La esperada llegada de don Felipe y doña Letizia a Ceuta ha regalado las estampas más cercanas y espontáneas de los reyes en lo que va de año. En su primera visita oficial a la ciudad autónoma desde la proclamación de Felipe VI, los monarcas han sido recibidos en olor de multitud por cientos de ciudadanos que han abarrotado las calles entre vivas a la Corona y una marea de banderas. Lejos del encorsetamiento habitual de las grandes ceremonias de Estado, la jornada ha estado marcada por la calidez y el contacto directo con la gente de a pie, que no ha dudado en buscar el saludo y la mirada cómplice de los soberanos en cada rincón del recorrido.
Tras esa primera oleada de entusiasmo popular en el centro de la ciudad, los reyes han puesto rumbo al colegio público Vicente Aleixandre, situado en el popular barrio de Manzanera. Allí, el protagonismo institucional ha cedido el testigo a la ilusión de los más pequeños. Cientos de vecinos y escolares aguardaban a las puertas del centro para dar una sonora bienvenida a don Felipe y doña Letizia, quienes no han dudado en saltarse las distancias de seguridad para estrechar manos, escuchar los cánticos de los estudiantes y dejarse envolver por una auténtica fiesta de juventud y afecto.
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La elección de este centro escolar no ha sido casual. El Vicente Aleixandre encarna la esencia diversa y multicultural de Ceuta, donde conviven diferentes comunidades religiosas y culturales en un mismo entorno educativo. La complicidad de los monarcas con los alumnos ha dejado imágenes para el recuerdo en una jornada que, tras este baño de inocencia y ternura, ha encarado su vertiente más conmovedora con el desplazamiento al cementerio musulmán de Sidi Embarek, donde ambos han querido honrar la memoria de quienes perdieron la vida en el mar.
La anécdota del bastón en el aula infantil
Nada más cruzar el umbral del colegio, el protocolo se ha disipado por completo. Doña Letizia, siempre atenta a los detalles pedagógicos y con ese instinto maternal que aflora de forma natural en cada visita escolar, se ha agachado en repetidas ocasiones para conversar cara a cara con los niños de menor edad. En un aula de tercero de infantil se ha vivido uno de los instantes más simpáticos de la jornada: los Reyes se han sentado en pequeñas sillas infantiles para compartir confidencias con los pequeños, quienes miraban fascinados a sus ilustres visitantes.
Entre preguntas inocentes sobre palacios y coronas, don Felipe ha tenido que responder a la curiosidad de los escolares, intrigados por el bastón de mando que llevaba consigo desde su parada matinal en el Ayuntamiento. Con una sonrisa espontánea y desmitificando la pompa regia, el monarca les ha explicado con total cercanía que el bastón no era suyo, sino que pertenecía al presidente de la ciudad, Juan Jesús Vivas. La escena ha desatado las risas cómplices de los profesores y de la propia reina, componiendo una estampa relajada y sumamente humana que refleja el lado más distendido de la Corona.
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El ‘look’ todoterreno de la reina Letizia
Para una jornada maratoniana donde tocaba agacharse a la altura de los pupitres y recorrer a pie las instalaciones escolares, la reina ha vuelto a hacer una auténtica demostración de estilo práctico y funcional. Fiel a su fórmula de éxito, doña Letizia ha apostado por un impecable traje de chaqueta de corte fluido y líneas limpias, una elección sobria pero luminosa que le permitía moverse con total libertad entre los pequeños sin perder un ápice de elegancia institucional. La elección del tejido y el patrón estructurado confirmaban su apuesta por la estética de oficina, equilibrando a la perfección la cercanía que exigía el entorno infantil con la solemnidad del resto de la agenda en la ciudad autónoma.
En el calzado, la reina ha priorizado la comodidad absoluta, renunciando a los tacones altos y decantándose por un modelo de suela sensata, ideal tanto para pisar el pavimento del colegio como para acompañar a los niños en el patio. El remate del estilismo ha estado marcado por la discreción en los accesorios: melena suelta con ondas naturales, un maquillaje de día muy fresco en tonos tierra y una selección mínima de joyas. Entre ellas no ha faltado su inseparable anillo grabado ni unos pendientes de aro sutiles, detalles comedidos pensados para no eclipsar el protagonismo de los niños ni desentonar con el sobrio tributo que los monarcas tenían programado justo después en el cementerio de Sidi Embarek.
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