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El gas vuelve a poner a Europa contra las cuerdas: el invierno amenaza con reavivar la inflación y provocar “otra crisis energética”

Su precio alcanza máximos de tres años mientras las reservas europeas están en el 65%. La competencia con Asia por el GNL puede tensionar aún más el mercado y hundir la competitividad de la industria del continente

Trabajadores de la terminal de gas natural licuado de Enagás en la Zona Franca de Barcelona. (Reuters/Albert Gea)

La subida del gas vuelve a encender las alarmas en Europa. Su precio ha escalado hasta rondar los 80 euros megavatio/hora, alcanzando máximos de tres años y por encima de las cotas que se dieron tras el estallido del conflicto entre EEUU e Irán la pasada primavera. Aunque todavía está lejos de los más de 300 euros por MWh que llegó a alcanzar en 2022, tras la invasión rusa de Ucrania, la trayectoria ascendente registrada desde comienzos de 2026 pone en jaque a la economía europea, ya que un gas más caro se traducirá en una subida de la inflación que obligaría al Banco Central Europeo (BCE) a subir los tipos de interés y encarecería el crédito y las hipotecas de las familias.

La evolución al alza del gas preocupa especialmente porque los precios actuales superan las hipótesis utilizadas por algunas instituciones para sus previsiones de inflación. Si la subida del gas se prolonga, el impacto puede trasladarse progresivamente al conjunto de la economía y obligar al BCE a mantener una política monetaria más restrictiva durante más tiempo. El riesgo es que el shock energético termine convirtiéndose en un problema de competitividad para las empresas europeas.

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A la presión sobre los precios se suma un mercado internacional de Gas Natural Licuado (GNL) especialmente tensionado. El estrecho de Ormuz, una de las principales vías de suministro energético mundial, no parece cerca de recuperar una situación estable.

Las tensiones entre Irán y Estados Unidos solo se relajaron temporalmente durante la tregua de junio. Pero en estos momentos las negociaciones permanecen bloqueadas. Antes del conflicto, por el estrecho circulaba alrededor del 20% del comercio mundial de GNL. La producción adicional de otras regiones ha permitido compensar aproximadamente el 75% del volumen perdido, según la Agencia Internacional de la Energía, pero sigue existiendo un déficit de oferta importante.

Ante esta evidencia, el secretario ejecutivo de ONU Cambio Climático, Simon Stiell, ha alertado esta semana de que, tras un verano “infernal”, Europa se enfrenta a una nueva crisis energética este invierno debido a su dependencia de los combustibles fósiles, lo que en su opinión es “el talón de Aquiles económico de Europa”.

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha avanzado este miércoles en el Congreso su intención de seguir acelerando el despliegue de la energía renovable en el país mediante el decreto ley para paliar las consecuencias económicas del conflicto en Irán (Congreso)

Un invierno con menos reservas y más competencia por el gas

El escenario para Europa se agrava por la situación de Catar, uno de los grandes proveedores mundiales de GNL. “Aunque el estrecho reabriera de forma duradera, la producción catarí seguiría estando obstaculizada durante varios meses al menos. De hecho, algunas instalaciones cruciales están inoperativas, sobre todo el complejo de Ras Laffan en Catar, la instalación de licuefacción de gas natural más grande del mundo. Es materialmente imposible que la actividad industrial pueda normalizarse a tiempo para el próximo invierno”, señala Alexis Bienvenu, gestor de fondos de La Financière de l’Échiquier.

Además, Europa afronta el otoño y el invierno con sus almacenes de gas por debajo de los niveles habituales. Según Gas Infrastructure Europe (GIE), las reservas se situaban a comienzos de septiembre en torno al 65% de su capacidad, frente a una media histórica cercana al 88% en estas fechas. “Se trata de una desviación considerable que augura un abastecimiento especialmente tenso este invierno”, advierte Bienvenu. La diferencia es significativa y anticipa un mercado especialmente sensible a cualquier problema adicional de suministro. En Alemania, una de las economías más dependientes del gas, la situación es todavía más delicada, debido a que sus reservas apenas superan el 50%.

Embarcaciones cerca del estrecho de Ormuz. (Stringer/Reuters)

Las causas del déficit

El déficit de gas acumulado responde a varios factores. Los precios elevados durante 2026 han reducido los incentivos económicos para llenar los almacenes, mientras que Europa compite con Asia por los cargamentos de GNL disponibles.

A ello se suma un verano especialmente cálido, que ha incrementado la demanda de gas para producir electricidad destinada a la climatización. Además, la meteorología podría volver a jugar en contra durante los próximos meses: el episodio de El Niño aumenta la probabilidad de una mayor demanda asiática de gas y podría intensificar la competencia internacional por los cargamentos.

Vista general de la terminal de gas natural licuado (GNL) de Enagás en la Zona Franca de Barcelona. (Albert Gea/Reuters)

Golpe para la industria europea

Una de las principales damnificadas por la subida del precio del gas es la industria europea. “Numerosos factores se han alineado actualmente a favor de un mercado gasista europeo muy tensionado este invierno, lo que probablemente provocará un repunte de la inflación y un descenso de la producción industrial”, vaticina Alexis Bienvenu. El experto prevé que algunas tecnologías y sectores, como la energía nuclear, las renovables, la electrificación o los productores estadounidenses de GNL pueden beneficiarse de este escenario. Al contrario que industrias intensivas en energía, como la química, los fertilizantes o la siderurgia, que afrontan, según el gestor de fondos, un nuevo incremento de costes cuando ya atraviesan dificultades.

En este contexto, la competitividad europea está en juego. Mientras Estados Unidos cuenta con un mercado gasista autosuficiente y precios energéticos más competitivos, Europa depende en gran medida del GNL importado. Si el diferencial de precios entre ambos lados del Atlántico se mantiene durante años, las industrias europeas podrían perder atractivo frente a sus competidoras estadounidenses.

“Con gran esfuerzo, Europa ha conseguido evitar la carestía energética desde 2022, pero nada garantiza que pueda luchar contra su desventaja industrial a medio plazo si el gas sigue estando anormalmente caro”, indica el gestor de fondos de La Financière de l’Échiquier. Advierte que, “con independencia de las temperaturas, el invierno se anuncia caliente desde un punto de vista energético y volverá a poner a prueba la competitividad europea”.

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