El sector del aceite de oliva afronta semanas decisivas. Las cooperativas alertan de que la caída de los precios en origen y el bloqueo de las compraventas están poniendo en peligro los ingresos de los agricultores, mientras el Ministerio de Agricultura mantiene pendiente la activación de un mecanismo para retirar temporalmente parte de la producción. Consideran que la intervención debería haberse puesto en marcha al comienzo de la campaña para evitar un deterioro mayor de las cotizaciones.
La reclamación la ha encabezado Rafael Sánchez de Puerta, presidente del sector de Aceite de Oliva de Cooperativas Agro-alimentarias de España y director general de Dcoop. Durante las jornadas técnicas nacionales celebradas este miércoles en Ciudad Real, el responsable ha expresado su malestar por la falta de avances, pese a que el ministro de Agricultura, Luis Planas, había anunciado que se daban las condiciones necesarias para activar la norma de comercialización.
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“No entendemos el retraso, la verdad”, ha lamentado Sánchez de Puerta, en declaraciones recogidas por Europa Press, que considera que esperar a disponer de nuevas previsiones de producción ha perjudicado al sector. Agricultura planteó aguardar hasta noviembre para confirmar el volumen de la cosecha, pero las cooperativas defienden que la decisión debía haberse tomado antes, cuando empezaba la campaña.
Un mecanismo para frenar la caída de los precios
La herramienta que reclama el sector está contemplada en la normativa comunitaria y permite regular temporalmente la oferta cuando existen desequilibrios en el mercado. Su aplicación facilitaría la inmovilización de una parte del aceite producido para reducir la presión de la oferta y favorecer una evolución más estable de las cotizaciones.
“Creíamos que era mucho mejor haberlo hecho en octubre cuando empezaba la campaña”, ha señalado el representante de Dcoop. A su juicio, anticipar la medida habría contribuido a contener el descenso de los precios en origen en un momento especialmente delicado para los productores.
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El retraso llega, además, cuando las expectativas de una cosecha abundante están condicionando las decisiones de compra. Los operadores temen que el aceite continúe abaratándose y aplazan sus operaciones a la espera de mejores condiciones, una dinámica que agrava la falta de actividad comercial.
El mercado se paraliza ante las expectativas de nuevas bajadas
Sánchez de Puerta ha descrito un escenario en el que las previsiones bajistas están frenando las transacciones, incluso cuando compradores y vendedores necesitan dar salida a sus existencias. “Cuando hay un mercado a la baja, nadie compra, porque todo el mundo piensa: ¿para qué voy a comprar hoy si mañana aspiro a que pueda estar más barato?”, ha explicado.
La falta de operaciones añade incertidumbre a la evolución de las cotizaciones y complica la planificación de las explotaciones, que necesitan ingresos suficientes para afrontar sus costes. Ante esta situación, el dirigente ha recomendado prudencia a los productores y ha cuestionado que se cierren ventas en un mercado sin compradores dispuestos a operar. “En estas circunstancias donde no hay quien compra, no debería de haber nadie vendiendo”, ha manifestado.
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Para evaluar la evolución del mercado, las cooperativas consideran imprescindible seguir los datos mensuales de comercialización, tanto en España como en las exportaciones. Estas cifras permitirán comprobar si la demanda absorbe la producción disponible y si las operaciones recuperan el ritmo necesario para estabilizar los precios.
Una cosecha mayor, pero con más presión sobre el agricultor
Las perspectivas de producción explican parte de la preocupación. España afronta la campaña 2026-2027 con una previsión de 1,6 millones de toneladas de aceite de oliva, un 23% más que en la campaña anterior, según el primer aforo del Ministerio de Agricultura.
El incremento previsto también será significativo en las principales regiones productoras. Andalucía podría alcanzar los 1,26 millones de toneladas, un 29% más, mientras que Castilla-La Mancha, segunda comunidad productora del país, espera obtener 152.500 toneladas, un aumento del 10%.
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Sin embargo, una cosecha mayor no garantiza mejores resultados económicos. Si el incremento de la oferta coincide con una demanda insuficiente y los precios continúan descendiendo, los agricultores pueden encontrarse con mayores volúmenes de producción, pero con ingresos menos favorables por cada kilo de aceite comercializado.
El olivar tradicional, el más expuesto
La presión sobre las cotizaciones afecta de manera desigual a los distintos modelos de explotación. Los olivares intensivos y en seto suelen alcanzar mayores niveles de productividad, mientras que las explotaciones tradicionales de secano afrontan costes que han aumentado considerablemente durante los últimos años.
Esta diferencia deja a los productores tradicionales en una posición más vulnerable cuando el precio del aceite baja. Sus menores rendimientos dificultan repartir los costes entre una mayor cantidad de producción, lo que reduce el margen disponible para mantener la actividad.
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Sánchez de Puerta ha advertido de que la combinación de cosecha abundante, descenso de los precios y costes elevados configura una “tormenta perfecta” para numerosos agricultores. El sector espera ahora que el Ministerio concrete si activará el mecanismo de regulación y cuándo lo hará, una decisión que las cooperativas consideran clave para evitar que la nueva campaña se traduzca en otra pérdida de rentabilidad para el campo.
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