifiquen al fabricante y a la firma comercial”, recoge el dictamen.
El documento también describe los tres conjuntos principales como piezas de fabricación comercial, con engastes que presentan irregularidades y soluciones de elaboración que, a juicio de las peritos, no corresponden a los estándares de una firma de alta joyería reconocida.
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La valoración económica asciende a 1.023.320 euros, frente a los 1.323.915 euros de la primera tasación realizada por Ansorena con la colaboración del Instituto Gemológico Español. La diferencia entre la primera y esta segunda es de 300.595 euros.
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